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Una aventura todo terreno por lo menos conocido de Neuquén

El norte de la provincia, territorio aún poco explorado por el turismo, sorprende con historias de pioneros, maravillas naturales y hasta buenos vinos
El norte de la provincia, territorio aún poco explorado por el turismo, sorprende con historias de pioneros, maravillas naturales y hasta buenos vinos
Aníbal Mendoza
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17 de febrero de 2019  

Las postales imposibles de San Martín de los Andes, el Camino de los Siete Lagos y Villa La Angostura monopolizan los focos del viajero en busca de una Patagonia de libro. Los rayos de sol filtrándose entre los árboles de un bosque de arrayanes prefiguran durante 160 kilómetros el decorado de un futuro recuerdo. Los espejos de agua en ristra y la música para campamentos impregnan cualquier evocación con sus correspondientes anabólicos para que el viaje sedimente como leyenda.

Por encima de ese vergel hay otro Neuquén, menos pregonado en los folletos y que reclama su lugar en el mapa con provisiones de méritos.

El corredor norte de la provincia empalma el pasado y el presente a través de la recurrente aparición por las rutas de peregrinaciones de corderos, cabras y vacas bajo el mando de los arrieros de chambergo y faca y la atenta vigilia de unos border collies en nómina.

Esta práctica ya funcionaba así en la época de la colonia y perdura en el tiempo, con alguna que otra actualización, tanto para la temporada de las invernadas como de las veranadas. El crepúsculo retiene a los rebaños en acampadas a cielo abierto, con los hombres de campo recostados en sus monturas y sus pertrechos guarecidos, hoy en día, en relucientes todoterrenos.

Siga la vaca

La puerta de entrada al corredor norte es Chos Malal, 405 kilómetros arriba de la ciudad de Neuquén. El viajero puede encontrar los legados de la vieja capital de la provincia. La antigua sede de gobierno, el almacén de ramos generales reconvertido en museo, la iglesia y la plaza del pueblo, los remanentes de la época en que la ciudad era el paso obligado de los crianceros en la ruta del ganado entre las dos fronteras de la cordillera.

Los locales están acostumbrados a la presencia de los excursionistas que se le animan a la ruta 40 a lomo de moto o en bicicleta. La ceremonia es la misma para todos: retozar al sol en la costanera del río Curí Leuvu, a espaldas del cerro El Torreón, la tarjeta de visita del paraje. Desde allí se divisa el Volcán Tromen, el Cerro Mayal y el Cerro de la Virgen, anfitrión de senderistas en procesión. Al pie del actual museo municipal se celebró en 1987 el acto por el centenario de la ciudad, que legó una frase inmortalizada por Raúl Alfonsín. "A vos no te va tan mal, gordito, ¿no?", le espetó el presidente radical a uno de los manifestantes que no paraba de interrumpirle el discurso, palabras que funcionaron como una contraseña entre los amigos de la generación que las escuchó.

Chos Malal, puerta de entrada al circuito
Chos Malal, puerta de entrada al circuito

Para alborozo de sus visitantes, Chos Malal es una de las paradas de la ruta del vino provincial. La bodega Desde la Torre, camino por la ruta 40, hereda una tradición que data de finales del Siglo XIX continuada por la cuarta generación de una familia de origen francés. Uno de sus caldos, Trashumante, tiene coronita. Consagrado por el Papa Francisco, cada año el Vaticano se agencia 100 botellas para sus brindis de Navidad. Los hermanos Nicolás e Ibrahim de la Torre -el sommelier y el winemaker- junto a su padre Luis, acicalan los viñedos y ofrecen degustaciones estimuladas con escabeches de chivo y queso de cabra a 100 pesos por cabeza. Entre las botellas sobresalen también las líneas Identidad, blend de Malbec y Bonarda, 4ta Generación -Petit Verdot, Malbec y Cabernet Franc- el Hito de la Ruta 40 -Malbec- y el espumante Grace.

Con el alcohol ya evaporado de la sangre los curiosos de la arqueología pueden volantear por la ruta 43, a sólo 30 km de Chos Malal, para conocer el Museo Municipal Ana Biset en la entrada a la localidad de Caepe Malal. Allí se pueden contemplar los restos de un cementerio indígena precolombino, descubierto en 1988 y que presenta indicios de actividades cotidianas de 8000 años de antigüedad. Adornos personales, herramientas de desposte de ganado, ajuares, cráneos deformados desde niños como símbolos de estatus social. Un tesoro que da cuenta de los avatares de la cultura pehuenche.

Con devolución

Hacia el noroeste de Chos Malal se encuentran Huinganco y Andacollo, separados por apenas cinco kilómetros uno del otro. Si a Huiganco se la reconoce como el jardín de la Provincia mucho tiene que ver las buenas artes del Vivero Forestal y su medio siglo de plantación de bosques de pinos y alamedas que rediseñaron el paisaje de 230 mil hectáreas.

La visita al Museo del Árbol y la Madera permite contemplar rodajas de cipreses de más de 1200 años, troncos petrificados y ejemplares de la flora de la zona, simientes de un tinglado que le insufló una sobrevida a un pueblo cuyos habitantes emigraron a Plaza Huincul por la llamada del petróleo o al Alto Valle por la industria de la fruta. En su local da ternura descubrir que los pinos bebés cotizan a 15 pesos, y los brotes para riego a sólo 2, postulantes a la categoría de productos encantadores a precios ridículos.

