Cómo fueron los primeros pasos del palito para selfies, creado en 1983

Lejos de los actuales autorretratos tomados con el celular, la vara extensible fue una creación del japonés Hiroshi Ueda, un entusiasta de la fotografía y ex empleado de Minolta, tres décadas antes de la aparición de los smartphones
Una selfie de las vacaciones de Hiroshi Ueda tomada con el palo extensible que inventó en 1983
Una selfie de las vacaciones de Hiroshi Ueda tomada con el palo extensible que inventó en 1983 Crédito: Gentileza Hiroshi Ueda
Lejos de los actuales autorretratos tomados con el celular, la vara extensible fue una creación del japonés Hiroshi Ueda, un entusiasta de la fotografía y ex empleado de Minolta, tres décadas antes de la aparición de los smartphones
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27 de abril de 2015  • 20:48

El antepasado de los actuales selfie sticks, esos populares palos extensibles que permiten tomar autofotos, dio sus primeros pasos en el mercado japonés en 1983. Considerado un chindogu, como los nipones denominan a los curiosos y estrafalarios inventos sin utilidad alguna, la creación de Hiroshi Ueda, un entusiasta de la fotografía y ex empleado de Minolta, estuvo adelantada para su época.

"Mi idea fue prematura para el mercado de entonces. Tengo como 300 patentes, pero a esta la denomino el invento de las 3 de la mañana, llegó demasiado temprano", señala Ueda en una entrevista de la BBC. La idea del japonés comenzó en unas vacaciones con su esposa en Francia, cuando un chico al que le pidió que le tomara un retrato le robó la cámara.

Al principio, la idea de realizar una autofoto con un bastón no tuvo apoyo, pero el inventor logró convencer a la compañía. Su salida al mercado de la mano de Minolta no tuvo la recepción que ahora tienen los selfie sticks, pero eso no impidió que Ueda siguiera registrando sus vacaciones con su creación.

Estaba tan convencido de su invento que la registró en la oficina de patentes de Estados Unidos ese mismo año. Su vigencia expiró en 2003, cuando todavía no había salido al mercado toda la nueva generación de teléfonos inteligentes que inició el furor por las autofotos.

Su uso se tornó un riesgo para los museos europeos, que prohibieron el uso del brazo extensible para evitar un potencial daño a las obras de arte.

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