
El fármaco rentosertib, creado con ayuda de una IA para tratar la fibrosis pulmonar idiopática, muestra un efecto prometedor en seis relojes biológicos que miden la edad del cuerpo
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El año pasado, un ensayo clínico realizado por Insilico Medicine, una empresa que busca acelerar el descubrimiento de fármacos mediante inteligencia artificial, indicó que uno de sus candidatos a medicamento podría ayudar a tratar a pacientes que padecen una enfermedad pulmonar crónica.
Ahora, la compañía sostiene que los datos de ese mismo ensayo clínico muestran una posibilidad más intrigante: que el medicamento también podría frenar el proceso de envejecimiento.
La estructura molecular del fármaco, llamado rentosertib, fue generada con la ayuda de la IA. Los resultados del nuevo estudio, publicados este lunes en la revista Nature Biotechnology, muestran que el medicamento redujo los marcadores biológicos de la edad según lo medido por seis «relojes de envejecimiento», un tipo diferente de tecnología de IA diseñada para predecir la morbilidad y mortalidad de una persona.
Este elaborado ensayo clínico es un hito en el esfuerzo generalizado por mejorar la atención médica utilizando las mismas técnicas de IA que sustentan a chatbots populares como ChatGPT y generadores de imágenes como Midjourney. Insilico es solo una de las muchas startups, gigantes tecnológicos y laboratorios académicos que trabajan para acelerar el descubrimiento de fármacos y perfeccionar otras tareas médicas con la ayuda de estos métodos.
El reciente auge de los relojes de envejecimiento está impulsando estos esfuerzos más allá de los tratamientos a corto plazo, llevándolos al terreno de la investigación sobre la longevidad. Estos sistemas estiman cuán rápido está envejeciendo el cuerpo de una persona, o incluso qué tan rápido están envejeciendo órganos individuales en comparación con el resto del cuerpo. Sin embargo, los científicos continúan debatiendo cuánta información útil son capaces de aportar estos llamados relojes.
Aunque el ensayo clínico de Insilico muestra el potencial de varias técnicas de IA, su candidato a medicamento aún podría estar a años de distancia de recibir la aprobación regulatoria, incluso para su uso en pacientes enfermos. Además, la empresa todavía no ha probado sus efectos antienvejecimiento en pacientes sanos.
“Este fármaco parece prometedor”, afirmó Eric Topol, cardiólogo y autor del libro Super Agers. “Pero aún no disponemos de un ensayo definitivo para emitir un juicio final”.
Insilico comenzó a explorar la nueva ola de tecnologías de IA hace más de una década. Fundada en 2014 por Alex Zhavoronkov, un matemático, físico y biotecnólogo letón-canadiense, la empresa estuvo entre los primeros intentos de agilizar el descubrimiento de fármacos mediante el uso de las llamadas redes neuronales.
Utilizando técnicas similares a las empleadas para entrenar sistemas de IA como ChatGPT, Insilico creó primero un modelo para analizar un enorme conjunto de datos que abarcaba historias clínicas de miles de pacientes; análisis de sangre que describían las proteínas microscópicas creadas dentro de sus cuerpos; y un sinfín de artículos académicos que detallaban los efectos de estas proteínas. Con este sistema, la compañía intenta identificar proteínas específicas que provocan afecciones y enfermedades.
Posteriormente, Insilico desarrolló un segundo sistema que analiza grandes volúmenes de datos sobre la forma física de las proteínas y la manera en que estos diminutos mecanismos biológicos se unen a otras moléculas. Este sistema está diseñado para generar moléculas completamente nuevas capaces de unirse a un objetivo farmacológico específico y neutralizar sus efectos.
“Es como escanear una cerradura y generar una llave que encaje en ella”, explicó el Dr. Zhavoronkov en una entrevista.
Así fue como él y su empresa desarrollaron el rentosertib, destinado a tratar una enfermedad llamada fibrosis pulmonar idiopática, o FPI. Conocida a veces como “el alzhéimer de los pulmones”, la FPI es una enfermedad crónica que engrosa y cicatriza el tejido pulmonar, reduciendo su capacidad para transportar oxígeno al torrente sanguíneo. Esta afección puede provocar la muerte, incluso en cuestión de pocos años.
El año pasado, a través de su ensayo clínico, Insilico demostró que su candidato a fármaco podía aumentar de forma significativa la capacidad de aire dentro de los pulmones de los pacientes con FPI. Pero eso era solo una parte del ensayo. El Dr. Zhavoronkov señaló que su empresa también diseñó el medicamento en un esfuerzo por extender, en términos generales, la esperanza de vida del paciente.
De forma independiente a las pruebas relacionadas con la FPI, el ensayo utilizó seis relojes de envejecimiento para medir los marcadores de la edad en los pacientes, tanto antes como después del tratamiento con el fármaco. Entre los 43 pacientes que participaron en el estudio, los relojes —que en esencia intentan predecir la edad de una persona basándose en mediciones de qué tan bien funcionan sus células, tejidos u órganos— mostraron reducciones significativas en la edad predicha.
Cada reloj se basa en un análisis distinto de esos marcadores, lo que arroja una predicción diferente. Durante el ensayo, los seis relojes mostraron una reducción en la edad estimada después de que los pacientes tomaron el fármaco durante 12 semanas.
“Este es el primer estudio que demuestra, de forma muy clara, que la edad biológica predicha se puede reducir”, afirmó Vadim Gladyshev, profesor de la Escuela de Medicina de Harvard que ayudó a crear uno de estos relojes de envejecimiento.
Sin embargo, reconoció que el estudio dista mucho de ser concluyente, señalando que el tamaño de la muestra era pequeño y que los relojes de envejecimiento no siempre son fiables. Lo más destacable es que el fármaco de Insilico aún no se ha probado en pacientes sanos: dado que la empresa realizó su ensayo clínico únicamente con pacientes con FPI, los resultados podrían ser exclusivos de quienes padecen esta condición particular.
No obstante, algunos expertos creen que el elaborado estudio de Insilico podría servir como modelo para futuras investigaciones sobre la longevidad.
“Estos son los métodos que utilizaremos en futuros ensayos”, afirmó Evelyne Bischof, profesora de medicina en la Universidad de Tel Aviv especializada en longevidad.
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