Habla Simon Tofield, autor de Simon's Cat

Ariel Torres
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11 de febrero de 2012  

"No son más silenciosos los espejos", dijo Borges de los gatos. Los que amamos y convivimos con estos pequeños felinos sabemos cuán cierto es este célebre verso, tanto como lo es la sonora persistencia de sus reclamos, sus cacofónicas y feroces batallas, y sus operísticos amoríos nocturnos.

Siempre he creído que son liminares los gatos, existen en el umbral entre dos mundos, una parte de ellos está aquí, pero la otra, no. No del todo, digamos. En la película Constantine , ópera prima de Francis Lawrence, el protagonista explica que los gatos están en contacto con el más allá. No me asombraría, mire.

Tal vez por sus eternas dualidades detestan las puertas cerradas, y cuando finalmente concedamos en dejárselas abiertas (no hay más remedio), ellos se recostarán en el umbral, habitando dos cuartos a la vez.

Son animales domésticos, sí, pero hasta ahí. Sin exagerar. Aprueban nuestra presencia, eso es todo, y si invertimos años en cultivar su amistad se regocijarán de tenernos cerca. A su manera, eso sí. Porque de todas las mascotas, ninguna está más cerca de la versión original, salvaje, indómita. Por eso confunden tanto.

Llevan siglos confundiéndonos. Idolatrado por los antiguos egipcios, perseguido en la Edad Media, el gato doméstico sigue siendo amado y aborrecido. Peor todavía, en una reunión el minino sabrá reconocer a ese amigo nuestro que no soporta a los gatos , y se le sentará en el regazo mirándolo con ojos soñadores.

Su doble vida excede la mera leyenda urbana; es un hecho. Podrá pasarse horas vigilando su medianera en noches heladas para luego chamuscarse los bigotes pegado a la estufa. Suave, cortés y sensual, brincará del ronroneo al zarpazo en un instante, si considera que nuestra caricia ha transgredido vaya uno a saber qué códigos. Lejos de arrepentirse de su fulminante agresión, nos mirará todavía con cara de indignación, como diciendo "¡insolente!".

Son, sobre todo, complejos. Es cierto que un gato no obedecerá jamás una orden y que le importa un rábano congraciarse, mostrar agradecimiento o de alguna otra forma rendir su independencia por una escudilla de alimento balanceado. No saltará en nuestra defensa si nos vemos en aprietos ni demostrará la más mínima emoción (no significa que no la sienta) cuando regresamos de un viaje. Por el contrario, en el reencuentro es posible que, si no nos ignora cabalmente, nos obsequie con una mirada que parece significar: Ah, por fin te dignaste a aparecer.

Pero aunque todas estas cosas son ciertas, la personalidad del pequeño felino tiene muchas capas y rehuye la simplificación, hoy tan de moda. Depredadores eximios, son formidables detectando patrones de conducta. Por eso descubre que nos vamos de viaje con una semana de antelación, y por eso se instala sobre la valija tan pronto la sacamos del armario. Además, el gato detesta que sus rutinas se vean perturbadas.

Al regreso del viaje, cuando, desalentados, miramos desde nuestro sillón favorito a esa mascota bella y tersa pero, creemos, tan carente de emociones como una persiana, el gato vendrá entonces, feliz, a nuestro regazo, ronroneando. Ahora que la rutina diaria está de regreso y el bípedo ruidoso se encuentra de nuevo donde debe estar, puede dar rienda suelta a su afecto. Es su forma de comunicarnos, sin estridencias, que se alegra de vernos.

Esta complejidad, que apenas rozo aquí, hace del gato el incomprendido perfecto. Se dicen de él toda clase de zonceras como si fueran verdades irrefutables. Que son egoístas, traicioneros, fríos, calculadores y distantes. Los que tenemos un gato no podemos demostrar lo contrario, porque el minino, fiel a sí mismo y al misterio que le han encargado resguardar, o bien se esconde cuando llegan visitas o bien las observa desde algún lugar alto con ojos imperturbables, como si se tratase de microbios.

Así que no intentaré destronar esos mitos. Sé por la experiencia de toda una vida que los gatos son afectuosos, leales, comunicativos, atentos e increíblemente valientes. Lo único que en verdad ocurre es que no son obsecuentes. Y eso es demasiado para muchas personas.

Éxito inesperado

Quien conoce muy bien la compleja personalidad gatuna es el ilustrador y animador inglés Simon Tofield. Su serie de videos Simon's Cat es una institución en Internet, sobre todo en las redes sociales. Ha sido visto millones de veces en YouTube ( www.youtube.com/simonscat ), tiene casi 600.000 fanáticos en Facebook ( www.facebook.com/simonscat) , y sus tres libros han vendido alrededor de un millón de ejemplares. Este éxito fenomenal se basa en algo que todos los dueños de gatos (esto es un oxímoron, pero bueno) advertimos instantáneamente en el trabajo de Tofield: no toca de oído, sabe del tema, es #catperson .

