
La artista, actriz y DJ creció en una casa en la que su padre, Luis Alberto, tuvo diversos vehículos, desde un par de Escarabajo hasta una coupé Mitsubishi Eclipse, entre otros modelos japoneses
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Artista, actriz, DJ y creativa multifacética, Catarina Spinetta lleva con orgullo su apellido y lo honra con sus trabajos llenos de calidez, personalidad y respeto. Esto último, es lo primero que aprendió cuando, “luego de hacer algunos garabatos manejando un auto con mi prima en el campo tenía alguna idea; pero, quería aprender a hacerlo bien y de manera responsable, como tomo todo en mi vida, con seriedad. Siempre me gustaron los autos; a los 17 años fui a una academia y ni bien cumplí 18 estaba muy ansiosa por salir a manejar y fui a sacar el registro con mi papá (Luis Alberto). Di el examen en un Peugeot 405 diésel nuevo que él le regaló a mi mamá (Patricia Salazar) y que quería que yo lo usara también”.
En su casa paterna, los autos siempre estuvieron presentes porque “mi papá era muy fan y tenía varios. Tuvo dos Escarabajo por mucho tiempo; uno celeste, alemán, reviejo y otro del ochenta, negro, brasileño, una joya. Vivíamos en Castelar y esos autos se bancaban todas. Al mismo tiempo tuvo un Mercedes-Benz de colección muy lindo, junto con una furgoneta Volkswagen en la que con mis hermanos sentíamos que teníamos una megacasa, porque nos ponían colchones y dormíamos ahí. Mamá tuvo un Fiat 147 y después empezaron con los autos japoneses, porque eran fans de esa cultura; entonces tuvimos un Toyota Corolla de los primeros, con el capot caído. Me acuerdo la alegría de papá cuando llegó con ese auto”.
Catarina recuerda que su padre usaba el auto para trasladar sus equipos o salir en familia; “pero mi viejo no agarraba ruta larga y con mamá sólo fuimos hasta Mar del Plata”.
Junto con su pareja, el actor Nahuel Mutti, han tenido un Chevrolet Corsa, varios Corolla y Nissan. “Hoy, debido a que la familia es grande y vivimos en Maschwitz, necesitamos algo más alto como una camioneta; por eso, tenemos un Chery Tiggo y un Ford EcoSport”.
Como artista busca siempre algo más y con los vehículos también. “De los autos quiero que sean confortables, seguros, espaciosos y altos para no dañarlo al pasar por desniveles. Pero, me gusta la estética, tiene que entrarme por los ojos, atraerme el diseño y el color; no me da lo mismo cualquiera. El sistema de audio tiene que ser potente, con buena fidelidad y debe tener tecnología como el Bluetooth. Está buenísimo que tengan cada vez más elementos electrónicos”.
La artista usa su auto para el trabajo, ir de viaje y llevar a sus hijos a todas partes y durante el viaje siempre escucha música. Realiza viajes cortos y en los de mayor distancia, como a Brasil, comparte el volante con Nahuel.
“No entiendo mucho de mecánica, pero siempre trato de meter mano en todo y de resolverlo antes de llamar el auxilio. Aunque hoy en día los autos vienen con una tecnología que se te complica. Hace poco ayudé a una amiga a cambiar un neumático; me gusta resolver en el momento”.
Responsabilidad ante todo
Tiene tres hijos: Angelo (16), Benicio (15) y Justino (6). “Al mayor le he enseñado lo básico; en las calles de tierra, donde no hay nadie y en un ámbito seguro. Va a tomar clases de manejo porque para salir en auto de acá, tenés que tomar la colectora, que es doble mano, y con colectivos y autos que van rápido. Para eso, debes estar bien preparado. Por eso, es importante que aprenda con alguien profesional y en un auto de doble comando para evitar cualquier incidente. Quiero que espere para sacar el registro, que esté seguro, que lo haga bien y de manera responsable”.
Le impacta que muchas personas no usen el cinturón de seguridad. “¿Por qué lo hacen, si eso puede salvar tu vida o la de tu hijo? Se debe tomar conciencia y respetar las normas de tránsito, hay que enseñarle a los chicos, educarlos en la seguridad vial y que usen el cinturón desde el primer día; es responsabilidad de los adultos”.
“Como sueño, me muero de ganas de manejar un Lamborghini. Hablando de ellos, recuerdo que papá compró una Mitsubishi Eclipse roja 0km. Era el sueño del pibe. Me pasó a buscar con el auto y me dijo ‘manejalo’; si bien me negué, insistió hasta que acepté, me subí y me parecía que iba en el piso: fue impresionante. Lo tuvo un tiempo, se dio el gusto y lo vendió. A él, la ostentación no le iba”.
El vínculo de Catarina con los autos está impreso en su ADN, desde el amor de su padre por ellos, hasta la canción que la acompaña desde hace muchos años: Little Red Corvette de Prince. “Soy fan de Prince, amo esa canción, la estética del video y la letra que habla de ese auto, el Corvette rojo. Fue como una fantasía cuando la escuche la primera vez y hoy me sigue gustando”.






