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Despuntó con el siglo XX en la orilla sur del Nahuel Huapi y su fundación, a cargo de don Carlos Wiederhold, data oficialmente de 1902. Eligió un paraje de belleza excepcional, el que modelan las montañas y ese lago inconmensurable y vericuetoso. Y para no desmerecer, la villa misma se definió con la estética de la piedra y la madera, los techos de pizarra a dos o varias aguas, y un orden de jardines coloridos. Es cierto que la concibieron como una réplica de los enclaves alpinos, pero el talento de Alejandro Bustillo (ver Huellas) le dio un carácter tan sólido como inconfundible.
El ejemplo más elocuente, quién no lo sabe a estas alturas, es ese ombligo llamado Centro Cívico, que no ocupa ningún lugar central en el trazado urbano ?de hecho quedó como desplazado, a pasos del agua? pero sí oficia de eso: no hay visitante que pise Bariloche que de entrada no dirija sus pasos hacia allí. La Municipalidad, la Secretaría Municipal de Turismo, el Museo de la Patagonia Dr. Francisco P. Moreno, y un poco más alejado, el edificio de la Intendencia de Parques Nacionales, integran ese conjunto tan Bustillo, tan Bariloche.
Si en invierno es la nieve el factor de atracción para miles de turistas, el resto del año lo es para todos los que no esquían. Y que también son miles. Son los que hacen trekking, escalan, andan en bici, navegan, pescan, o nada más pasean boquiabiertos ante la cantidad inagotable de flores y arboledas que se reiteran a cada paso. Nadie es insensible a la belleza, y todos tienen derecho a admirarla, disfrutarla, e inmortalizarla, máquina fotográfica mediante, en un abrir y cerrar de obturador. Porque a pesar de las hordas estudiantiles que de julio a octubre soliviantan la paz de este destino precordillerano, a pesar de las caravanas de micros que acarrean ejércitos napoleónicos de turistas, Bariloche está ahí, inmersa en el mismísimo paraíso, apta para todo público.
Su infraestructura hotelera es amplia y hay para todos los gustos y posibilidades, para los que quieren hacer base en la ciudad misma y moverse hacia las afueras, o al revés. Nosotros fuimos más coinciliadores e hicimos las dos. Primero nos instalamos en el famoso cinco estrellas barilochense, el Panamericano. Los brasileños ?y los argentinos también? mueren por sus habitaciones enormes, y la pileta con esa alucinante vista al Nahuel Huapi. Bien ubicado como está, equipadísimo y con un servicio ponderable, no lo pensamos dos veces.
Satisfecha la curiosidad por los chocolates y las artesanías, agotados los merodeos por las galerías, los cafecitos, bares, unos cuantos restaurantes, y una vez barrida la avenida Bustillo (ver Periplografía), trasladamos campamento a las afueras. La otra Bariloche nos deparó otras experiencias.
Lavandas y otras delicadezas
Lidia Crusizio es la dueña de Meli-hué, que es lo mismo que decir la lavanda de Bariloche. En su casa del Lago Moreno no sólo se contempla un paisaje espectacular, se toma un rico té y se pueden conseguir todos los productos derivados de la Lavandula officinalis, capaces de perfumar, sedar, calmar, aliviar e incluso espantar polillas. En esa misma casa, con su modo gentil y tranquilo, Lidia recibe huéspedes en régimen de Bed & Breakfast. Y de la misma manera cuenta una historia que empezó hace catorce años, cuando abrió sus puertas por el asunto de la lavanda y la gente pensó "qué lindo lugar este para tomar el té".
Así nacio el espacio para el té, nomás. Y entonces los clientes subieron la apuesta: esta vez fue "por qué no podían quedarse a dormir". Y Lidia arregló en el primer piso dos suites. Una de ellas, la que tiene vista al lago Moreno Oeste, es una habitación con cama king size, baño privado y un balcón de vista impagable. La otra suite se compone de dos dormitorios (uno single y el otro con dos camas) que comparten el baño y un living, y que sólo se ocupan con huéspedes que viajan juntos.
El lugar resulta ideal para parejas o grupos chicos; pero no reciben niños debido a que el jardín no es del todo adecuado para ellos. Lidia prepara el desayuno a gusto del huésped, y si éste quiere también le ofrece cena, con excepción de enero y febrero, meses en los que la propiedad se llena de visitantes ?la lavanda está en flor?, y por lo tanto, la casa de té funciona a diario.
