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Su nombre significa pueblo que lo tiene todo en lengua kakana, y vaya si no es así.
Los colores de sus cerros son impactantes; la calidez de su gente, poco común; la habilidad de sus artesanos está en el rasgo tan especial de sus cerámicas, tejidos y platerías; el ruido de sus fiestas, único, especialmente en febrero durante la popular Serenata (ver recuadro).
Llegar hasta Cafayate desde Salta ya es de por sí un viaje visual atiborrado de atractivos naturales. La antesala del pueblo es nada menos que la Quebrada de las Conchas, un sinfín de montañas y cerros de con diversas formaciones creadas por la erosión del viento y las lluvias, que se han ganado los distintos apodos de El obispo, El obelisco, Las ventanitas o Los castillos.
Tanto hacia el norte como hacia el sur, los entornos merecen ser visitados. Los médanos, las pinturas rupestres del cerro San Isidro, el cerro Santa Teresita, el río Colorado con sus siete cascadas naturales, el viejo molino de piedra de más de 350 años? Y cómo no, las bodegas, flanqueadas por viñedos y más viñedos de uvas de distintas variedades, que en su mayoría están abiertas al público. Cafayate es cuna de un excelente torrontés ?y se lo ha reconocido mundialmente por ello?, aunque también produce muy buenos varietales, como los tintos cabernet, malbec, tannat y syrah y el blanco chardonnay.
Ya dentro del pueblo, puede darse una vuelta por el museo del vino, como para profundizar más sobre la historia y la industria vitivinícola. En otro orden de temas, el museo arqueológico Rodolfo Bravo guarda más de mil piezas que relatan los orígenes de la zona.
Para comprar, están los distintos locales y talleres de artesanos; una recomendación: la original platería de Barraco, personaje oriundo de Chascomús, fanático de las motos y los fierros. Durante años, el hombre viajó por América vendiendo artesanías y recolectando ideas, y hace 30 llegó a Cafayate para quedarse. Las técnicas que utiliza son rescatadas de las culturas incas de Perú y Bolivia. De su arte, sirvan como muestra el Cristo y la Virgen del Milagro que están en la iglesia, dos de sus obras preferidas.
La plaza central es el corazón del enclave cafayateño. Allí está la Catedral que data de 1885, una de las únicas tres de Sudamérica con cinco naves, detalle que le otorga mayor solemnidad al templo, reino absoluto de paz. Justamente lo contrario de lo que se vive afuera, con gente que viene y que va, restaurantes, bares, negocios de artesanías, todo sucede en un radio no superior a dos cuadras.
Cafayate es chiquito, pero está creciendo.
Primero fue el vino
Empecemos por Michel Torino, familia de toda-la-vida de estos valles y primer referente de bodega (en este caso La Rosa) que propuso hacer turismo en el ámbito del vino. Sucedió en 1998 y de entrada se percibió como un hecho extraordinario pero que no sería el único. En 2003 hizo lo propio Colomé (LUGARES 90), histórico nombre vinculado al origen mismo del vino cafatayeño, que arrancó con los españoles. Le siguieron otros proyectos; a la fecha podemos hablar de una atractiva reconversión, una inauguración y algo más.
En la entrada del pueblo, en el cruce de las ruta 68 y 40, está emplazado Patios de CafayateWinespa, dentro de la finca que hoy pertenece a la bodega El Esteco, y que antes fuera La Rosa, de Michel Torino.
La estancia, de 1740, abrió como hotel en una parte de la casona que integra el antiguo casco, de 1892. Seis años después de su apertura, un equipo de arquitectos y especialistas inició la restauración del resto de la casa y así se habilitaron 30 habitaciones. En 2005, Starwood Hotels & Resorts Inc. (la cadena de los hoteles top de Sheraton) se hizo cargo de esta propiedad, convirtiéndola en el primer eslabón de The Luxury Collection en el interior de la Argentina. La arquitectura, de estilo colonial y blanquísima, se levanta en medio de los viñedos. Y como telón de fondo, los cerros de la Quebrada de las Conchas.
El hotel está elegantemente decorado. Las habitaciones son amplias, con ventanales que dan a un jardín súper cuidado y todas cuentan con detalles de época: alfombras tejidas en telar, combinadas con géneros de primera calidad; muebles antiguos y auténtica platería regional.
Rodeado de jardines y construido alrededor de patios y galerías que se ambientaron con mesitas, bancos, barricas, tinajas de Cristófani y jazmines, el hotel ofrece horas y horas de ocio y contemplación. Horas arropadas por la cálida atención de un personal cafayateño en su mayoría.
El concepto winespa duplica los atractivos de Patios: agasajar el cuerpo con las propiedades antienvejecimiento del vino y la uva, es una terapia inspirada en la cultura y la riqueza tradicional de los Valles Calchaquíes. Ellos mismos lo definen como el anti spa, y lo es más que por aplicación de métodos anticonvencionales, por el origen de los productos, absolutamente norteño. Y para remarcar la relatividad de todas las cosas, ahí está colgando de la pared el cuadro con un mapa de América Latina, al revés, que reza: Nuestro norte es el sur.
Productos y tratamientos están directamente vinculados al terruño; uvas de cepas regionales, semillas cordilleranas, manteca de cabra y quinua de Los Andes intervienen en la composición de cremas y ungüentos, elaborados según pautas de recetas ancestrales que las abuelas sabias del lugar supieron conservar. ¿Los resultados? No le vamos a arruinar el placer de probarlo?
Viñas con cama adentro
La otra novedad hotelera está a unos tres kilómetros de la plaza principal, camino al Divisadero. Construido en medio de una finca de viñedos y a los pies del imponente Cerro San Isidro, se encuentra el Viñas de Cafayate Wine Resort.