Conocí Simon's Cat hace –calculo– un par de años. Alguien me pasó el link a uno de sus videos, y fue amor a primera vista. De hecho, me quedé convencido de que la serie existía desde hacía mucho y que era obra de todo un equipo de producción. Fui por más, pero me llamó la atención que la oferta fuera tan limitada. Con los meses descubriría que esas geniales películas eran obra de un solo individuo (con la ayuda de un sonidista), y que la serie había nacido por casualidad en 2008.

Ese año Simon Tofield se puso a aprender a animar en Flash . Creó, como parte de su entrenamiento, un primer video inspirado en su gato Hugh tratando de despertarlo por la mañana ( www.simonscat.com/Films/Cat-Man-Do/ ). El resultado fue muy bueno, así que lo incluyó en el portfolio que enviaba a sus potenciales clientes. Por entonces, trabajaba como director en un estudio londinense llamado Tandem, que colocó la película en su sitio Web, como una forma de mostrar lo que sus talentos podían hacer. Entonces ocurrió algo inesperado. Del sitio de Tandem lo tomó, sin autorización, alguien –nunca supieron quién– que lo subió a YouTube. En pocas semanas había pasado las 3 millones de vistas y, como suele ocurrir en la Red, se replicaba sin límite, veloz y viralmente.

Cuando Tofield supo de esto se dio cuenta de que había, quizá, logrado algo, bautizó la serie El gato de Simon (Simon's Cat) y se puso a preparar el siguiente video. Con los meses, esa primera película de aprendizaje, que a mi juicio sigue siendo una de las mejores del inventario, daría origen no sólo a una fiel comunidad online, sino también a una empresa que hoy vende hasta merchandising.

Después de la vez número 1000 que alguien me pasó un video de Simon's Cat por Twitter me di cuenta de que tenía ganas de hacerle un montón de preguntas a Tofield, como posiblemente le pasaba a sus otros fans, y me puse en contacto con él. No nos equivocábamos: tiene cuatro gatos –ninguno de raza; tres de ellos rescatados–, que son la inspiración para sus videos. Es también una persona profundamente agradecida con la comunidad online que lo ha llevado al éxito. Aquí van sus respuestas.

Expresión y calma

–Simon's Cat está lleno de sutiles detalles que sólo una persona que ama los gatos conoce y reconoce. Supongo que pasás mucho tiempo observándolos, ¿no?

–La mayor parte de lo que pasa en las películas y en los libros está inspirada por mi vida con los gatos. Afortunadamente, no tengo que hacer un esfuerzo particular para observarlos porque están alrededor mío todo el tiempo.

–Sabemos que tenés cuatro gatos. ¿Cómo llegaron a tu casa?

–Comparto mi vida con cuatro gatos: Teddy, que es el más joven; Hugh, Maisy y Jess, que es el más viejo. Ninguno es un gato con pedigree, son todos del tipo que aquí en Inglaterra llamamos moggies , es decir, de raza indeterminada. Teddy, Hugh y Jess son, además, gatos rescatados.

–¿Por qué te parecen tan atractivos los gatos?

–Como animador, encuentro que son los modelos perfectos. No necesitan hablar porque su lenguaje corporal es muy elocuente. Son animales muy expresivos. Y como dueño, encuentro que los gatos me dan mucha calma.

–En tu sitio contás que usás Flash y una tableta Wacom (¿qué modelo?), y que animás de la manera tradicional, es decir, cuadro por cuadro. Ahora, ¿cómo es el proceso completo de producción y cuánto tiempo te toma hacer una película?

–Todavía trabajo con una vieja Intuos 3 de Wacom, que creo es lo mejor para mi estilo de animación cuadro por cuadro. Tiendo a empezar cada película con un boceto muy general de la historia en papel, estos bocetos funcionan como mis notas, y las tengo a mano cuando paso a la computadora para dibujar directamente en Flash . Dibujo todos los cuadros, uno por uno, con eso quiero decir que normalmente no uso fotogramas clave ( keyframes ) en mis películas. En cuanto al tiempo de producción, los videos tienen diferentes extensiones, pero si te tuviera que decir un promedio de lo que me lleva completar uno, te diría que lleva siete semanas de animación y otra más para el sonido.

–¿Cuánta gente trabaja hoy en una película?