Su libro de visitas abunda en elogios que apuntan en dos direcciones: uno, necesariamente al paisaje; el otro, a la hospitalidad de Lidia y de Claudio, su hijo, a quien el azar (en forma de clientes) le reservó el área recreativa. Cierta vez, unos huéspedes franceses lo vieron pasar con la caña, listo para sacar el bote e irse de pesca. La mirada de deseo fue tan elocuente que, ni corto ni perezoso, Claudio los invitó a acompañarlo al otro día.
Resultó glorioso: salieron a las ocho de la mañana, volvieron a las diez de la noche, consumaron 14 capturas y las consiguientes devoluciones, pasearon, sacaron fotos a las truchas y comieron los appetizers que Claudio, buen anfitrión, había llevado. Hubo sólo un problema: Claudio no había pensado en cuánto cobrarles. Lo dejó a criterio de los huéspedes, que lo sorprendieron con su generosidad. Desde ese momento, empezó a proponer paseos por el lago con su bote. Pero todavía no sabe cuánto cobrar.
El jardín con vista al Tronador
Hasta hace 23 años, Karin Winzer vivía en México DF con su marido y sus hijos. Fue en ese momento en que vinieron de visita a Bariloche, donde él (mitad argentino, mitad alemán) tenía un terreno. Llegaron al lugar donde hoy está Bellevue y fue entonces que Karin escuchó la pregunta, algo así como "¿te gustaría vivir acá?". Debe haber pasado algún tiempo entre la respuesta afirmativa y la organización de mudanza y traslado de la familia... Y así comenzó la tradición del servicio de té frente al Morenito, paraje soñado.
Karin, que ahora es viuda, sigue preparando cada mañana, las tortas que servirá por la tarde. Una amplia variedad y una calidad que perpetúa desde el ´82, la convirtieron en un referente todavía insuperable. Lo de dar alojamiento vino mucho después, con la prole ya casada e independizada. Junto a la casa de té hay un departamento ?obviamente con entrada individual? de una habitación espaciosa, baño privado y kitchinette; esto último explica que el Bed no incluya Breakfast, ya que los huéspedes tienen dónde preparárselo. El cuarto tiene dos grandes camas unidas, cubiertas por plumosos edredones y una ventana fija que regala esa vista increíble al jardín, al lago y al cerro López.
Karin está orgullosa de su jardín, plantado de rhododendros y tulipanes; concluye en una playa sobre el lago, perfecto para hacer picnic y andar en kayak. Pero lo que más le gusta es el panorama: "Si es un día lindo y claro, desde aquí mismo se puede ver el Tronador".
Bellevue está abierto todo el año, excepto en junio, cuando su dueña y señora se toma unas vacaciones y todos la extrañan; a ella, la casa de té y la cordialidad de sus asistentes.
Travesía en bici
El Valle Encantado, a 62 km de Bariloche ofrece una buena oportunidad para hacer una pedaleada exigente: recorrer alrededor de 40 km a través de caminos rurales, prácticamente desiertos por el ondulado territorio de la estepa. La propuesta de Patagonia Mountains comienza en las cercanías de Villa Llanquín, donde hay que atravesar el Limay en una balsa maroma y termina en el puente sobre el río Pichileufú. Algunos vehículos de apoyo 4 x4 alivian los tramos más complejos de la travesía. El recorrido atraviesa cañadones y puestos de estancia, la cooperativa Peumayén y sus corrales de ovejas e incluye un almuerzo en un oasis arbolado.
Bien de familia
Machi González Benzano es una de las decoradoras del Llao Llao y hace 15 años que vive en Bariloche. Vive con su hijo Gonzalo en una chacra, a la altura del Km 20 de Bustillo, en la bahía Campanario, justo detrás de Los Juncos, la posada que acaban de inaugurar, después de reciclarla y alistarla nuevamente para recibir. Es que en realidad, la casa fue construida en 1946 para ser usada como hostería y así funcionó hasta hace unos cuantos años. Los pisos de planchas de ciprés son los originales, lo mismo que los sanitarios, que conservan el diseño con el que fueron construidos. La posada tiene sólo seis habitaciones, todas con baño privado: en algunos casos el lavabo está dentro mismo de la habitación.
