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Ecología

En el Ártico. La bóveda subterránea que atesora todas las semillas del mundo

Mariana Otero
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13 de julio de 2020  • 15:21

Svalbard Global Seed Vault queda en el remoto archipiélago noruego del mismo nombre y resguarda el patrimonio vegetal de la humanidad. Es una bóveda de seguridad que contiene casi un millón de semillas y más de 12.000 años de historia.

Hace años las semillas se conservaban en tubos de vidrio.
Hace años las semillas se conservaban en tubos de vidrio. Crédito: Svalbard Global Seed Vault/Riccardo Gangale

En una montaña del Ártico de una isla noruega y a 1.400 km del Polo Norte, late la esperanza del planeta: un banco de semillas que conserva la diversidad genética de las plantas comestibles de casi todo el mundo. La Bóveda de Semillas de Svalbard está cerca de Longyearbyen, la última ciudad al norte del globo terráqueo. Es uno de los lugares más inhóspitos, donde las temperaturas en verano no superan los cinco grados.

La Bóveda de Semillas de Svalbard está cerca de Longyearbyen, la última ciudad al norte del planeta.
La Bóveda de Semillas de Svalbard está cerca de Longyearbyen, la última ciudad al norte del planeta. Crédito: Svalbard Global Seed Vault

La bóveda acoge al banco de germoplasma universal, un almacén de seguridad que resguarda el 40% de la diversidad alimentaria y custodia casi un millón de semillas de 5.128 especies de 233 países. Su contenido es nada menos que el testimonio más palpable de los 12.000 años de la historia agrícola de la humanidad.

Los camiones hacen esfuerzos para llegar hasta el banco de semillas.
Los camiones hacen esfuerzos para llegar hasta el banco de semillas. Crédito: Svalbard Global Seed Vault/Matthias Heyde

El ADN del planeta está registrado en esa bóveda. El mayor número de semillas almacenadas son variedades de cultivos de arroz, trigo y cebada. Las cifras de la diversidad son apabullantes: más de 150.000 muestras diferentes de trigo y arroz, y cerca de 80.000 de cebada. Unas 50.000 variedades de sorgo, 40.000 especies de frijol Phaseolus, cerca de 35.000 de maíz y alrededor de 25.000 de soja, entre tantas otras. En Svalbard, no se guardan semillas creadas de forma artificial, como las que patentan y venden las grandes compañías.

En el aeropuerto de Longyearbyen, el trabajo del personal de seguridad.
En el aeropuerto de Longyearbyen, el trabajo del personal de seguridad. Crédito: Svalbard Global Seed Vault/Matthias Heyde

El búnker

El túnel de acero de 130 metros por dónde se accede a las cámaras refrigeradas del banco.
El túnel de acero de 130 metros por dónde se accede a las cámaras refrigeradas del banco. Crédito: Svalbard Global Seed Vault/Riccardo Gangale

La bóveda es un tipo de búnker construido para resistir el paso del tiempo y los eventuales desastres naturales o provocados por el hombre. Las instalaciones se levantan sobre una enorme estructura de hormigón edificada con el propósito de "almacén seguro". Si bien es cierto que en un principio se evaluó la posibilidad de utilizar las instalaciones de la mina de carbón de Longyearbyen, esa idea quedó descartada porque suponía la presencia de gases de hidrocarburos que atentaban contra la seguridad de la iniciativa.

El interior de este almacén de seguridad que resguarda el 40% de la diversidad alimentaria.
El interior de este almacén de seguridad que resguarda el 40% de la diversidad alimentaria. Crédito: Svalbard Global Seed Vault

El sitio elegido, en cambio, fue la ladera de una montaña de permafrost, sólida y virgen, en la isla de Spitsbergen, archipiélago de Svalbard, a mitad de camino entre Noruega y el Polo Norte. Es una fortaleza antisísmica e impenetrable a la actividad volcánica y a la radiación, que cuenta con un enfriamiento adicional para reducir la temperatura a -18 ºC. En caso de un colapso energético, el útero de la montaña congelada protegería las semillas sólo con su temperatura ambiente, que nunca supera los 5 ºC.

