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La cuesta comienza en Choya, zona membrillera donde se formó una cooperativa de mujeres dulceras. Allí comienzan los más de 60 km de recorrido de este camino de ripio que trepa hasta los 3.100 metros. Con curvas más abiertas, Capillitas es menos peligrosa que La Chilca. Quienes la transiten, sepan que el celular se vuelve cadáver en el Km 33.
Más adelante, un desvío señalizado lleva hacia el Refugio del Minero. El camino fue abierto a pico y pala por los Yampa y, de hecho, la última subida es accesible sólo con 4x4. Entonces aparece la inmensa construcción diseñada por el arquitecto andalgalense Ricardo Lacher. Su fachada, revestida con bolseado hecho a mano, es el preludio a las 13 habitaciones y al restaurante donde se luce Yaki Yampa.
Pan casero y mate cocido es el combustible que necesitamos para subir hasta la mina, que lleva una hora y media de caminata lenta para evitar el efecto de la altura. Entonces sí, equipados con casco y linternas, ingresamos en la oscuridad del túnel. Cuenta Fabián, marido de Yaki, que la rodocrosita se extrae con pico y que ellos mismos cargan las piezas en sus mochilas. Escucharlo invita a reflexionar sobre la palabra cansancio? Acá no hay día en que no se haga fuerza y la vista debe acostumbrarse a trabajar a la luz de una linterna. Quienes no se animen al trekking, pueden visitar el museo mineralógico montado a sólo 150 m de la hostería.
Las noches en el Refugio son frescas y silenciosas. Cuando se apaga el generador es el momento de abrigarse con una manta para salir a la galería y contar estrellas fugaces. El final feliz llega por la mañana, cuando, después de despedirnos de las Yampa, Mauricio nos lleva a la Aguada de Cobre, donde la presencia de este mineral coloreó el lecho del río de un turquesa furioso.
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Nota publicada en enero de 2014. Extracto de la nota publicada en revista Lugares nº 202.