Los cuartos son confortables y están primorosamente decorados con muebles antiguos y reciclados (se ve la mano experta de Machi y de su socia Marta Peirano) y los detalles de buen gusto y confort son abundantes: sommiers mullidos, edredones de pluma, mantas de telar hechas en Jujuy por La Bussaïe, puertas decoradas.
En el gran salón del primer piso se sirve el desayuno; como el resto de las especialidades de la cocina, está a cargo de Gonzalo, que usa vegetales y otros insumos de su chacra. La panificación también es de su autoría, igual que la tarta deliciosa de piñones y miel. En verano, los huéspedes más chicos disfrutarán de una visita a la granja para ver la plantación de vegetales, los patos, las ovejas y otros animales.
Té con yuyos
El Dr. Eduardo Rapoport es biólogo, profesor de la Universidad del Comahue e Investigador del Conicet. Bárbara Drausal, traductora de inglés, es su mujer, su colaboradora en las investigaciones y su socia en un emprendimiento que nació hace muchísimos años, cuando Eduardo empezó a investigar las estrategias de supervivencia de las especies vegetales. Y entre ellas, las (mal) llamadas malezas.
A contramano del mundo que pretende sin éxito exterminarlas, las investigaciones del Dr. Rapoport demostraron que gran parte de ellas no sólo son comestibles, sino que tienen muchos nutrientes y además son apetitosas. Sus resultados están en las páginas de Plantas nativascomestibles de la Patagonia andina y Plantas exóticas comestibles de la Patagonia andina, que publicó junto a Ana Ladio y Eduardo Sanz.
Richard Oyarzun (ex chef de Chachao Bistró) y Martín Molteni (a cargo de la cocina del Tunquelén), suelen consultarlo para incluir pastos del lugar en sus platos.
Esta multifacética pareja ?él además es escultor y ella pintora? decidió abrir su casa a grupos pequeños. La idea es que Eduardo dé charlas sobre plantas comestibles, y como broche, compartir un té en un ambiente de relax e informalidad.
Navegando en el Yurkal
El Yurkal es un motovelero, un spray de 40 pies que diseñó Bruce Roberts. Y que el "Pato" García Susini construyó, tras haber comprado los planos por Internet y soportado los comentarios más impiadosos de amigos y conocidos, durante tres años. Hasta que lo botó, el año pasado. La embarcación es muy particular: sus interiores, ambientados como un loft, con sillas de estilo, biblioteca, escritorio, pisos de madera y tapizados de kilim, son obras de Marta Peirano, la mujer de Pato, dueña del restaurante Kandahar y la otra decoradora del Llao Llao. Pocas veces se ha visto un barco tan poco convencional ni tan cómodo. Así también serán los paseos que se podrán hacer este verano. El Pato lo chartea sin tripulación sólo a quienes acrediten saber náutico e indispensable carnet de timonel (obvio). Si no, él mismo se encarga del timón.
En el Valle Encantado
Una de las primeras descripciones del río Limay y su paisaje la hizo en 1863 uno de sus exploradores, el chileno Guillermo Cox y la dejó escrita en su Viaje en las rejiones septentrionales de la Patagonia (sic). Esta zona que forma parte de lo que se considera ?y se nombra? como la estepa, es apta para hacer paseos, recorridos de aventura, cabalgatas, excursiones de pesca, avistaje de aves, salidas en bici y hasta buceo. Entre las posibilidades más atractivas figura pasar el día en Valle Encantado, una estancia que lleva el nombre del lugar. Para llegar, hay que cruzar las aguas transparentes del Limay, mansas en pleno verano.
La excursión puede ser completa o de medio día e incluye caminar hasta las extrañas formaciones de roca volcánica que dan su particular característica a la zona, ver las grutas que alguna vez dieron albergue a los indígenas de la zona (dan fe las pinturas rupestres que hay en algunas), trepar hasta donde se pueden ver los cóndores (allí se liberaron los ejemplares que se criaron en el zoológico deBuenos Aires y se los monitorea periódicamente) y tener unas vistas increíbles de un paisaje decididamente fuera de lo común.
La estepa es muy calurosa en verano y el paseo se interrumpe al mediodía, para comer un asado y tomar un descanso bajo los árboles. A la tarde, la actividad podrá ser salir a pescar, darse un baño en el río o hacer una cabalgata por el llano.
Informe: Cristina Viturro
Fotos: Margarita Fractman y Nacho Calonge
Publicado en Revista LUGARES. Octubre 2003.