La ruta provincial Nº 39 permite cotejar los encantos del cielo de Andacollo a orillas del río Neuquén. Los amantes de la pesca con mosca arriban a este sitio con la parsimonia de francotiradores de élite. Los ríos provisto de las aguas del deshielo de las montañas, entre correderas, son refugio de truchas marrones o las arco iris de hasta 3 kilos, piezas que cotizan alto en el imaginario del gremio. Los más experimentados hacen lecturas de agua para saber dónde hay pique y si la ocasión amerita enfilar hacia el río Reñi Leuvu, el Trocomán, donde también esperan pejerreyes y percas, o el arroyo Ñireco, que suma truchas fontinalis. Todo bicho que bucea vuelve a su casa. La devolución es obligatoria y la recompensa, como el travelling para Godard, es una cuestión moral.

Agua va

Vale la pena madrugar y desayunar como reyes para emprender el camino hacia el río Nahueve y las lagunas de Epulaufquen. El parque alberga las lagunas Superior e Inferior, unidas entre sí por el arroyo La Nasa. Para entrarle a todo hay que tener aguante y las viandas recargadas. Se puede optar por el sendero más chico, Los Robles, y hacerse una idea de su dimensión a escala remolona (el otro sendero, Cascada Chaquira, demanda cinco horas). El trekking, para quien no está para tantos trotes, igual depara el candor de los relieves. Cascadas, vertientes y montañas para deleitarse en instantáneas clonadas de las torres del Paine chilenas, con traqueteo de carpinteros patagónicos y el abismo a golpe de vista.

En la región que comprende las lagunas de Epu Lauquen tuvo lugar en 1832 una de las batallas finales contra un bastión de lúmpenes y cuatreros con fidelidad al rey de España a cargo de los Hermanos Pincheira, en manos del General chileno Bulnes.

Al desandar el camino de vuelta vale la pena pasar por la Cascada La Fragua, en Manzano Amargo, llamada así porque remeda el sonido de la forja del hierro. Es un salto de agua de 40 metros que el año pasado se congeló por una ola polar y quedó tiritando como estalactita de dibujo animado.

Alto en el cielo

El que domina el paisaje sin rivales es el volcán Domuyo, techo de la Patagonia con sus 4770 metros que se hacen ver en toda el área protegida homónima que discurre entre los departamentos Minas y Chos Malal.

Desde el mirador La Puntilla, a cinco kilómetros de Las Ovejas, se puede divisar la trama gracias a los seis balcones unidos por una pasarela confeccionados en madera. También se reflejan en la panorámica la Cordillera del Viento y la Cordillera de los Andes con sus cerros en degradé y picos blancos para enmarcar.

En el parque resuenan los zumbidos de la actividad volcánica bajo la forma de géiseres, fumarolas y arroyos de aguas termales. Las Hoyetas y Los Tachos escupen para arriba las 24 horas su agua sulfurosa que da vida a una comunidad de algas endémicas de ocres fosforescentes. No está ni para meter los dedos. El que quiera experimentar las aguas termales puede acudir al paraje Aguas Calientes y hacer pie en un pozo a 40 grados, hasta que se acostumbre el cuerpo al latigazo del calor.

Para el postre espera la singular formación de Los Bolillos, a 20 kilómetros de Varvarco. Un santuario de erupciones que adoptan la forma de una asamblea de monjes franciscanos de capucha y sotana. En una de sus colinas serpentea un camino hacia un cementerio improvisado para los muertos por la fiebre amarilla a principios del siglo pasado. El paisaje saca de la galera tótems cincelados por años de erosión. El silencio completa el cuadro, acompañado por la prudencia de un tábano y estorbado por el dron de un turista que que capta en ese instante el embrujo de los destinos que recién asoman a la superficie.

Datos útiles

Cómo llegar: Aerolíneas programa vuelos diarios a Neuquén desde Aeroparque a un costo de 4075 pesos ida y vuelta. El viaje dura 1:35.Desde la terminal de autobuses de Neuquén salen micros diarios a Chosmalal desde 1.114 pesos (5:50 hs). También se pueden contratar servicios de transfer desde el mismo aeropuerto.

Más información: www.neuquentur.gob.ar

Dónde parar

  • Hostería Huinganco. El hotel es uno de los tres establecimientos regenteados por la provincia. Elegante y acogedor, alberga el restaurante El Pirquinero. Habitación doble con desayuno buffet desde 1950 pesos. Menú neuquino (bruschettas de queso de cabra y escabeche de hongos más, sorrentinos de chivo y Bizcocho de chocolate a 530 pesos). www.hosteriahuinganco.com.ar
  • Estancia Chochoy Mallin. Sobre la ruta 6 destaca este antiguo paraje de pioneros reconvertido en lodge. Se trata de una tradicional casa de campo restaurada con todo el confort moderno en un entorno natural acunado por la cordillera del Viento y el volcán Domuyo, especial guarida para los cultores de la pesca con mosca. La estadía cuesta desde 210 dólares por persona, incluye cuatro comidas (sabores regionales con vinos de alta gama). www.estanciachochoymallin.com

Qué hacer:

  • Salidas de pesca con mosca. Es condición excluyente gestionar el permiso de temporada y estar acompañado por guía. Una guiada que dura todo el día, con traslados y comidas cuesta 7.800 pesos para 2 personas. www.facebook.com/juancarlos.carrera.122/
  • Expedición Domuyo: Ascenso de 4 días hasta el Techo de la Patagonia, con 4709 msnm.
  • Excursión a la Laguna Epulaufquen, visita a los Petroglifos de Colomichicó y el Circuito Termal. Esta última incluye una visita a Los Bolillos, manifestaciones volcánicas de rocas erosionadas por el viento únicas en el mundo..

Más información: www.turismorumbonorte.com

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