El viento es una de las problemáticas climáticas de la zona.
El viento es una de las problemáticas climáticas de la zona. Crédito: Svalbard Global Seed Vault/Matthias Heyde

La seguridad y el mantenimiento se controlan de manera remota y únicamente circulan los trabajadores. No se reciben visitantes. No obstante, los turistas suelen llegar hasta el portal rectangular de la entrada para tomarse una selfie con Perpetual Repercussion, la obra de arte del ingreso que se ha convertido en un ícono global. La creación de la artista noruega Dyveke Sanne juega con las luces árticas, mediante la combinación de acero inoxidable, espejos y prismas cortados en triángulos de varios tamaños para reflejar el sol de medianoche en verano y hacer lo propio en la noche polar, con una red de fibra óptica que emite luces blancas y azul turquesa que brillan en los espejos.

Las semillas se guardan en cajas que son debidamente catalogadas y ordenadas en estantes bien diferenciados.
Las semillas se guardan en cajas que son debidamente catalogadas y ordenadas en estantes bien diferenciados. Crédito: Svalbard Global Seed Vault/Matthias Heyde

Copias de seguridad

En el interior de la bóveda, debajo de capas de roca de unos 60 metros de espesor, y a 150 metros de profundidad, descansa la memoria vegetal de la humanidad. El material genético se encuentra clasificado en estanterías desplegadas en tres cámaras refrigeradas. Cada sala puede almacenar alrededor de 1,5 millones de muestras de semillas. En total, la bóveda tiene capacidad para albergar 4,5 millones.

Ahora, las semillas se conservan en bolsitas de aluminio al vacío.
Ahora, las semillas se conservan en bolsitas de aluminio al vacío. Crédito: Svalbard Global Seed Vault/Riccardo Gangale

Se trata de un depósito para duplicados de todas las variedades de semillas únicas conservadas por bancos de genes, institutos de investigación y ONG nacionales, regionales e internacionales. El banco de Svalbard preserva el material en condiciones de "caja negra", esto implica que las muestras son propiedad del país o de los bancos de genes que las enviaron y es imposible copiar las semillas, ya que sólo sus dueños tienen acceso a ellas.

La bóveda con la instalación de la artista noruega Dyveke Sanne. Perpetual Repercussion refleja la luz polar en verano, y en invierno se ilumina por una red de 200 cables de fibra óptica en verde.
La bóveda con la instalación de la artista noruega Dyveke Sanne. Perpetual Repercussion refleja la luz polar en verano, y en invierno se ilumina por una red de 200 cables de fibra óptica en verde. Crédito: Svalbard Globale Seed Vault/Mari Tefre

Arca de Noé vegetal

En varias entrevistas publicadas en la prensa internacional, Cary Fowler, el fundador de Svalbard Global Seed Vault, describe la bóveda como un arca de Noé vegetal que custodia la mayor colección de semillas, un tesoro de información genética indispensable para la seguridad alimentaria y la agricultura sostenible del planeta.

Las semillas pasan por estrictos controles de seguridad.
Las semillas pasan por estrictos controles de seguridad. Crédito: Svalbard Global Seed Vault/Riccardo Gangale

Con esa intención, Fowler junto a otros expertos comenzaron a imaginar la bóveda a fines de los años 90, aunque el debate sobre la necesidad de una instalación de almacenamiento de seguridad global que guareciera los duplicados de semillas había comenzado una década atrás. La idea fue tomando forma previendo, con base en evidencias, que algún día el cambio climático (tan acelerado que las plantas no llegan a adaptarse), las enfermedades, los desastres naturales, la escasez de recursos hídricos o las guerras pondrían en peligro la diversidad de los cultivos alimentarios del planeta.

Semillas de poroto, listas para ser clasificadas y guardadas.
Semillas de poroto, listas para ser clasificadas y guardadas. Crédito: The International Institute of Tropical Agriculture i Nigeria (IITA).

