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Historias para conocer

La historia del castillo de Adrogué, con túneles e inspirado en un palacio bizantino del siglo XIII

Alejandro Rapetti
(0)
7 de octubre de 2020  • 00:06

En pleno centro de Adrogué, Partido de Almirante Browm (provincia de Buenos Aires), el castillo Castelforte no pasa inadvertido para los transeúntes que circulan frente a su fachada, sobre la calle Rosales 1521.Es que la mansión, construida en 1874 por el ingeniero italiano José Canale, está inspirada en un palacio bizantino del siglo XIII, de la antigua Villa Castelforte, ciudad natal de su creador.

Originalmente el castillo estuvo emplazado en medio de un extenso parque surcado por caminos arbolados -hoy limitado por la calles Cerreti, Brown y Rosales-, donde Canale levantó también una capilla, un refugio de guardabosque y hasta un antiguo polvorín a imagen y semejanza del original con dos entradas principales: la Porta Príncipe, frente a la Plaza Brown y la Porta Brindisi, en la esquina frente a Plaza Espora.

Cuando su propietario murió en l883 y su viuda lo vendió para regresar a Italia junto a sus hijos, el terreno pasó por distintas manos hasta que finalmente se loteó en parcelas.

Los sitios más atractivos de la construcción son los túneles que conectaban con la iglesia y la estación de trenes, entre oros lugares
Los sitios más atractivos de la construcción son los túneles que conectaban con la iglesia y la estación de trenes, entre oros lugares Crédito: Eugenio Cornacchione

"Primero lo compró un señor de apellido Miró, que luego lo perdió en un litigio legal; entonces fue a remate y se dividió en quintas. Una de ellas fue adquirida por Juan Ovando, que en 1890 se ocupó de levantar la construcción actual sobre el antiguo polvorín, a imagen y semejanza del Castelforte original", explica Sandra Agis,directora de Patrimonio Cultural del Instituto de Estudios Históricos y Patrimonio Cultural del Municipio de Almirante Brown.

"El polvorín de la fortaleza original se llamaba Venecia. Se sabe, en una fortaleza como aquella tenía que haber pólvora, armamento, mosquetes", apunta por su parte Oscar Rincón, presidente de la Asociación Nativos de Almirante Brown, una asociación de vecinos que trabaja en la preservación del acervo histórico del distrito y hoy tiene su sede en el Castillo, uno de los puntos turísticos más visitados de Almirante Brown, donde funciona un museo y organizan visitas guiadas (suspendidas por la pandemia).

Desde el empedrado que tapiza la calle Rosales se distinguen los ventanales altos y angostos que contrastan con el amarillo de las paredes, los ladrillos a la vista de la fachada y las amplias galerías. El interior del castillo conserva los pisos de madera y cerámica, las escaleras, las lámparas antiguas y algunas pinturas que retratan los bellos paisajes de Adrogué.

Descenso a las catacumbas

Si bien el edificio reconstruido hacia 1890 conserva gran parte de su estilo original, seguramente el punto más atractivo es una serie de túneles, de los cuales puede visitarse sólo uno, con entrada en el edificio y un recorrido de cincuenta metros aproximadamente que, según relatos locales, habrían comunicado con la iglesia, la Municipalidad, la comisaría y hasta la estación de trenes.

Está en calle Rosales 1521, de Adrogué y fue construido en 1874 por el ingeniero italiano José Canale
Está en calle Rosales 1521, de Adrogué y fue construido en 1874 por el ingeniero italiano José Canale Crédito: Eugenio Cornacchione

Hay muchas conjeturas sobre los túneles. Rincón relató que, según cuentan, "Canale recorría los 100 metros que lo depositaban en la plaza para lanzar cañonazos en fechas patrias, aunque todo indica que la idea de la obra fue recrear las catacumbas".

Otra versión sostiene que el túnel unía Castelforte con el hotel La Delicia, también construido por Canale a pedido de Adrogué, un lugar muy conocido porque personajes ilustres como Domingo Faustino Sarmiento o Jorge Luis Borges lo elegían para veranear.

"Teóricamente, los túneles unían el castillo a la iglesia, el palacio Municipal y al hotel La Delicia. El tema es que los túneles sólo se conservaron en el predio de Castelforte, porque en la medida que se fueron loteando los otros terrenos, al no tener mantenimiento, se hundieron y fueron rellenados. ¿Para que servían los túneles? Seguramente como una forma de escape o de resguardo. También se guardaban armas, hay que situarse en aquella época, allá por 1870", señala por su parte Eugenio Cornacchione, vecino del barrio y fotógrafo de la Secretaría de Cultura.

"La gente se pregunta el por qué de estas catacumbas, aparecen falsos testigos que dicen que caminaron por los túneles que iban de la estación de Adrogué hasta no sé dónde; otros dice que iban del hotel La Delicia hasta un iglesia que ya no existe más. En fin, de eso no hay nada comprobado. En cambio, el túnel que nosotros tenemos a media cuadra de la Plaza Brown, que es la plaza principal, sí existe, y esta en el mismo predio de la sede de nuestra asociación", asegura Rincón.

Un templete que pertenecía a predio antes que se dividieran los terrenos
Un templete que pertenecía a predio antes que se dividieran los terrenos Crédito: Eugenio Cornacchione

Y añade: "En el castillo original existían estas mismas catacumbas que luego Canale replicó en este predio y originalmente se utilizaban para fuerzas de armas, armamentos y en algunos casos también para sepultar personas, de acuerdo a la secta que hubiese en ese lugar. Esta catacumba se encontró cuando la Asociación Nativos de Almirante Brown compró el predio en 1983. Por entonces, el castillo estaba en completo estado de abandono, sin puertas ni ventanas, lo único que había eran paredes derruidas", sigue Rincón, que asegura pertenecer a una de las familias más antiguas del distrito de Almirante Brown, instalada en aquellos pagos hacia 1650, cuando se los conocía como los Díaz del Rincón. También cuenta que en la propiedad donde vive actualmente se conserva un ombú de 500 años de historia, donde Juan Manuel de Rosas tomaba mate. "Yo tengo la bombillas con las que las tías abuelas de mi abuela le cebaban el mate a Rosas", concluye.

Con mitología propia, los monumentos arquitectónicos de la provincia de Buenos Aires atesoran secretos insospechados que indudablemente, vale la pena conocer in situ cuando se pueda volver a la ruta.

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