
El bar El Balón, una joya histórica en Villa Mitre desde 1955
Vanessa Bell presenta la primera temporada de “Con Otros Ojos”, un ciclo que invita a redescubrir la ciudad a través de sus rincones más auténticos, sus historias y las personas que los habitan
Mitad argentina, mitad inglesa, y con más de 16 años viviendo en la ciudad, Vanessa Bell, escritora y curadora, presenta “Con Otros Ojos”, el nuevo ciclo de LA NACION que propone recorrer Buenos Aires desde una mirada alternativa: más cercana, más humana y enfocada en esos detalles que muchas veces pasan desapercibidos.
El primer capítulo de la serie transcurre en el bar El Balón, un clásico porteño ubicado en el barrio de Villa General Mitre, con más de medio siglo de historia y reconocido también por haber sido una de las locaciones de la película Argentina, 1985. Fundado en 1955 por inmigrantes españoles, su nombre refiere a la medida de cerveza tirada que se sirve en copa ovalada, unos de los rituales que todavía hoy define la experiencia del lugar.
Un bar que conserva su esencia
Desde el inicio, el recorrido pone en valor aquello que no cambia. “Una de las cosas que destaco mucho de este bar en particular es el mobiliario y el interiorismo, muy modernista y muy bien preservado, como en medio de una cápsula en el tiempo”, señala Vanessa.
El lugar mantiene elementos originales de los años cincuenta y sesenta: las sillas, los mosaicos, la cartelería y hasta el piso. Todo responde a la decisión consciente de la familia que lo gestiona desde sus inicios.
“Para ellos es muy importante preservar estos elementos para mantener el bar con la esencia de siempre”, explica el Ariel Bulacio, que trabaja allí como mozo desde fines de los años ochenta y fue testigo de distintas etapas del lugar.
Historias que construyen identidad
Más allá de lo material, el valor del bar está en su gente. En las conversaciones con quienes lo habitan aparece el sentido de pertenencia como una constante.
“Comencé de bachero, era muy chico. Mis jefes y compañeros me ayudaron a orientarme”, cuenta David “Carlitos” Arias, que llegó desde Jujuy en busca de oportunidades de progreso y hoy forma parte de un equipo que describe como una familia. Esa idea atraviesa todo el relato. “Me siento parte de la familia”, agrega, dando cuenta de un vínculo que va más allá de lo laboral.
El bar es también un espacio de continuidad generacional. “Vienen los abuelos, después los hijos, después los nietos… y muchos piden siempre lo mismo”, relata “Carlitos”.
Rituales que sobreviven al tiempo
En “Con otros ojos”, los pequeños gestos adquieren protagonismo. Vanessa pone el foco en esos rituales que construyen identidad: pedir un “balón”, compartir una picada, repetir platos que remiten a la infancia. “Es un bar que sigue preservando ciertas costumbres y rituales. Hay algo ceremonial en todo esto”, describe.
Ese vínculo emocional también se refleja en los clientes habituales. “A veces las palabras están de más. Uno ya lo conoce y le servimos directamente”, explica “Carlitos”, sobre una dinámica donde la confianza reemplaza al protocolo.
Redescubrir lo cotidiano
Con una mirada sensible y sin artificios, “Con otros ojos” propone volver a lo esencial. A los lugares que resisten, a las personas que sostienen tradiciones y a los vínculos que se construyen en lo cotidiano.
“El balón es un lugar donde siempre encuentro calidez, sencillez y una cosa humana que cada vez se ve menos”, concluye Vanessa.
Así comienza esta primera temporada, con la invitación a mirar de nuevo, a detenerse y a descubrir que, muchas veces, lo extraordinario está en lo que siempre estuvo ahí.








