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A más de dos meses de la muerte del anestesiólogo Alejandro Zalazar, una pregunta sigue abierta y atraviesa tanto la investigación judicial como el debate público: quién es la joven de cabello rubio que aparece en las cámaras de seguridad del edificio, junto a Chantal “Tati” Leclercq, en uno de los tramos más sensibles de la secuencia posterior al hallazgo del cuerpo y que, en un principio se afirmó que era Delfina “Fini” Lanusse.
La duda no surge de una especulación aislada, sino del propio material incorporado al expediente. Las imágenes de las cámaras del edificio existen, están fechadas y tienen registro horario; su alcance es preciso, aunque limitado. Muestran movimientos, accesos y desplazamientos, no identidades. Aun así, en las primeras reconstrucciones informales del caso, esa figura rubia fue asociada a Fini Lanusse, una de las imputadas en la causa por la sustracción de propofol del Hospital Italiano. La joven lo negó desde el primer momento. Con el paso del tiempo y el análisis más detallado de los horarios y de las constancias judiciales, esa identificación comenzó a ser puesta en duda.
Las cámaras a las que accedió LA NACION corresponden a dispositivos fijos ubicados en el acceso del edificio de Juncal 4622 —identificado en el expediente como CAM 20— y en el perímetro exterior. No tienen audio y fueron instaladas para registrar ingresos y egresos, no para permitir reconocimientos personales. Gracias a ellas se pudo reconstruir la secuencia completa desde la última vez que ingresó Zalazar a su departamento del tercer piso hasta el hallazgo de su cuerpo.
Las imágenes nocturnas que acompañan esta nota y forman parte del expediente son todas del jueves 19 de febrero y muestran siempre a Alejandro Zalazar. En esas tomas se lo ve con ropa deportiva acercándose solo al edificio, accionando la puerta de acceso, ingresando y luego desplazándose fuera del área inmediata. Ese registro fue clave para fijar el último ingreso con vida del anestesiólogo, a las 22.01, y forma parte de la reconstrucción ya publicada por LA NACION sobre las 18 horas y 49 minutos que transcurrieron hasta el hallazgo del cuerpo al día siguiente.

Las imágenes diurnas, en cambio, corresponden al viernes 20 de febrero por la tarde, luego de que se advirtiera que Zalazar no respondía mensajes ni llamados. Allí se observa la llegada de distintas personas al edificio, un breve control con personal de seguridad, la apertura de la reja metálica y el posterior desplazamiento fuera del punto de acceso. En dos de los tramos aparece Chantal Leclercq acompañada por otra persona de cabello claro y vestimenta clara, que luego se retira junto a ella. Es esa figura la que hoy concentra la duda. Entre otras cosas, porque ingresó sin objetos visibles en las manos y se retiró con un objeto oscuro de forma rectangular.

A partir de informes oficiales de cámaras y testimonios incorporados al expediente, se estableció cómo fueron las últimas horas de Zalazar: la salida al gimnasio, el regreso con un sobre en la mano, la ausencia total de movimientos durante la noche y la mañana siguiente, y la llegada de varias personas al edificio una vez que se decidió ingresar al departamento. También se fijaron los horarios posteriores: la llegada del SAME y de la Policía, los ingresos y egresos registrados y la permanencia de distintas personas dentro del departamento durante un lapso prolongado. Es dentro de ese tramo, que dura unas tres horas, donde las cámaras registran el ingreso y la salida de la mujer rubia junto a Leclercq.
En versiones iniciales, esa persona fue atribuida a Lanusse por sus características fisionómicas. Sin embargo, fuentes judiciales consultadas por LA NACION indicaron que esa identificación no está confirmada y que, hasta el momento, no existe un reconocimiento fehaciente que permita afirmar que se trate de la anestesióloga procesada en la otra causa. Las propias imágenes, por su calidad y encuadre, no permiten establecer una identidad concluyente.
A esa limitación técnica se suma un dato objetivo que tensiona la hipótesis inicial: los horarios. Según consta en actuaciones vinculadas a la causa por la sustracción de propofol, Lanusse se encontraba ese mismo viernes realizando un descargo ante la Asociación de Anestesia, Analgesia y Reanimación de Buenos Aires (Aaarba), en una sede situada en el barrio de Caballito. Ese trámite se desarrolló, de acuerdo con la información incorporada al expediente, entre las 15 y las 17, es decir, antes del horario en que las cámaras registran el ingreso y el posterior egreso de la mujer rubia junto a Leclercq.

Ese elemento fue presentado por el entorno de Lanusse como parte de su estrategia para descartar la presencia de Fini en el edificio en el momento que muestran las imágenes. La investigación prevé además la realización de pericias sobre antenas de telefonía celular, que permitirán establecer con mayor precisión la localización de los dispositivos en los momentos clave. Esa prueba todavía no fue producida, pero es considerada central para despejar la incógnita.
Hay otro dato que aporta contexto a la discusión: Lanusse no fue citada a declarar en la causa que investiga la muerte de Zalazar, tramitada como averiguación de muerte y que lleva adelante el fiscal Eduardo Cubría. Hasta el momento, su situación procesal se circunscribe a la causa por administración fraudulenta vinculada a la sustracción de anestésicos, un expediente distinto y paralelo por el que ya fue embargada en más de $30 millones.
En paralelo, y siempre según fuentes del expediente, existe la posibilidad de que la persona que aparece en las imágenes a las 17.35 y 18.35 sea otra profesional del mismo ámbito médico, también vinculada al entorno de Leclercq. Esa hipótesis se apoya en la similitud física, en la pertenencia a un mismo ámbito laboral y en el hecho de que varias médicas del mismo grupo declararon como testigos en la causa por la sustracción de anestésicos. Ese dato, sin embargo, no implica una identificación ni una imputación: forma parte de las líneas de análisis que la Justicia evalúa y explica por qué, a más de dos meses de los hechos, la pregunta sobre la identidad de la mujer que aparece en las cámaras sigue sin una respuesta definitiva.
El valor de las imágenes es indiscutible, pero también tiene límites claros por la calidad. Confirman que hubo ingresos y egresos en horarios específicos. Lo que no confirman es quiénes son esas personas, qué vínculo tienen entre sí o qué hicieron dentro del departamento. Además, varias de ellas no pudieron ser identificadas por la hermana de Zalzazar ya que no las conocía previamente al día del hecho.
Así, mientras avanzan dos expedientes paralelos, la figura de la mujer rubia registrada por las cámaras permanece como un interrogante.




