
Cómo ponerle un candado digital al Maletín
Mis experiencias con el Maletín de Windows generaron dos consultas muy interesantes. Una, si era posible crear archivos nuevos en el Maletín y que éstos se replicaran en la PC. La respuesta es afirmativa, siempre que se creen dentro de una carpeta previamente sincronizada. De otra manera, Windows no sabe contra qué comparar los contenidos del Maletín.
La otra pregunta era si se podía usar una clave para proteger los datos de ojos extraños, por ejemplo, ante la pérdida de la llave USB. El Maletín no ofrece encriptación de datos o bloqueo de acceso. El uso de permisos para acceder a una carpeta, nativo en XP, no puede traspasarse a la llave USB, ya que usa otro sistema de archivos.
La alternativa está en ponerle clave a los archivos, algo que puede hacerse sin mayores inconvenientes para documentos, planillas de cálculo y archivos comprimidos ZIP (dependerá del programa editor). También pueden usarse programas de encriptación de datos, como los freeware TrueCrypt ( www.truecrypt.org ) o Cryptainer ( www.cypherix.com ), pero deben estar instalados en la PC en la que se editarán los archivos.
Varios fabricantes de llaves USB ofrecen dispositivos que protegen los datos por hardware. Por ejemplo, Kingston tiene una línea de memorias USB, DataTraveler Elite, que encripta los datos que almacena en forma automática, ya que tiene un chip encriptador dentro de la carcasa. Lexar ofrece algo similar con sus memorias JumpDrive Secure II, que incluso incluyen una función para borrar por completo los datos almacenados allí, como política de protección de datos.
En circunstancias de uso normal, cuando se borra un archivo (de una memoria USB o un disco rígido, da lo mismo) no se eliminan sus datos, sino sólo la entrada en el índice general de archivos que permite llegar a él. De eso echan mano los programas capaces de recuperar archivos borrados por error.
Otra compañía, BioCert, fabrica memorias USB con un sensor biométrico (el ClipBio Pro, www.clipbio.com ): para desencriptar los datos y hacerlos legibles requiere leer las huellas digitales del dueño.
Como siempre que se habla de datos encriptados o protegidos por una contraseña, hay que tener en cuenta tres cosas: primero, el valor de usar una contraseña fuerte (de ocho caracteres o más, y que combine letras, números y símbolos) que no pueda deducirse. Segundo, que esa contraseña debe estar protegida, y no anotada en un lugar visible que pueda ser descubierto por alguien. Tercero, que como sin contraseña es imposible acceder a los datos en su formato original, es fundamental tener muchísimo cuidado al usar estas herramientas.