En verdad, los datos actualizados que describen el panorama son elocuentes. Se estima, por ejemplo, que el rendimiento de los cultivos se desplomará en los próximos 20 años debido a las altas temperaturas y a los suelos desgastados por los monocultivos. Además, dentro de tres décadas probablemente habrá dos mil millones de personas más.

La información cobra relevancia si advertimos que hoy 821 millones de personas viven en riesgo de seguridad alimentaria: es decir que el 10% de los 7.500 millones de habitantes del planeta no tienen acceso regular a un plato de comida. Con estos y otros datos, en los albores de este siglo, el gobierno noruego, el Fondo Mundial para la Diversidad de Cultivos y el Banco Genético Nórdico apoyaron la construcción de una fortaleza que resguardara una copia de seguridad del tesoro alimenticio planetario.

Åsmund Asdal, coordinador de operaciones de Svalbard Global Seed Vault, manipula una caja de semillas.
Åsmund Asdal, coordinador de operaciones de Svalbard Global Seed Vault, manipula una caja de semillas. Crédito: Svalbard Global Seed Vault/Riccardo Gangale

Con altos estándares de confiabilidad para la custodia de material sensible como las semillas, Noruega pagó los nueve millones de euros que costó la obra y hoy continúa gestionando el banco junto con la fundación internacional Crop Trust, apoyada por la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO) y el Centro Nórdico de Recursos Genéticos (NordGen). Fue inaugurada en febrero de 2008.

Semillas argentinas

Está en una zona de temperaturas extremas y con tan baja densidad poblacional, que la fauna nativa pasta en los alrededores del ingreso a la bóveda.
Está en una zona de temperaturas extremas y con tan baja densidad poblacional, que la fauna nativa pasta en los alrededores del ingreso a la bóveda. Crédito: Svalbard Global Seed Vault

La bóveda funciona igual que las cajas de seguridad de un banco: nadie puede acceder al material, a excepción de sus dueños.Si bien existen muestras de 233 países, esto no quiere decir que 233 gobiernos hayan depositado su patrimonio vegetal allí. Lo que ocurre es que los bancos de semillas del mundo suelen resguardar también especies de otros lugares.

Argentina es uno de esos casos: si bien no ha llevado sus muestras al banco noruego, tiene en custodia 304 especies depositadas por bancos de semillas de otros Estados, informó Åsmund Asdal, coordinador de operaciones de Svalbard Global Seed Vault, vía correo electrónico, a LUGARES.

"Hasta el momento, ningún banco de genes o instituto de Argentina ha depositado semillas. Sin embargo, como la mayoría de los bancos de genes tienen semillas originarias de muchos países, hay 5.675 muestras recolectadas inicialmente de Argentina en la Bóveda de Semillas. En total, 27 bancos de genes han depositado material de Argentina. Son 304 especies diferentes", detalló Asdal.

Los trabajadores de este búnker están acostumbrados a la hostilidad del clima.
Los trabajadores de este búnker están acostumbrados a la hostilidad del clima. Crédito: Svalbard Global Seed Vault/Matthias Heyde

Desde el banco noruego explicaron que se encuentra en comunicación y tratativas con el Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA) para el depósito de duplicados de colecciones de semillas argentinas en la bóveda. "Esperamos tener noticias suyas pronto", confió Asdal. El dato fue confirmado también por María Rosa Lanari, coordinadora del Programa de Recursos Genéticos del INTA. "Todos los países han sido invitados y enviaríamos una muestra. Pero primero tenemos que fortalecer nuestra capacidad de conservación, que está en proceso", puntualizó Lanari.

Conservación a largo plazo

Instalaciones y habitaciones para trabajadores de la bóveda de semillas.
Instalaciones y habitaciones para trabajadores de la bóveda de semillas. Crédito: Svalbard Global Seed Vault

El depósito de semillas requiere una aceitada logística, desde que salen de destino hasta que llegan a la bóveda. La mayoría de las muestras viajan en avión, aunque algunas son trasladadas por vía marítima. A su arribo, se guardan en bolsas herméticas de aluminio, especialmente diseñadas, que se escanean para que luego sea posible ubicarlas en cajas con número y etiqueta en las cámaras heladas.

