Pinamar: lo que se viene para esta temporada

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18 de diciembre de 2009  • 00:00
En Pinamar

El primer hotel que echó raíces en este arenal es el Playas . Abrió cuando Pinamar se anunciaba al mundo hace seis décadas y media, y es todo un símbolo que insiste en mantener la impecabilidad de su blanca fachada desde su año fundacional: 1944. Fue el primer edificio y sigue siendo el icono pinamarense, ahí pegado a los médanos y al ronroneo de las olas.

Los reciclajes y renuevos de las 45 habitaciones y áreas comunes que lo componen mantienen la nostalgia a raya.

En verano el tráfico es tal que los caminos alternativos se volvieron una necesidad, como el Camino Parque (que va por detrás de la ciudad), para descongestionar el centro. Mientras tanto, los nuevos desarrollos de propiedad horizontal ensanchan las fronteras, como el barrio La Herradura, el más alejado de la playa, o Villa de Mar que se extiende, hacia el norte, siguiendo la línea costera.

El Hotel del Bosque , que fue en su momento la alternativa en las afueras de la ciudad que con los años lo fue integrando, mantiene una bienvenida atmósfera de tranquilidad bucólica gracias a sus dos hectáreas de parque. Basta instalarse en la terraza con su "pérgola de las glicinas" (como informalmente llama el personal del hotel a ese espacio florido, que se abre a meros pasos de la pileta) para sentirse a años luz del fragor urbano.

Si se quiere oír el mar y mirarlo a cualquier hora, la clave es el Terrazas al Mar , con habitaciones y aparts justo frente a la playa, con acceso y los servicios del hotel en balneario propio.

Lo demás, es historia más o menos conocida porque quien más, quien menos, a Pinamar ha ido alguna vez. El tradicionalísimo golf de 18 hoyos tiene personaje propio y ése es don Eduardo, el encargado, sus bien cumplidos 80 abriles, declara y con orgullo ser el trabajador más antiguo del golf.

El Viejo Lobo es una contraseña para almorzar pescado en un ambiente rústico y con vista al mar. Otro referente en lo concerniente a platos de pescado es La Gamba ; aquí la recomendación apunta a la lasaña crujiente de salmón y abadejo, especialidad del chef Mariano Nicodem por quien la gente hace fila con tal de probar su cocina. Clásico de clásicos es La Tante con su cocina de estirpe alemana y la propuesta del té por la tarde, momento pródigo en chocolates, tortas y alfajores caseros.

 

En Cariló

Ya se sabe. Aquí primero fue el bosque, profundo y extenso. Después fueron las mansiones, que a muy prudente distancia aparecieron una por aquí y otra lejos por allá, a resguardo de las frondas. No es más un secreto, ni siquiera lo es a voces, porque hace rato que a Cariló le empezaron a echar el ojo más gente de la que sus ocupantes originales hubiesen deseado. Y creció. Mucho.

No obstante el crecimiento de los últimos años, los habitués y habitantes estables de Cariló lograron que se respetara el esquema urbanístico con que se identificó desde sus albores. Las zonas comerciales y hoteleras están claramente separadas de las áreas residenciales; aquí reina Su Majestad La Paz .

Los paradores, por ejemplo, están construidos sobre pilotes, para que los médanos puedan moverse libremente, sin afectar el tamaño de las playas, que en este retazo de la costa atlántica son anchas y con mucho espacio disponible.

 

El Cariló Village , histórico complejo de cabañas con piscina, concebido para vivir vacaciones en completa intimidad, añadió el andar colorido de los pavos reales en sus dominios.

El Rumel Australis fue recientemente reinagurado, con fachada refaccionada y habitaciones que también lucen mejoras. Tiene piscina climatizada, metida en una cápsula transparente, justo a la entrada de la playa.

Los aparts de Cilene tienen el privilegio de los grandes ventanales con vista al mar, inigualables. El aire salobre se respira en cada rincón y la presencia de la inmensidad azul es una constante.

En el muy tradicional balneario de Cariló, el Hemingway , ya hay público dispuesto a inaugurar la inminente temporada estival. Hay despliegue de carpas y el sushi club está funcionando. Es el prólogo de lo que a partir de enero se convertirá en actividades cotidianas: las clases de yoga y los espectáculos en vivo.

De mi campo es una parrilla ambientada como una gran casa de campo, donde sirven buena carne para alternar con las variables de un generoso salad bar.

Siguen siendo muy solicitadas las excelentes pizzas de masa fina que Marco Luconi (el italiano que llegó de la Toscana y aquí se quedó) prepara y cocina en horno de barro en Acqua & Farina . Con Cristina Cuoco, su mujer, se instaló en Cariló hace 16 años y desde el primer día sentó las bases de una cocina italiana sencillamente bien hecha, y que por supuesto no elude la elaboración de las pastas frescas. Bravo Marco.

 

En Mar de las Pampas

Muy cerca de Villa Gesell, la urbanización avanza también en este escondite adunado, pero como mantiene la gracia de proyectarse a pequeña escala, se permite ser todavía un lugar para "vivir sin prisa", según su consigna.

Las cabañas Despertar no son un complejo más. Construidas en piedra y madera, lucen una arquitectura de líneas geométricas, muy actual. Hay senderos que vinculan estos módulos, estanques donde flotan plantas acuáticas y la presencia de un Buda que se impone en el exterior ajardinado.

Quien llegue hasta aquí, no encontrará timbre ni campanilla para anunciarse, pero sí tendrá a modo de llamador un martillo (de madera) con el que deberá golpear (en un madero) y ser atendido. Además de estar disponible para el verano, este complejo escondido en el bosque es un lugar de meditación zen, un pequeño reino donde recomponer el equilibrio interior.

La Casa del Mar es una antigua cervecería que Juan Scuteri y Fernanda Stronati transformaron en un restaurante que funciona a la manera europea: ella atiende la sala y él, la cocina.

La cocina de Juan (con acento en los pescados) propone siempre una experiencia novedosa, ya que crear y recrear es para él un ejercicio cotidiano.



Una propuesta flamante es la del hotel boutique Mizu , que fue diseñado de acuerdo a las pautas del feng sui. Esta norma se impone en todos los ámbitos, incluido el del restaurante donde el servicio predominante es de sushi. Ocho cuartos decorados según los elementos -agua, tierra, madera, fuego- y cada uno con sus propios colores y materiales que los representan.

La vista al mar en Mar de las Pampas la ofrece Jaina , complejo de departamentos erigido sobre uno de los médanos más altos. Los departamentos son con terraza y tienen capacidad para dos, tres personas. Hay piscina también, ideal para quienes esquivan la sal en la piel pero adoran contemplar el mar.

Informe Olivia Sohr

Fotos Andreés Marte



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