
Conectando los puntos (Steve Jobs dixit)
1 minuto de lectura'
Año 1987. Apenas comenzaba mi carrera de cine en la escuela de Avellaneda. Tenía que comprar una computadora para escribir guiones y que me sirviera para algo más. Las ofertas de PC eran muchas pero todas me parecían lentas, limitadas, demasiado primitivas. Fue en aquel febrero que escuché por primera vez la siguiente frase "¿Y por qué no una Mac?". Claro que en aquel entonces, era muy difícil conseguirla en Buenos Aires. Algunos pocos tenían Mac. En su mayoria eran profesionales extranjeros que las habían traído como parte de su "mudanza" de trabajo en la Argentina, otros las conseguían a través de amigos que con mucha dificultad la pasaban por la aduana luego de inventar mil excusas que justifiquen tamaña movida.
A mi me costó un poco. Pero lo logré. Una flamante Mac SE. Y todo en mi vida comenzaba a girar en torno a "ella". Aun recuerdo el olor a "nuevo" de la Mac en su enorme caja colorida, repleta de manzanas arcoiris. Y los manuales del usuario súper fáciles de usar, los "calcos" coloridos (que aun siguen siendo tesoros invaluables), en fin... Y la Mac. Blanca. Sólida. Con una sonido de arranque unico "Chan". Toda una maquina en un solo cuerpo. Teclado y mouse y nada más. Diseño por dentro y por fuera. Y nunca se ¡"colgaba"!. Me enamoré de por vida. Y así empezó todo…
Año 1991. Mis días en el documental me llevaron a viajar mucho. No podía llevarme la Mac en la valija. Pensé muchas soluciones. Ninguna me servía. En Buenos Aires comenzaban a aparecer los primeros "Apple resellers". Necesitaba llevar mi entorno Mac a todos lados. Usarla con sol, frío, lluvia, nieve, viento y que sea confiable. Allí conocí a mi Mac PowerBook 170. Mi primera "Powerbook". Otra dimensión se abrió en mi vida. La Mac portátil era un sueño hecho realidad. Y una vez más, alguien había pensado en mí y en mi necesidad. Una máquina que era más que una simple máquina. Era el lugar donde podía soñar y diseñar tanto de lo que siempre soñé.
<b> Sólo un 5% de la población mundial usaba Mac. Eramos pocos. Los locos de la manzana </b>
En aquel entonces, la pelea Mac-PC era feroz. Los dueños de esas "máquinas-beiges-ruidosas-llenas de cables" decían que las Mac no tenían programas. Que eran cerradas. Que todo el mundo era PC. Y era cierto. Solo un 5% de la población mundial usaba Mac. Eramos pocos. Los locos de la manzana. Pero felices con nuestras máquinas. Que nos dejaban soñar y trabajar.
Año 1997. Ya tenía diez años en el mundo Mac. Conocía todos los secretos de las "maquinas más perfectas del mundo". Mi colección se había incrementado de forma gradual. Usaba mis Newton 120 y 130, las abuelas de las Palm, en cada nota que hacía. Imprimía mis documentos en impresoras láser que hoy dejarían boquiabierto a más de un usuario. Y llegó el momento de editar audio y video en casa. Las posibilidades eran pocas. Los sistemas apenas unos tres o cuatro. Y las máquinas.. las máquinas eran casi inalcanzables. Sistemas de edición no lineal caros que sólo podían vivir en las islas de edición de alguna productora exitosa. Entonces, Apple me volvió a dar una respuesta: la Power Macintosh 9500. Todo era posible. Audio y video. Se podía trabajar en casa en calidad y con un resultado final sorprendente. Una nueva forma de relacionarse con la imagen que era el resultado de una empresa que pensaba no sólo en sus productos sino también en sus usuarios. Sus "MacUsers". Y a pesar de que a Steve Jobs lo habían echado de la compañía que fundó, las Macs seguían siendo irremplazables. Un dato importante: en aquel año, la primera aparición de Jobs (en un keynote luego de su vuelta a Apple, ya que lo echaron y lo tuvieron que volver a llamar sino la compañía desaparecía para siempre) en sus clásicas presentaciones dejaba entrever que algo nuevo se estaba gestando… y claro que así fue…
Año 2007. A veinte años de mi primera Mac, el mundo de la manzana estaba presente en mi vida en todos los modos posibles. Ya tenía más de tres Powerbooks, tres iPods, dos iMacs y mi primer iPhone... el "señor de las manzanas" había diseñado un teléfono como el que todos queríamos tener. Una "aparato" que lograra unir todas las funcionalidades que el mundo digital podía ofrecer. Y se presentó en sociedad ese teléfono que revolucionó el mundo de las comunicaciones.
