Chile: Piñera, entre chamanes y velas
Libro aborda los complejos días en ese 2019.
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Las autoras de "Piñera en Jaque", Gloria Faúndez y Paula Catena, editoras del diario La Tercera, revelan cómo el entonces presidente Piñera se vio "sobrepasado por aquel conflicto" y "no supo cómo manejarlo", después del alza de 30 pesos chilenos (unos tres centavos de dólar) en el transporte público, que desató la ira de los ciudadanos en Santiago.
La violencia en los alrededores de La Moneda acentuó las divisiones internas entre moderados y "Halcones", un grupo radical encabezado por Andrés Chadwick, primo de Piñera y ministro del Interior, defensor de una política de "mano dura" frente a los disturbios. Sin embargo, pronto quedó claro que el gobierno se encontraba en una situación precaria.
Un extracto del libro indica que "el principal consejero de Piñera andaba cabizbajo y tomaba nota de la fragilidad policial". Basado en más de un centenar de entrevistas con asesores, autoridades y familiares del ex mandatario, se concluye que "el estallido lo descolocó absolutamente" y que "no supo cómo manejarlo".
Parte de esta crisis se atribuye al "desmoronamiento de Chadwick", quien fue destituido el 28 de octubre, solo diez días después del inicio de las protestas.
Piñera se quejaba de la falta de información para enfrentar la crisis, mostrando signos de irritabilidad y poca paciencia, y a menudo se recluía en una capilla de La Moneda para estar solo y rezar.
Con militares en las calles y un Estado de Emergencia declarado, los disturbios aumentaban. En un intento por restaurar la calma, se revela que, con el permiso de Piñera, se distribuyeron velas azules en rincones de La Moneda para "hacer una limpieza" del ambiente del edificio. Además, bajo "estricta reserva", pasaron por su oficina "consejeros espirituales, chamanes y 'brujas'" recomendados por algunos de sus asesores, incluida la ministra Karla Rubilar.
Un excolaborador, citado en el libro, describe cómo comenzó a notar que Piñera se mostraba "errático, sin margen de acción" y que "nada calmaba la violencia". Sus "típicos tics nerviosos se hicieron más notorios", como levantar un hombro y tirarse de la manga de la camisa de manera compulsiva, según las autoras.
(ANSA).
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