
Bauhaus, la comunión del arte y la técnica
La escuela alemana, creada hace 80 años, dejó su sello en el diseño industrial de nuestro tiempo. Para sus ideólogos, los objetos de uso diario tienen que ser a la vez funcionales y estéticamente bellos. Del taller a la fábrica, y de allí a la Web.
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Fíjese a su alrededor: si tiene una silla con estructura tubular, una lámpara de líneas netas y hasta una tetera de diseño moderno, usted ya conoce a la Bauhaus, la escuela alemana que dejó su impronta en el diseño de este siglo.
Fue Walter Gropius, un arquitecto de fama incipiente del que hablaba todo el mundillo artístico de la Alemania de entreguerra, el que en 1919 liberó el Manifesto que sentaría las bases de una escuela lista para responder a las necesidades de su tiempo, con una consigna: "Arte y tecnología, una nueva unidad".
La escuadra de Gropius combinaba las voluntades industrialistas con la necesidad de responder a las urgencias sociales derivadas de la mecanización, y su misión última fue la de vincular de modo indisoluble los conceptos de funcionalidad y belleza artística. Llamaron Bauhaus a la escuela de Weimar que fundaron, que significa Casa en construcción . Y pusieron manos a la obra.
"Los artistas modernos deben familiarizarse con la ciencia y la economía, unificar la imaginación creativa con el conocimiento práctico del artesano, y así llegar a desarrollar un nuevo sentido del diseño funcional. Déjennos formar un gremio de creadores sin las arrogantes barreras que aíslan a los hombre del arte y los de la industria", rezaba el acta fundacional. (Más documentación en http://www.virginia.edu/~asmedia/german/bauhaus.html , y http://www.uiah.fi/presentation/history/ebauha.htm ) Los ideólogos del movimiento se plantearon tres metas iniciales: rescatar a las artes del aislamiento en el que cada una se encontraba, elevar el status de los objetos de uso y equipararlos con las tradicionalmente consideradas piezas de arte, y generar una sinergia entre la industria y el arte para que cada diseño nacido del rapto de inspiración y del estudio minucioso de los nuevos hombres Bauhaus pudiera ser vendido como prototipo para entrar en línea de producción.
La consecuencia de la propuesta fue estruendosa: el arte escapó del atelier e irrumpió en el taller, en la calle, en cada rincón de la casa. Todos los objetos fueron puestos bajo la lupa de estos alemanes, devenidos elementos de su investigación creativa. Así, los artistas multidisciplinarios -entre los que se contaban Paul Klee, Vassily Kandinsky y otros referentes bau , como Laszlo Moholy-Nagy, Josef Albers, Johannes Itten y Hannes Meyer- dieron a luz construcciones y artefactos con formas geométricas básicas como punto de partida, ornamentación medida y colores puros aplicados según teorías físicas y psicológicas del cromatismo, texturas diversas y materiales básicos en estudiada combinación.
Fueron breves, sin embargo, los tiempos de experimentación en los talleres de la Bauhaus. Los oficiales del partido nazi no tuvieron miramiento alguno con los disidentes embrionarios que poblaban la escuela, y el arte degenerado que allí se modelaba era un buen motivo para una clausura sin más demoras ni argumentos. Fue en abril de 1933. Algunos carros de policía se ocuparon de llevarse a los estudiantes del emblemático edificio de Dessau.
Aunque la escuela no dio más que una centena de graduados y vivió sólo dos décadas, su expansión hacia Estados Unidos garantizó larga vida a la Bauhaus. Su espíritu sigue vivo ochenta años después. En una lámpara, en la tetera, en aquel sillón.






