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El apoyacabezas no es un elemento de confort. Es un dispositivo de seguridad pasiva muy importante.
¿Por qué? Evita o disminuye las consecuencias del efecto conocido como latigazo cervical, que puede dañar las vértebras, los discos, los músculos y los nervios cervicales. Esto es desde un simple esguince en el cuello hasta una lesión medular, incluida una tetraplejía.
Este efecto se produce por el movimiento violento de la cabeza hacia adelante y luego hacia atrás, en vaivén o zigzag, durante una colisión, por la aceleración y desaceleración brusca que se produce (en especial en choques laterales y desde atrás). Una colisión a sólo 9 km/h es capaz de provocar un latigazo.
Por eso, es muy importante la altura a la que se regula el apoyacabezas y el asiento. Este, nunca inclinarlo demasiado: no es recomendable más de 25° respecto de la vertical, pero lo mejor es colocar el respaldo a 100°, porque eso también facilita el movimiento de los brazos al volantear.
Respecto del apoyacabezas en sí, el borde más elevado de éste debe estar a la altura de la parte superior de la cabeza y separado a una distancia no superior a los 4 centímetros. Tenga en cuenta que, en muchos modelos, estos elementos se regulan en altura.
En el caso de las sillitas para niños, si éstas sobresalen del asiento deben cambiarse por un modelo que no lo supere o se regule. Además, el niño debe ir bien atado con los arneses de seguridad del asiento especial.






