Cómo viven quienes se consideran electrohipersensibles

Jean-Jacques vive cerca de Ambert, en Francia, alejado de cualquier dispositivo que genere un campo electromagnético
Jean-Jacques vive cerca de Ambert, en Francia, alejado de cualquier dispositivo que genere un campo electromagnético Fuente: AFP
Dicen que las ondas electromagnéticas les hacen daño; viven aislados en el medio del campo; para la Organización Mundial de la Salud, no hay una confirmación científica para sus afirmaciones, aunque reconoce la existencia de los síntomas
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14 de julio de 2015  • 00:46

Para contactarlos, hay que renunciar a Internet o al teléfono y dejar el móvil apagado en el coche antes de hacerles una visita: la gente como Emilie y Jean-Jacques, autodenominados eletrohipersensibles (EHS), sólo consiguen sobrevivir manteniéndose a distancia de las ondas electromagnéticas.

Tras los espesos muros de piedra de su casa sin electricidad, Emilie protege con burletes puertas y ventanas. Su único horizonte: las verdes colinas del macizo de Livradois-Forez, en el que se ha refugiado. Pero su equilibrio es precario. Cuando sus vecinos utilizan el smartphone o se conectan a Internet, ella debe refugiarse en el bosque cercano.

La vida de esta antigua arquitecta saltó en pedazos el día que, según cuenta, su cuerpo dejó de soportar las ondas emitidas por la tecnología moderna. "Empecé a tener dolores de cabeza muy violentos, náuseas, pérdida de motricidad. Notaba la presencia de antenas a dos kilómetros y perdía cabello a puñados", le explica a la agencia AFP esta madre de familia de 48 años.

Cada exposición le producía dolorosas contracciones de los músculos de las extremidades, pérdidas de memoria inmediata y problemas de concentración, así como vértigos, e incluso quemaduras en el cuerpo.

Según la OMS, la EHS no tiene criterios de diagnósticos claros y no existe una confirmación científica para vincular los síntomas con la exposición a los campos electromagnéticos

Jean-Jacques, que vive cerca de Emilie en un pequeño chalet de madera, tardó tiempo en poner nombre a sus males. Al no lograr una respuesta en Francia, debió viajar a diagnosticarse en Alemania. Desde entonces, su vida ha dado un vuelco. "Tenía una casa preciosa, cuatro hijos, un trabajo. Lo he perdido todo", explica este antiguo profesor de instituto.

Emilie y Jean-Jacques se consideran "bajo arresto domiciliario". "Como perros cuyo collar desata un choque eléctrico en cuanto pasan de cierto perímetro", explica Jean-Jacques, de 57 años. Su única salida semanal se limita al mercado de Ambert, a unos 15 kilómetros. Allí acuden con una capa o poncho con el que, dicen, se protegen de las radiaciones.

"Estamos abandonados por la Historia", lamenta Emilie, que denuncia la voluntad "criminal" del gobierno de extender la cobertura de la telefonía móvil a todo el territorio.

Qué dicen los expertos

Emilie y Jean-Jacques dicen que sufren cuando tienen un campo electromagnético cercano; para la OMS, no hay relación entre sus dolores y la cercanía de la tecnología eléctrica
Emilie y Jean-Jacques dicen que sufren cuando tienen un campo electromagnético cercano; para la OMS, no hay relación entre sus dolores y la cercanía de la tecnología eléctrica Fuente: AFP

El problema es quién cree que este trastorno es verdadero.

En 2013, un estudio alemán sugería la existencia del nocebo (una suerte de placebo inverso, o autosugestión) para quienes dicen detectar con su cuerpo las señales de Wi-Fi, aunque los estudios médicos que analizaron sus casos indiquen lo contrario.

"Estos problemas no son psiquiátricos, son muy reales", se defiende el presidente del Centro de Investigación e Información sobre Rayos Electromagnéticos (CRIIREM), Pierre Le Ruz, que los considera una "enfermedad de adaptación" a la evolución del entorno. "Nuestro tejido cerebral encierra magnetosomas, magnetos naturales, que reaccionan cuando pasamos por un campo eléctrico. Estos transmiten la información al cerebro. En ciertas personas, interpretará este signo como un estrés y liberará hormonas que pueden provocar problemas de comportamiento, e incluso enfermedades como leucemia, linfoma o tumores", agrega.

Pero en 2005 la Organización Mundial de la Salud informó que se habían realizado varios estudios confiables y que la mayoría indicaba que los pacientes con EHS no podían detectar campos electromagnéticos mejor que quienes no sufrían estas patologías. De hecho, encontró que no había correlato entre los síntomas y la presencia de un campo elecromagnético cercano, al tiempo que sugería que otros factores (condiciones psiquiátricas previas, estrés como resultado de preocuparse por el electromagnetismo, sensibilidad a factores indirectos como el parpadeo de una luz fluorescente) podían influir en la aparición de estas dolencias en los pacientes.

De hecho, la OMS indica que la EHS "está caracterizada por una variedad de síntomas no específicos que difieren de individuo a individuo. Los síntomas son ciertamente reales y pueden variar ampliamente en su severidad. Cualquiera sea su causa, la EHS puede ser un problema de incapacidad para la persona afectada. La EHS no tiene criterios de diagnósticos claros y no existe una base científica para vincular los síntomas de EHS con la exposición a los campos electromagnéticos. Además, la EHS no es un diagnóstico médico, ni es claro que represente un único problema médico."

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