El hotel tiene un estilo colonial clásico, en forma de cuadrado alrededor de un patio interno con una fuente, y está hecho de materiales típicos como adobe, caña, baldosas de barro cocido y piedra. Es simple, sobrio, funcional y confortable. Tiene amplios corredores alrededor del patio desde donde se accede a las habitaciones, y una galería?balcón con vista a los viñedos, al cerro y la Quebrada.
Sus dueños, Pablo Kishimoto y Alejandra González, llegaron desde Quilmes. Seducidos por el Norte, primero quisieron emprender algo en Jujuy, pero nada les terminó de convencer; después descubrieron que Salta estaba creciendo mucho y llegaron a Cafayate en busca de algún terreno donde levantar su hotel. Acá encontraron justo lo que estaban buscando: una porción de la finca de la viña de Domingo Hermanos, enclavada al pie de los cerros. Después de un tiempo de negociar las tierras (los Domingo no las tenían en venta), consiguieron lo que querían. Volvieron a Buenos Aires; pusieron a sus familias al tanto de las buenas nuevas; se casaron en tres meses, se despidieron de todo el mundo y acá están.
El hotel abrió en julio y está funcionando a pleno. Gracias a Pablo, llegamos hasta Osvaldo ?Palo? Domingo, el personaje de Cafayate y dueño de Domingo Hermanos, una de las bodegas más tradicionales. Con Palo a la cabeza y manejada por sus tres hijos, funciona como empresa familiar. Ellos son Osvaldo, Rafael ?el enólogo? y Gabriel, encargado del tambo de cabras donde se elabora queso, el nuevo emprendimiento.
Juntos fuimos a ver La Viña, en la Quebrada de las Flechas, última adquisición de la familia para la elaboración de Rupestre, su nueva línea de vino tinto. Guiándose un poco por su olfato y otro mucho de arduo trabajo (la construcción de una obra hidráulica para traer agua de las montañas y convertir el paraje desértico en un vergel de viñedos), Palo logró la finca que quería. El vino que obtiene es un buen ejemplo de lo que esta zona da de sí: gran concentración de aromas y sabores es su mayor virtud. Y además está la casita que hizo restaurar; clavada en medio de un cerro, es el escenario ideal para disfrutar a pleno del vino, un sabroso asado y el paisaje que aquí es, sencillamente, soñado.
Futuro inmediato
A 18 km de Cafayate, camino a San Carlos, se está terminando de construir La Casa de la Bodega, un nuevo emprendimiento hotelero propiedad de los mismos dueños del Hotel del Dique, de Cabra Corral. El hotel tendrá ocho habitaciones y, siguiendo la nueva moda, está justo frente a sus viñedos, en un entorno espectacular con vista a los castillos de la Quebrada de las Conchas.
La idea es que sea un hotel-casa, con todos los lujos y mimos, pero para aprovecharlos en un ambiente de cálida informalidad.
Ya tienen habilitadas bodega y cava, espacios disponibles para los huéspedes que quieran acceder a ellos sin salir de la casa.
Aseguraron que para este mes (abril) iba a estar listo. Ahora bien, como no tuvimos la suerte de verlo funcionando cuando nos fuimos de Cafayate, si pasa por ahí antes de que nosotros volvamos, por favor, no deje de chiflar para contarnos.
Serenata a Cafayate
Es uno de los festivales más importantes del noroeste y se realiza todos los años a mediados de febrero, en la Bodega Encantada.
Nació por iniciativa de Arnaldo Etchart en 1974 como un festival, hasta convertirse en una verdadera muestra cultural de jóvenes músicos que entregan sus propias canciones y lo hacen a los más importantes artistas folclóricos argentinos.
Con este evento se marca el fin de la temporada veraniega; dura cuatro días en los que el pueblo vive revolucionado, eufórico.
Aunque no todos los que asisten la Serenata planean quedarse, sepa que para esa fecha la plaza hotelera se revela insuficiente y cuesta bastante encontrar dónde dormir.
Spa enológico
Algunos de los tratamientos que se ofrecen en Patios de Cafayate son:
Baño de Uvas Torrontés: hidromasaje con levadura de vino y aceite de uva. Deja la piel suave y sedosa.
Gommage: masaje de cuerpo con pepitas de uva mezcladas con sal de salinas andinas, arrope de uva y aceites esenciales orgánicos. Aplicación de máscara con extractos naturales de la uva. Humectación a base de cremas con polifenoles de la uva.
Envoltura de arcilla y vino: se aplica arcilla volcánica de la Cordillera de Los Andes, pulpa y aceite de uvas. Mientras la máscara actúa, se realiza un masaje con dígitopresión. Es purificante, a la vez que ayuda a mejorar la textura de la piel.
Masaje con pulpa: se fricciona el cuerpo utilizando uvas frescas, devolviendo a la piel suavidad y humedad. (Sólo en época de cosecha).
Masaje romántico: en el parque, con vista a los cerros, se realiza un masaje relajante. De noche y cuando el clima lo permite, se hace a la luz de la luna rodeado de velas.
N´usta: tratamiento anti-aging que incluye limpieza facial con emulsión de polifenoles, exfoliación, aplicación de máscara de pepitas de uva y quinua.
Se combina con masaje en cabeza, cuello y escote, y se finaliza con serum de pepitas de uva.
Todos los ususarios del winespa tienen acceso libre a la ducha escocesa, el hamman y la sala de relax con vista a las viñas y pileta climatizada.
Por Lucía Jutard
Fotos de Eugenio Mazzinghi
Publicado en Revista LUGARES 120. Abril 2006.






