
Diseñadas para la exposición “Nagasaki Journey” de 1990, estas estructuras lúdicas atraen ahora a turistas de todo el mundo; a lo largo de la ruta, las paradas de colectivo aluden a frutas
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Más allá de la riqueza de su cultura tradicional, Japón atrae a los viajeros con sus creaciones monumentales, que combinan arte, funcionalidad y una arquitectura lúdica. En la ruta 207, en el distrito de Konagai de Isahaya (prefectura de Nagasaki), las paradas de autobús tradicionales han recibido una transformación inusual: frutas gigantes.

En total, 16 refugios para pasajeros transforman el paisaje de la autopista. La iniciativa se creó para dar la bienvenida a los visitantes de la exposición “El viaje de Nagasaki”, celebrada en 1990 en honor a las víctimas y en memoria del ataque atómico ocurrido en 1945 en la ciudad.

El proyecto pionero comenzó un año antes, en 1989, con la instalación de una estructura con forma de mikan, la famosa mandarina japonesa. Con sus colores vibrantes y su diseño lúdico, estos refugios se han convertido en una visita obligada para viajeros de todo el mundo que buscan oportunidades fotográficas creativas.

De las 16 instalaciones, que incluyen réplicas de frutillas, mandarinas, sandías, tomates y melones, 14 están distribuidas a lo largo de la ruta que conduce a la prefectura de Saga, siguiendo el paisaje costero.

El proyecto fue concebido por el estudio tecnológico Time Design Office, y la ejecución y la ingeniería fueron coordinadas por Yoshitsugu Industries en colaboración con la administración pública local.

Las esculturas, estructuradas en mortero y malla metálica, recibieron un acabado meticuloso. Detalles como tallos, hojas y semillas fueron tallados a mano mediante procesos artesanales, incluyendo herramientas improvisadas —como latas de café— para moldear relieves y texturas en la superficie.

Más allá de la escala monumental de las paradas de autobús, la ubicación de cada una constituye un espectáculo en sí misma. En verano, los vibrantes colores de las esculturas contrastan con el azul del océano, transformando las frutas en atractivos telón de fondo para contemplar el paisaje y reunirse con la familia.




