
Virasoro dijo que oyó voces conocidas durante su encierro
Investigan la vinculación de allegados El empresario dijo que fue liberado en Don Torcuato y que volvió a pie a su casa, en San Isidro Aseguró que estuvo encadenado y que sufrió un trato denigrante
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El jugador de rugby y empresario Federico Virasoro comenzó a dar ayer los primeros detalles de sus diez días de cautiverio. Sólo habló durante algunos minutos ante el juez federal de San Isidro Roberto Marquevich, ya que en sus primeras horas de libertad aún se encontraba conmocionado por las consecuencias del secuestro que comenzó el 28 de junio último y terminó anteanoche, un día después de que su familia pagó los 50.000 dólares exigidos por su rescate.
Fuentes judiciales confiaron a LA NACION que Virasoro sufrió un trato denigrante durante su cautiverio. El segunda línea del plantel superior del club de rugby Pueyrredón dijo al juez que lo mantuvieron siempre con los ojos vendados, encadenado y tapado con una manta de caballeriza, que le servían comida fría -que normalmente casi le era arrojada encima- y, según recuerda, al menos seis personas que siempre estaban con un perro de ataque se turnaron para vigilarlo en tres lugares de encierro.
Pero, principalmente, el empresario que desde hace un mes está al frente de la empresa de transporte marítimo Navisupe acercó a la pesquisa un dato relevante: varias de las voces que oyó durante su cautiverio le habrían resultado conocidas.
Esa revelación, sumada a otros indicios recogidos durante el cautiverio de Virasoro hace que, por estas horas, los detectives del caso no descarten la eventual vinculación en el secuestro de allegados al dirigente del club Pueyrredón, ya sea como entregadores o como partícipes directos del hecho.
Al respecto, detectives del caso recordaron que, cuando la familia pidió una prueba de vida, los secuestradores respondieron correctamente quiénes eran los cuatro rugbiers que habían acompañado a Virasoro en una gira por Australia.
Sin embargo, confiaron las fuentes, nada respondieron cuando se les formuló una pregunta que la esposa de Virasoro, María José, hizo respecto de la relación marital.
Entre otras cosas, Virasoro recordó ayer que mientras estuvo encerrado y con los ojos tapados escuchó recurrentemente sonido de aviones. Por eso, los investigadores presumen que el rugbier fue mantenido cautivo en algún lugar cercano a los aeródromos de San Fernando o de Don Torcuato, en el norte del conurbano.
Virasoro fue liberado más de 24 horas después de que se hiciera efectivo el pago del rescate. Precisamente, según recordó ayer, lo soltaron a las 21.30 de anteayer en un descampado de Don Torcuato, desde donde regresó a pie hasta su casa en La Horqueta, partido de San Isidro.
Una banda de expertos
Según confiaron fuentes de la causa a LA NACION, antes de pedir la suspensión de su declaración, a causa del cansancio psicológico producto del reciente cautiverio, Virasoro le acercó al juez Marquevich un último dato revelador: dijo que, por un pequeño espacio libre en la venda que tapaba sus ojos, pudo ver el piso de uno de los sitios donde estuvo encerrado.
La descripción que hizo, advirtieron los detectives, fue exactamente igual a la que a fines de mayo último hizo el empresario zinguero Claudio Stefanich, que estuvo secuestrado durante quince días y fue liberado en Ciudad Jardín, de El Palomar, luego de que sus captores bajaron su pretensión inicial de 200.000 dólares y aceptaron recibir los 50.000 que los familiares de la víctima dijeron que podían pagar.
Stefanich fue secuestrado en Villa Adelina, también en la zona norte del Gran Buenos Aires. A partir de este dato los investigadores presumen que la misma banda sería la autora de estos dos secuestros extorsivos.
En el caso de Stefanich, efectivos de la Delegación Departamental de Investigaciones de San Isidro detuvieron a varias personas por su eventual participación en el hecho. Y en el de Virasoro también hubo un detenido, que hoy será indagado por el juez Marquevich.
De confirmarse la vinculación entre ambos casos -según las fuentes- cobraría fuerza la hipótesis de que la banda que cometió ambos secuestros tendría una estructura de tipo celular, por lo que las eventuales detenciones de personas presuntamente dedicadas a vigilar a los cautivos o realizar el cobro de los rescates no llevarían directamente a los cerebros de la organización.
Ayer, fuentes de la investigación y el abogado de Virasoro, Alejandro Pérez Cárrega, dijeron que los secuestradores parecían -por su léxico y por su forma de actuar- una banda muy profesional y experimentada.
Mañana, según adelantó ayer Pérez Cárrega, Virasoro continuará su declaración. El juez Marquevich espera que el paso del tiempo aclare los recuerdos del rugbier para obtener nuevos indicios.
Una liberación demorada
En tanto, los investigadores de Delitos Complejos de la Policía Federal realizaron ayer varios allanamientos relacionados con el caso Virasoro. Aún se desconoce cuál fue el resultado de los procedimientos.
Los detectives no habían logrado comprender ayer por qué los secuestradores demoraron casi 26 horas en liberar a Virasoro tras haber obtenido el rescate reclamado.
Creen que la demora tendría relación con el fallido intento de cobro del viernes último, cuando un cobrador de la banda fue a buscar, al costado de las vías del tren, en Munro, la riñonera con el dinero arrojada por un amigo del empresario secuestrado.
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