
Noel de Castro busca cumplir su sueño y llevar al país a la Estación Espacial Internacional (EEI) en lo que podría ser la primer misión latinoamericana en lograrlo
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El período entre las 2 y las 5 de la madrugada es conocido como la hora de las estrellas fugaces. Según estudios, es ese el momento en el que es más probable ver meteoros surcar el cielo, dejando una estela luminosa a su paso.
El fenómeno es tan especial como mágico y, si bien tiene una explicación científica, la reacción natural de cualquier persona es directamente la opuesta: cuando aparece una, hay que pedir un deseo.
Noel de Castro nació en Salta en 1997 y probablemente haya visto más de una estrella fugaz en su vida. Seguramente también, haya pedido más de un deseo al verlas. Aunque hoy entiende su origen físico y tiene una explicación académica para relatar ese fenómeno, acercarse a ser la primera argentina en viajar al espacio tiene un poco de inteligencia, capacidad, tenacidad y unos cuantos deseos.
Desde Cabo Cañaveral, el principal centro de actividades espaciales de Estados Unidos, atiende a LA NACION pocos días después de que el Artemis II haya despegado rumbo a la Luna. Tiene apenas 28 años y un recorrido de habilidades y experiencias poco común.

Es ingeniera biomédica de la Universidad Favaloro, especialista en bioastronáutica, bucea, hace aviación, formó parte de una campaña de Hyundai y vive en Estados Unidos. Fue una de las nueve personas de todo el mundo seleccionadas para formar parte del Project Possum, un programa para estudiar “la dinámica de la atmósfera superior y su papel en el cambiante clima global” en el Instituto Internacional de Ciencias Astronómicas.
Esta cerca de convertirse en la primera argentina en viajar al espacio. El objetivo: principios de 2027, año en el que se lanzará una expedición a la Estación Espacial Internacional (EEI) y en el que Noel y la Argentina podrían tener un lugar clave.
“Propuse a la Argentina hacer la primera misión espacial y empezar a entrenar astronautas a lo largo del tiempo. Que con los F-16 y la base en la Antártida, la Argentina pueda ser parte de la historia, tener su propia misión espacial y aportar en el entrenamiento de astronautas“, comenta.
Su proyecto, cuenta, no es viajar dentro de la NASA sino crear una misión espacial argentina y promover el desarrollo de la industria espacial local. Es, sin dudas, un camino difícil que implica diálogo con el Gobierno, empresas, entrenamiento constante y asumir un riesgo de vida.
Pasión, constancia y el despertar del sueño
Pedir un deseo o proclamar “quiero hacer esto” tiene dos finales: queda en la nada o bien se convierte en un camino de ida. Noel, explica, sabe bien lo que quiere, lo que la hace feliz y reconoce que nunca pensó en un “plan B”.
Puede decir de memoria todos los programas espaciales de Estados Unidos y explicar con simpleza términos complejos que se escapan del imaginario de alguien que sólo conoce al espacio a través de las películas.
Se ríe al reconocer que “sus días ya no son normales” y se prepara para empezar un duro entrenamiento para poder viajar en 2027. En el medio, más allá del estudio y la preparación física, está la necesidad de conseguir apoyo financiero, hablar con medios de comunicación y hasta reunirse con CEOs globales y presidentes.
“Uno con la idea de ser astronauta piensa que es investigar, estudiar y entrenar, pero es mucho más. Estás representando a un país no sólo para tu gente, sino para el resto del mundo“, comenta. Asume, también, que la parte que le es más difícil es la de hablar con la prensa, pero mantiene la templanza que la llevó hasta el punto en el que se encuentra.
“En 2018 decidí que iba a trabajar en la industria espacial. Cuando uno es chico dice que quiere ser astronauta, pero cuando se hicieron lanzamientos de Space-X me di cuenta de que realmente quería trabajar en el espacio“, recuerda.

“Mi camino siempre fue con el sueño de ser astronauta, que hoy por suerte tengo la posibilidad, pero siempre con la idea de ser parte de la industria. Si no era viajar, iba a ser construir trajes o la estación espacial", añade.
De ver los lanzamientos por YouTube a estar a apenas pocos meses de pasar 14 días en la estación espacial. “No hay nada en este mundo que nos pueda frenar cuando las cosas son buenas, con pasión y dedicación”, define.
Entrenamiento intenso, viaje de alto riesgo
La bioastronáutica estudia al cuerpo humano en el ambiente aeroespacial. Combinado con la ingeniería biomédica, se crea equipamiento e instalaciones para mantener al cuerpo en el espacio.
No cualquiera puede viajar fuera de la Tierra y Noel de Castro lo sabe bien. Durante el despegue, al cuerpo se le aplica hasta 4G (cuatro veces el peso del propio cuerpo) de fuerza. La sangre baja a las piernas, las personas se desorientan y la presión arterial cambia drásticamente.

