
Ya es ley el proyecto contra el hambre
Pese a los reclamos de los autores de la iniciativa popular, la norma no contempla una partida específica en el presupuesto 2003
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El proyecto El hambre más urgente, destinado a garantizar la alimentación básica y la atención sanitaria a los sectores más desprotegidos del país, ya es ley. El Senado lo sancionó ayer en la madrugada, en un debate en el que si bien predominó el consenso, hubo planteos respecto del financiamiento que deberá solventar el programa.
Pese a los reclamos de los autores de la iniciativa a los legisladores, el texto de la ley no contempla una partida específica y cuantificada que garantice los fondos necesarios que requiere el programa, como tampoco el presupuesto de 2003, que también fue aprobado ayer en el Senado.
En esta última norma sólo se menciona que el jefe de Gabinete estará obligado a reasignar partidas suficientes para financiar el proyecto, provenientes de otros planes sociales hoy en vigencia. Se enfatiza, además, que tales recursos serán intangibles.
Programa alimentario
La ley dispone la creación de un Programa Nacional Alimentario Nutricional, y se elaboró sobre la base de la iniciativa popular El hambre más urgente, que recogió más de un millón de firmas en todo el país. El texto fue redactado por Horacio Rodríguez Larreta (h.) y avalado por LA NACION, la Fundación Poder Ciudadano, la Red Solidaria y el periodista Luis Majul. También se contempló en la redacción final una quincena de otros proyectos.
La flamante ley apunta a garantizar la alimentación básica de los menores de 14 años, los discapacitados y las personas mayores de setenta años en condiciones de pobreza, aunque se prioriza la contención nutricional y de asistencia integral a menores de cinco años y embarazadas.
La coordinación del plan estará a cargo de una comisión nacional integrada por representantes de los ministerios de Salud, Desarrollo Social, Educación, Trabajo y Producción, y de organizaciones no gubernamentales. Esta comisión diseñará la estrategia para la instrumentación de un programa de educación alimentaria e incorpora los mecanismos de control necesarios que garanticen que los fondos sean destinados a la atención de los beneficiarios.
El debate
La ausencia de una partida específica destinada a solventar el plan constituyó uno de los puntos de mayor debate. En un intento por paliar esta carencia, la titular de la Comisión de Asistencia Social y Salud Pública, Mercedes Oviedo (PJ-Misiones), presentó un proyecto de comunicación -luego aprobado- en el cual sugiere al Poder Ejecutivo que "para una adecuada ejecución" se destinen al presupuesto del programa dos pesos diarios por beneficiario y que la suma "en ningún caso" sea inferior a un peso con cincuenta centavos diarios por beneficiario.
Además, la legisladora insistió en que en una primera etapa la atención del plan se focalice en los menores de cinco años y madres embarazadas, para así garantizar el debido financiamiento.
Sin embargo, esta comunicación que aprobó el Senado tiene sólo el valor de una sugerencia; será el Poder Ejecutivo el que decidirá la partida una vez que reglamente la ley.
Precisamente, esta puerta abierta que el Congreso delegó en el jefe de Gabinete -encargado de reestructurar las partidas respectivas- fue el eje del planteo del senador Raúl Baglini (UCR-Mendoza).
"El jefe de Gabinete puede realizar los doce trabajos de Hércules , pero milagros no hace. Por eso me gustaría conocer el número global, porque no puede crearse una ilusión respecto de un monto que luego no resulte posible conseguir", dijo.
A su turno, el senador Oscar Lamberto (PJ-Santa Fe) se mostró aún más escéptico (y crítico) en su discurso. "Como están los buenos que quieren erradicar el hambre, parece que hay que meterle para adelante , aunque eso signifique un circo que después no se pueda pagar -criticó-. ¿Cuál es el problema que tiene este proyecto? Que no cuenta todo lo que hay. No cuenta lo que hacen las iglesias, los organismos vecinales, los comedores de los colegios y demás."
"Este es el peligro de no cuantificar bien un programa de esta naturaleza -añadió-. Definir a quién llega, cuánto cuesta y cómo se paga. Y todos los ciudadanos que hoy están aportando para la comida de los niños van a dejar de hacerlo, porque si se hace cargo el Estado, para qué aportar."
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