
Yacimientos arqueológicos precolombinos, un microclima fresco y húmedo, más el imponente paisaje hacen de Tafí un lugar fascinante y misterioso
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Cuando, en pleno verano, uno avanza por la agobiante llanura, rodeado por las plantaciones de caña de azúcar, y se va acercando a las brumosas sierras del Aconquija, empieza a penetrar en el misterio de la selva tucumana. La vegetación se hace densa y la ruta, cada vez más angosta, parece encarar una pared verde insuperable. Cuando creemos que no hay paso, el camino trepa zigzagueante y se mete como víbora por el frondoso follaje.
Estamos trepando la Quebrada de los Sosa. El pavimento siempre está mojado por la alta humedad y, con mucha precaución, seguimos por una cuesta cada vez más empinada. Pasamos por el imponente Monumento al Indio y por parajes curiosos, como La Heladera. Allí está verdaderamente fresco. En 15 minutos, olvidamos el sopor de la llanura.
Cuando pensamos que la selva no termina, se abre un gran valle y en pocos metros nos encontramos con una planicie fascinante y paradisíaca rodeada por las altas cumbres del nevado de Aconquija y las cumbres Calchaquíes. Hemos trepado a 2000 metros de y estamos en un valle que albergó culturas milenarias.
Excelente clima, mejor paisaje y el misterio de sus yacimientos arqueológicos hacen de Tafí del Valle una joya que se está convirtiendo en un destino turístico que trasciende las fronteras de Tucumán.
Un poco de historia
Los antiguos moradores de estos parajes dejaron en Tafí impresionantes y enigmáticos testimonios arqueológicos, como los menhires del parque de la Loma de la Angostura. Grandes piedras labradas de hasta 3 metros de altura construidas antes de la llegada de los incas.
La salida al norte del valle nos conduce hacia el valle del río Santa María, constituyendo la parte sur de los famosos Valles Calchaquíes.
Más de 10 hoteles y una docena de restaurantes con elaborados platos típicos (locro, humitas, tamales, huaschalocro, charquicillo y las tradicionales empanadas tucumanas), aseguran el éxito turístico.
Los sacerdotes jesuitas iniciaron una tradición en la producción artesanal de quesos, cuyo sabor único muchos atribuyen a las excelentes pasturas de altura (el algarrobillo a 2000 m.s.n.m.).
En viaje
Desde San Miguel de Tucumán, son poco más de 100 km por la RN38, desviándonos en Acheral por la RP307. Esta ruta sube la Quebrada de los Sosa y lleva al valle.
Desde Buenos Aires, en automóvil la vía es la RN 9 hasta Rosario y desde allí la RN 34, hasta Santiago del Estero. Luego, por las Termas de Río Hondo, la RN 9 hacia Tucumán.
Si optamos por seguir directo hacia Tafí del Valle sin entrar en Tucumán, continuamos por la RN 9 y 26 km después de cruzada la frontera entre Santiago y Tucumán se llega a Agua Azul, donde está el cruce con la RP 329. Allí tomamos ésta hacia Santa Rosa de Leales; luego, hacia Río Colorado, Famaillá y Acheral, donde nace la RP307. La distancia total desde Buenos Aires, es de algo más de 1300 kilómetros.
Tafí del Valle puede ser visitada durante todo el año. La temporada fuerte comienza en diciembre, pero febrero es el mes de mayor concurrencia, ya que se festeja la Fiesta Nacional del Queso . Una ocasión especial es Semana Santa, pues desde 1992 se representa La Pasión del valle de Tafí.
Fuente: www.4x4cafe.com