En las primeras 24 horas, el ser humano se enfrenta a la microgravedad y al vacío. Se pierde casi el 80% de los líquidos del cuerpo, se altera el ciclo circadiano y se reduce la masa ósea, muscular y el calcio.
“Ves entre 13 y 14 amaneceres en un día, se te desregula el ciclo de sueño. Estás en vacío, no tenés oxígeno... todo el soporte de vida tiene que estar en el traje o en la estación espacial y eso lo controlan ingenieros biomédicos, electrónicos, en sistemas y médicos", explica ella.
A eso hay que sumar el efecto del tiempo: no es lo mismo estar 14 días fuera de la Tierra que un año. Además, hay que contemplar los riesgos propios del lanzamiento y el regreso. La vida está en juego no solo al ir y volver, sino en la permanencia.
Y es esa combinación de cosas la que vuelve a la exploración espacial algo tan fascinante como complicado. Noel, a sus 28 años, es especialista en cómo el cuerpo humano se comporta en el espacio.
Por eso sabe que el entrenamiento es casi tan importante como la preparación académica. Se usan máquinas centrífugas para replicar la fuerza G del lanzamiento, buceo para aprender a moverse en entornos de microgravedad y aviación para la orientación. Es fundamental entrenar abdominales y glúteos para controlar la respiración y no perder la conciencia y cardio para la resistencia.
“Estamos también obligados a entrenar dos horas diarias en la estación espacial en fuerza y cardio. También hay que estar muy bien hidratado", remarca.
El rol de la Argentina y la necesidad financiera
El país se puede convertir, entonces, en la primera nación latinoamericana en concretar una misión espacial. Junto a Axiom Space, empresa estadounidense con la que colabora Noel de Castro, la Argentina y el sector empresario están ante una oportunidad única que rara vez podría repetirse.
El currículum vitae de la joven astronauta le permitiría no sólo viajar más allá de la mesósfera (la EEI se encuentra a 400km de altura, en la termósfera terrestre) sino encabezar investigaciones científicas una vez puesto un pie en las instalaciones internacionales.
Ahí es donde aparece una posibilidad para empresas locales, especialmente del sector del agro y farmacéutico. “En microgravedad, la composición de las proteínas es en tres dimensiones. Eso hace que la cristalización sea más perfecta y ordenada, que el medicamento sea más puro y eficaz. Con menos dosis se pueden obtener mismos resultados", remarca.
La tarea no es sencilla. Si bien la argentina admite tener los conocimientos para llevar adelante investigaciones en la EEI, señala que el proceso más complejo es el de “educar a la industria argentina sobre el espacio” para que “vean la oportunidad en el desarrollo de las investigaciones espaciales” e impulsar estudios no solo en alimentos sino también en medicamentos.
En esa línea, comenta tener conversaciones avanzadas con empresas del sector agrícola, “uno de los nichos más importantes para la exploración lunar y de Marte”, pero reconoce que aún queda camino por recorrer.

Sostiene que “hoy en día la gente está volviendo a confiar en la Argentina" y que “el país está cambiando y tiene la intención de mejorar y crear cosas que puedan servir para el resto del mundo“.
“Es una puerta gigante a muchas industrias y empresas y un gran crecimiento económico”, completa. Las charlas con empresarios ya llevan dos años, rol al que tuvo que acostumbrarse con el tiempo.
El Gobierno, agrega, tiene que “aprobarla legalmente como astronauta oficial”. Hoy cuenta con el aval gubernamental y el apoyo de la Comisión Nacional de Actividades Espaciales (CONAE).
El tiempo corre. En algunos meses, Noel de Castro podría poner una bandera argentina más allá de la Tierra y pasar a los libros de historia junto a otros célebres apellidos que pusieron al país en lo más alto. En 2027, al mirar el cielo entre las 2 y las 5 de la madrugada, quizás lo que se vea no sea una estrella fugaz, sino la misión que la lleve a ella y a todo un país al espacio exterior.