–Al principio éramos sólo yo y Russell (Russell Pay, diseñador de sonido). Russell mezcla el foley , es decir, los sonidos de fondo, y también compone la música. Recientemente, he estado tan ocupado que he tenido que entrenar a otros animadores para que animen bajo mi dirección. Pero siempre es un solo animador en cada film.

(A propósito, no traduzco la palabra foley porque, en rigor, es un apellido: http://en.wikipedia.org/wiki/Jack_Foley_(sound_effects) . Otra cosa: quien hace los sonidos gatunos en la serie es el propio Simon. En este video de la editorial que publica sus libros pueden verlo grabando el audio – www.youtube.com/watch?v=_ZAazAOshe0 – a partir del minuto 1,52. Russell Pay es el fundador de la compañía Shrooty, que es la que aparece en los créditos de los videos.)

–No es precisamente fácil animar cuadro por cuadro, ¿cuál es tu formación, tus antecedentes y tu carrera antes de Simon's Cat ?

–Siempre me gustó dibujar, desde que era chico me lo pasaba dibujando caricaturas y tiras cómicas para mis amigos, y creando mis propios personajes. Luego estudié ilustración en la Universidad y tuve la fortuna de encontrar un empleo como animador cuando me gradué. Antes de Simon's Cat pasé 20 años como animador y director freelance. Normalmente hacía animaciones para avisos de TV, aunque también trabajé en cortometrajes.

–Así que todavía usás lápiz y papel.

–Soy de la generación de animadores que todavía hacían todo a mano, sin computadoras, de modo que me siento más cómodo con lápiz o marcador que con una máquina. Todos mis bocetos son hechos con marcador, y todo el trabajo para mis libros lo hago con lápiz o marcador.

No obstante, las computadoras están por todas partes en el trabajo de Tofield, no sólo para crear la animación, sino también para grabar y mezclar los sonidos.

–¿Windows, Mac o ambos?

–Realmente no le presto atención a si es Windows o Mac. Sin embargo, las computadoras que tenemos en el estudio son casi todas máquinas con Windows.

–¿Trabajás en tu casa o el gato de Simon tiene hoy su propio estudio?

–Eso depende de lo que esté haciendo. Si estoy trabajando en los libros, me gusta estar rodeado de mis gatos. Es genial tenerlos cerca cuando necesito inspiración. Cuando trabajo en las películas, animo en el estudio de Simon's Cat.

–Algunas de tus ilustraciones son a color. ¿Tenés intención de ponerle color alguna vez también a las películas?

–Por el momento, quiero que los videos sigan siendo en blanco y negro. Me gusta la simplicidad que eso les da, y creo que a la audiencia también le gusta.

–¿Cuánto creés que Internet y las redes sociales han contribuido a la popularidad de Simon's Cat ?

–Las redes sociales son definitivamente una ayuda inmensa para Simon's Cat . Nuestro canal en YouTube tiene 760.000 suscriptores. En Facebook, 579.000 fans. Son números enormes para una serie tan nueva y con un número tan pequeño de películas. Me siento de verdad muy agradecido por el apoyo, y por el que esos fans sigan ayudando a difundir la serie. Aparte de mi trabajo online, ya tengo tres libros de Simon's Cat publicados. Internacionalmente, las ventas totales son de más o menos un millón de ejemplares. Antes de crear Simon's Cat siempre había albergado la ambición de publicar mi propio libro de ilustraciones, pero no tenía idea de cómo convertir esto en una realidad. Gracias a las películas fui descubierto por los editores y eso me permitió cumplir mi sueño.

–¿Cómo te está yendo con el merchandising?

–Muy bien. La tienda online de Simon's Cat es extremadamente popular y llegan órdenes de compra de todas partes del mundo. Como negocio la serie tiene licencias en muchos países.

–¿Podrían venir a la Argentina?

–Me encantaría visitar la Argentina, trato de ir a tantos países como pueda, pero eso depende de cuántos libros y películas tenga que hacer. En cuanto a la franquicia, si hay interés, estaríamos encantados de hablar.

***

Es obvio que, casi de un día para el otro, su propia creación obligó a este artista de 40 años que ama la campiña inglesa y suele ir a largas caminatas para estudiar la vida salvaje a dar un golpe de timón. También es cierto que se adaptó rápidamente a su nueva existencia, y sin que se le subieran los humos a la cabeza.

–¿Cuánto te ha cambiado la vida el éxito de Simon's Cat ?

–Mi vida no ha cambiado mucho, en realidad. ¡La mayor diferencia es que ahora tengo que trabajar mucho más duro! Pero amo lo que estoy haciendo y estoy profundamente agradecido por el apoyo que la gente me ha dado, un apoyo que me permitió hacer realidad mis ambiciones como animador y artista.

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