
Estamos en 1976. Hay dos hombres en pugna por el Campeonato Mundial de Pilotos, en la mejor época de la Fórmula 1, la más pareja y variada de la historia, tanto por el nivel de los pilotos como en las soluciones mecánicas que estaban permitidas.
Una F1 donde una Ferrari 312T se distinguía perfectamente de un McLaren M23-Cosworth que, a su vez, era inconfundible frente a un Brabham BT45-Alfa Romeo o a los Tyrrell P34 de seis ruedas.
¿Quiénes son los hombres en pugna? Uno es Niki Lauda, campeón mundial vigente, que había hecho resucitar en 1975 a Ferrari, que no lograba un campeonato mundial desde que John Surtees lo ganara en 1964. Piloto frío, metódico, calculador, gran tester, sumamente analítico y veloz. Vida privada ascética.
Del otro lado, el polo opuesto. Un piloto puro talento, improvisador, agresivo, superveloz, a todo o nada, que vive una vida de playboy entre mujeres, juergas, fiestas, cigarrillos y no poco alcohol: James Hunt.
Un contrapunto en los estilos de vida y en su enfoque de las competencias. "Niki, esto es un deporte, hay que divertirse", dice Hunt. "Te equivocas, esto es un trabajo por el que nos pagan", responde el austríaco.
Pero el contrapunto se diluye cuando los sentimientos y la vida sacuden a uno y otro. A Lauda, con su terrible accidente de Nürburgring y su cruenta recuperación en sólo 42 días. A Hunt, con el abandono de su esposa, Suzy, que se fue a los brazos del actor Richard Burton.
La carrera final en Monte Fuji, bajo un diluvio, muestra la determinación y las convicciones de ambos. Cómo, en un punto, el piloto frío y calculador se vuelve humano (Lauda abandonó en la segunda vuelta porque consideró que era muy riesgoso correr así), mientras que Hunt enfrenta a la muerte en una temeraria remontada para alcanzar el tercer puesto que lo consagraría campeón.
De esto trata la película Rush, que dirigida por Ron Howard recrea no sólo esta lucha de personalidades, con sus frustraciones, miedos y altibajos, sino también el estilo transgresor y desenfadado de la F1 de los 70 y de aquella época en general. Imperdible, no sólo para los que gustan de los autos y las carreras.