Åsmund Asdal indicó que las semillas permanecen en la bóveda todo el tiempo que deseen sus dueños. "El gobierno noruego garantiza la conservación a largo plazo", puntualizó. La bóveda es la segunda copia de seguridad, ya que las muestras con genotipos únicos se conservan en los bancos de genes dispersos en el mundo. El valor de Svalbard radica en el respaldo de lo almacenado en caso de que los bancos originales pierdan variedades de especies por fallas técnicas, catástrofes naturales o conflictos humanos.

Por eso, insisten en Noruega, la mejor noticia para la humanidad es que las semillas nunca salgan de la bóveda; cuando lo hacen, rondan las catástrofes. Por el contrario, cuando una colección de cultivos vegetales ingresa a la gran roca guardiana, se deposita una esperanza.

Una partida con sobres de semillas del Centro Internacional de Agricultura Tropical está lista para ir desde Nigeria hasta Svalbard.
Una partida con sobres de semillas del Centro Internacional de Agricultura Tropical está lista para ir desde Nigeria hasta Svalbard. Crédito: The International Institute of Tropical Agriculture i Nigeria (IITA).

Siria, la primera en reclamar sus semillas

Desde su creación en 2008, una sola vez el banco de Svalbard devolvió semillas a sus dueños; fue en 2015, a raíz de la guerra en Siria. El banco de semillas del Centro de Investigación Agrícola de los Climas Áridos (Icarda, por su sigla en inglés), con sede en la ciudad de Alepo, fue destruido por completo durante el conflicto. En Icarda estaban depositadas las semillas de los países más secos del planeta. Se trata de un material genético que permite conocer las variedades resistentes a la falta de agua, que será de vital importancia para los cultivos del futuro, afectados por el cambio climático.

Video Bóveda Global de Semillas de Svalbard

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Los responsables del banco de Alepo reclamaron sus semillas a Svalbard para reabastecer sus depósitos, hasta completar la reconstrucción de las sedes de depósito del material genético en Marruecos (Rabat) y Líbano (Beirut). Las muestras serán reenviadas a la bóveda noruega una vez que hayan sido duplicadas. En el mundo existen 1.750 bancos de genes que albergan colecciones que contienen más de 7,4 millones de muestras de semillas. Del 25% al 30% de estas semillas son únicas.

La situación argentina

En la Argentina existe una red de bancos de germoplasma gestionada por el INTA, en distintas localidades, desde Jujuy hasta Trelew. Posee más de 36.000 entradas (entre semillas y duplicados) con material genético de diferentes especies vegetales.

Son muy pocas las personas autorizadas a entrar a la bóveda de semillas.
Son muy pocas las personas autorizadas a entrar a la bóveda de semillas. Crédito: Svalbard Global Seed Vault

La red está conformada por nueve bancos activos de recursos fitogenéticos, 12 colecciones distribuidas en diversas áreas ecológicas y un banco base que resguarda todo. Se conserva el 92% de los recursos genéticos disponibles en el país. María Rosa Lanari, coordinadora del Programa de Recursos Genéticos del INTA, explica que en el banco de Castelar, provincia de Buenos Aires, está el back up de las semillas; esto es, los duplicados de todos los bancos.

La Bóveda de Semillas de Svalbard está cerca de Longyearbyen, la última ciudad al norte del planeta.
La Bóveda de Semillas de Svalbard está cerca de Longyearbyen, la última ciudad al norte del planeta. Crédito: Svalbard Global Seed Vault

Algunas universidades en el país también tienen sus propios bancos. Carlos Biasutti, profesor de la Cátedra de Mejoramiento Genético Vegetal de la Universidad Nacional de Córdoba, informa que la Facultad de Ciencias Agropecuarias de la UNC cuenta con el Banco Nacional de Germoplasma de Prosopis, un reservorio de semillas de algarrobo. Es el único banco de especies forestales nativas de carácter nacional.

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