A veinte años de mi primera Mac, el mundo de la manzana estaba presente en mi vida en todos los modos posibles
Ya creía que había visto todo. Con mi teléfono en la mano, viendo videos, navegando por Internet y escuchando música todo era posible. Entonces, Steve volvió a marcar un nuevo hito digital: la iPad. Una tableta digital que podía llevarte mas allá de lo que te podías imaginar. Que cambió la manera de leer y navegar en Internet. Y todo el mundo, una vez más, comenzó a girar alrededor de una de las revoluciones mas impactantes del mundo. Una nueva era comenzaba. Y Steve fue su creador.
5 de Octubre de 2011 – 20.30
Acabo de enterarme de la muerte de Steve Jobs. Sabía que este momento iba a llegar. Las fotos que circulaban sobre su estado de salud y sus últimos días eran desalentadoras. Ayer nomás, Tim Cook, el heredero de los destinos de Apple acababa de anunciar el lanzamiento del iPhone 4s. El keynote sin Steve no fue lo mismo pero un cierto aire de "familia Apple" circuló por la presentación.
Una nueva era comenzaba. Y Steve fue su creador.
La muerte de Steve Jobs es la muerte de una era. Su muerte puede ser comparada a la de Leonardo da Vinci, Albert Einstein o Vincent Van Gogh. Murió el último poeta de la tecnología y un gran hombre de negocios que supo entender el deseo de millones de usuarios. Steve Jobs diseñó el futuro con la contundencia del presente. En el universo "tech" se podrá decir que "éste o aquel suceso" fue A.S.J o D.S.J, antes o después de Steve Jobs. El hombre que adelantó el futuro pensando en el presente. Se lo va a extrañar mucho.
5 de Octubre de 2011 – 23:15
Termino esta crónica, escrita en mi MacBook Pro. Y recuerdo aquellos primeros días de mi Mac SE. Pienso. Un buen homenaje a este tipo que tanta felicidad tecnológica me ha dado es prender aquella vieja Mac que aun reposa en mi estudio. Toco el botón del power. ¡Chan!... me sonríe la pequeña Mac del monitor blanco y negro de nueve pulgadas. La máquina está booteando. Y prendo la Powerbook 170. Y la 9500 y la powerbook G3. Y la iMac azul bondi. Y la iMac de 21. Todas encienden. Ninguna se cuelga. Las diez Macs funcionan igual que el primer día que las tuve. Impecables. Hermosas.
La muerte de Steve Jobs es la muerte de una era. Su muerte puede ser comparada a la de Leonardo da Vinci
Me asomo a la ventana. El cielo estrellado me hace pensar qué será de nuestras almas cuando la vida nos haga "shut down"... no lo sé... manejo muchas teorías... pero si mi cielo es la plenitud de mi vida vivida en la tierra, allí estaré en una iCloud eterna, rodeado de manzanas coloridas y con la mirada de Steve, vestido de remera negra y jeans, sonriendo y diciendo: "Hoy les traigo excelentes noticias que no puedo dejar de compartir con ustedes". Y seguro así va a ser.
Martín Jáuregui






