
En apenas un año, Javier Pizzolito pasó de quedarse sin participar el Dakar 2010 por el incendio de su moto a ser en esta edición, merced al 18º lugar, el mejor representante de la Argentina en la clasificación general de motos
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Parecía que el sueño de Javier Pizzolito de poder correr con Dakar de disolvía en el mismo instante que el fuego acababa con Honda. En ese momento, el piloto nacido en General Madariaga, Buenos Aires, se convertía en el primero en abandonar el Dakar 2010 sin siquiera haber podido largar.
Pero mientras junto con su grupo de trabajo abandonaba el predio ferial de Palermo con la ilusión trunca, el piloto de Enduro anunciaba que eso no lo detendría y que, pronto, habría revancha.
"Esto es una gran desilusión, un golpe difícil de digerir. Pero tenemos que empezar a trabajar en el próximo Dakar", decía por aquellos días.
Mientras se abocaba a revalidar el título obtenido en 2009 en el Campeonato Argentino de Rally Cross Country, durante la segunda parte del 2010 Pizzolito, junto con Honda Racing Argentina, se dedicó a preparar la Honda CRX 450 X con la que, finalmente, se pudo dar el gran gusto de conocer desde adentro lo que significa un Dakar.
La aventura no comenzó bien. Una fuerte caída en la 2ª etapa, esa que unió Córdoba con San Miguel de Tucumán, provocó algunos daños en la moto y más de una hora, tiempo que le llevó arreglarla, de retraso para el argentino.
"No pude con mi genio, salí a acelerar desde el principio y morí en mi ley. Lo pagué caro porque eso provocó que tenga que empezar a largar muy retrasado", cuenta, ya más tranquilo, Pizzolito.
A partir de allí, el progreso en el clasificador no se detuvo. La meta planteada antes de comenzar la competencia de terminar dentro de los 20 mejores, comenzó a estar más cerca, a pesar de haber quedado 92º en la clasificación general.
Cumplida la 5ª etapa, el piloto de 30 años se convirtió en el mejor representante de nuestro país en el acumulado de la prueba, y dos días más tarde, alcanzó su punto más alto en la edición al concluir en un excelente 7° lugar en la 7ª etapa. Allí, ya el 21er lugar, el sueño comenzaba a hacerse realidad.
"Siempre que trabajo lo hago aspirando a alcanzar lo máximo que pienso que puedo llegar y, a pesar del accidente, esto es lo que me propuse al largar. Sé que más allá del puesto, poder terminarlo es un logro muy bueno. Pero quiero que sea dentro de los 20 mejores", indicaba quien desde hace ya varios años reside en la balnearia ciudad de Pinamar.
Pero, como el espíritu Dakar lo indica, debió sufrir más de la cuenta. Cuando todo indicaba que las últimas especiales resultarían un trámite por la superficie que ellas presentaban, la lluvia le puso un condimento extra a la vuelta a Córdoba, la penúltima etapa.
"Esperábamos que sea la más tranquila, pero esto es Dakar y se complicó. No llueve nunca, llovió la noche previa, los camiones abrieron el camino, se hizo una huella muy grande, con más de medio metro de profundidad con un barro líquido muy difícil de superar. Pensé que me quedaba", señaló, con la tranquilidad de haber llegado, Pizzolito al arribar a la capital mediterránea.
Sólo restaba el último esfuerzo. El autódromo de Baradero, donde la 33ª edición llegaba a su fin, lo esperaba. "Es un gran desahogo después de tanto esfuerzo. Con la gente de Honda, nos propusimos esto y con mucho esfuerzo lo fuimos consiguiendo. Durante la carrera pensamos que se nos esfumaba por algunas caídas pero con más trabajo y esfuerzo, pudimos concretarlo. Ahora a disfrutarlo, pero trabajando para tratar de mejorar en 2012. Estar entre los 18º mejores no es fácil", reflexionó Pizzolito, minutos después del punto emotivo más alto de la prueba que fue la premiación en La Rural.
A poco más de un año de una de las frustraciones más grandes de su trayectoria, Javier Pizzolito vive su día más feliz.
"Esto trasciende lo deportivo, es una prueba contra uno mismo", aseveró quien tuvo el enorme privilegio de ser el mejor representante argentino.






