
Con formato crossover y ahora importado de España, el compacto de la marca de los dos chevrones llega con una mecánica micro híbrida y una propuesta que reúne confort, tecnología y prestaciones
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El nombre C4 no es nuevo en nuestro mercado. Es el modelo que Citroën fabricó en su planta de El Palomar entre 2007 y 2021. De ahí salió en varios de los formatos convencionales (sedán, hatchback, coupé) y estar entre los “cuatro puertas” más vendidos del país.
Ahora, después de algunos años de ausencia y gracias a la apertura de las importaciones, la automotriz del Grupo Stellantis lo trae de vuelta, ya en su tercera generación y con un salto tecnológico de fondo: es la primera vez que la marca ofrece en el país una mecánica híbrida.
Llega importado de España y en dos versiones, Hybrid Plus e Hybrid Max; esta última fue la que probamos.
El diseño se aleja por completo de la propuesta más clásica que tenía el C4 anterior y adopta un lenguaje más moderno y acorde con las tendencias, con una carrocería crossover y una silueta tipo Fastback y que se emparenta con otro modelo de la firma, el Basalt. ¿El cambio le sentó bien? Claramente, porque se lo ve realmente atractivo.

En ese sentido, este C4 es un poco más amplio que aquél: mide 4,35 m de largo, 1,834 m de ancho, 1,525 m de alto y 2,67 m de distancia entre ejes.
Yendo específicamente a los detalles, en el frente aparece un capot con nervaduras marcadas, una parrilla angosta que está dividida por el nuevo logo y que se apoya sobre un paragolpes de inspiración SUV; los faros (con tecnología full LED) están divididos en tres tramos horizontales y se completan atrás con ópticas que remarcan el ancho del auto.
De perfil, el techo remata en un portón de baúl de corte vertical y abrupto y el detalle más particular está en el pilar C, muy delgado, que la automotriz presenta como un guiño a berlinas históricas de la marca como el CX y el C6.
Atrás se nota el aire SUV, con un juego de luces completamente renovado que refuerzan la anchura visual y que sobresalen de la carrocería. Lo acompaña un embellecedor en acabado negro que une las ópticas y la doble salida de escape.
Puertas adentro la propuesta mezcla tradición con tecnología. Los mandos, muchos con teclas físicas, están bien distribuidos y el espacio es correcto como para que viajen cuatro adultos (en las plazas traseras la altura se complica por la caída del techo). La posición de manejo es óptima y fácil de hallar, pero la visibilidad hacia el exterior se complica especialmente hacia atrás debido a que la luneta está atravesada por el alerón; además, no tiene limpialuneta.

Estrena los asientos con el sistema Advanced Comfort, que tienen 15 mm adicionales de espuma y una capa de alta densidad en el centro del almohadón, que se sienten bien y permiten pasar horas al volante sin generar cansancio.
Tapizados en ecocuero, cargador inalámbrico para celulares, cámara de retroceso, sensores de estacionamiento delanteros y traseros, techo panorámico, butacas delanteras con calefacción y climatizador bizona forman parte de la amplia dotación de elementos de confort. A nivel techy suma un flamante cuadro de instrumentos digital de 7” y pantalla multimedia de 10” compatible con Android Auto y Apple CarPlay, que se opera mediante el sistema Citroën Connect.
El equipamiento de seguridad incluye 6 airbags, frenos ABS y EBD, controles de estabilidad y tracción, asistente de arranque en pendiente, anclajes Isofix, y todo el Pack Drive Assist, que consta de freno de seguridad activo, alerta de riesgo de colisión, aviso de cambio involuntario de carril, vigilancia de ángulo muerto, reconocimiento de señales de velocidad, control de velocidad crucero adaptativo con función Stop & Go y proyectores delanteros inteligentes.
Acorde con lo esperado
Veamos la propuesta mecánica. Encontramos un sistema de hibridación leve (MHEV) que no necesita enchufarse, compuesto por un motor naftero con turbo de 1.2 L de cilindrada, 3 cilindros y 12 válvulas, que produce 136 CV a 5500 rpm y 23,47 kgm de par a 1750 rpm y otro eléctrico de 28 CV (21 kW) y 5,61 kgm de par, alimentado por una batería de iones de litio de 48 V con 0,432 kWh de capacidad útil; juntos entregan una potencia combinada de 145 CV. La caja es automática de doble embrague ë-DCS de 6 velocidades y la tracción delantera.
Si bien es un conjunto que busca priorizar el bajo consumo de combustible, no desentona en lo que hace a la conducción, ya que tiene suficientes potencia y torque como para ofrecer respuestas rápidas y un rendimiento alto; la transmisión, pensada específicamente para este tipo de mecánica, acompaña con un pase de marchas suave y rápido.
De ahí que las prestaciones sean correctas: acelera de 0 a 100 km/h en 10,2 segundos, recupera de 80 a 120 km/h en 7,2 segundos y la velocidad máxima declarada por el fabricante es de 210 km/h.
Por otra parte, cuando se está en medio del tránsito, el auto se mueve en modo ciento por ciento eléctrico, con funciones específicas como el arranque silencioso (e-Launch), el desplazamiento a baja velocidad (e-Creeping) y el avance en embotellamientos (e-Queueing). Todo apunta, como se dijo, a gastar menos nafta. Y se nota, pues en promedio nos dios 6,4 L/100 km en uso mixto (ciudad y ruta).

Yendo al confort de marcha, hay que admitir que este C4 tiene un andar que hace acordar a los Citroën old school que tanto supimos disfrutar aquí: cómodo, mullido, suave, silencioso... Viajar en él es un verdadero placer.
Lo mismo corre para el comportamiento dinámico: buen agarre, mejor tenida en curvas y mucho aplomo en velocidad.




