Preocupa el vandalismo en los barrios cerrados
Cada vez más vecinos sufren pintadas y daños en sus casas; apuntan al proceder de bandas de chicos
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Magdalena D'Alesio vivió siempre en un departamento y su sueño, desde que se casó, fue mudarse a una casa con jardín. Un robo violento que sufrió con la modalidad de hombre araña, mientras dormía con su familia, aceleró la decisión. Se puso en campaña y en cuatro meses estaba instalada en una cómoda y sencilla casa en un barrio cerrado de Pacheco. Pudo anotar a sus hijos de 3 y 5 años en un jardín de infantes cercano y sintió que por fin le llegaba la tan ansiada tranquilidad. La ilusión duró poco: a las tres semanas de haber estrenado su hogar, se encontró una mañana con la puerta de entrada "intervenida", con media docena de huevos estrellados. Doce días más tarde, su auto fue "tuneado" con aerosol. Inútil fue quejarse en la administración del lugar: no era el primer caso que recibían pero, una vez más, poco y nada podían hacer.
Los hechos de vandalismo no son extraños en urbanizaciones cerradas: robo de bicicletas, rotura de vidrios, bullying contra los vecinos y vandalismos sobre luminarias y juegos de plazas están primeros en la lista. También se observan casos de daños contra mobiliario del barrio, como carteles o postes de luz.
Es más, los expertos sostienen que el vandalismo va en aumento, año tras año. Y coinciden, además, en que son pocas las medidas que pueden tomarse, ya que en la mayoría de los casos no contemplan sanciones específicas para estos hechos. Y hay muchos menores de edad involucrados.
Una persona que administra varios barrios privados de la zona norte contó a LA NACION que la costumbre se repite en todos los complejos privados que asesora, sin distinción de clase social o tamaño de la urbanización. Por lo general se trata de hechos perpetrados por "banditas" de chicos de entre 11 y 18 años, y con mayor asiduidad los fines de semana.

María vive en Laguna del Sol y ya dejó de contar la cantidad de veces que le robaron la bicicleta del jardín de su casa. En el barrio las rejas que comunican el frente con la parte trasera de la vivienda no suelen cerrarse con llave. La última vez recuperó el rodado... del fondo de la laguna. "Eso fue con maldad", se lamenta.
Inés es vecina del barrio y tanto ella como otros propietarios de su cuadra sufrieron desmanes: pintadas en la casa, robo de elementos de la galería y hasta quienes tiraron preservativos usados en el jardín. Ante la pregunta sobre la actitud por parte de la administración del barrio, la respuesta fue siempre la misma: nula, elusiva, insuficiente. "Se sacan el problema de encima. Alegan que son chicos y que si no se los filma no se los puede acusar de nada", relata Jorge, a quien le rayaron los dos autos cuando denunció a un grupo de chicos que estaba fumando marihuana frente a su casa a las tres de la madrugada.
Lisandro tiene hace cinco años una casa en Santa Bárbara, sobre la laguna principal; tanto él como su hermano, que vive en otro sector del barrio, sufrieron el vandalismo en más de una oportunidad. "Cuando estaba construyendo mi casa, una vez entraron e hicieron sus necesidades en la cocina, rompieron sanitarios y se robaron los mosquiteros. En ese entonces no había cámaras por mi casa, por lo que nunca pudieron ubicar a los responsables", cuenta.
La tecnología se volvió imprescindible para combatir este tipo de hechos. Desde las comisiones de seguridad de las urbanizaciones coinciden en que la inversión en cámaras de monitoreo tipo domo (con radio de 360 grados) y bullet (más dirigidas) fue fundamental para identificar a los vándalos, aunque no para terminar su accionar.
Un asesor de seguridad consultado por LA NACION confió que si un menor es identificado, sólo el 50% de los padres reconoce su culpabilidad y pide disculpas al damnificado, además de hacerse cargo de los costos por los daños infligidos. "La otra mitad niega la participación de su hijo", relata.
En otro barrio del corredor Bancalari, que concentra cerca de 10 urbanizaciones privadas, en el verano sufrieron un hecho grave: una calurosa noche de enero, un grupo de adolescentes logró capturar a uno de los patos que nadan en el lago artificial y lo despojaron de gran parte de su plumaje. Dos de las familias implicadas debieron mudarse ante la vergüenza que sintieron.
Poco y nada hacen las administraciones de los barrios: los hechos de vandalismo no suelen estar tipificados en los reglamentos internos y los propietarios deben hacer una denuncia policial si pretenden que su caso no termine en una simple queja.
Los hechos más comunes
- Sustracción de bicicletas
- Rotura de vidrios
- Bullying contra vecinos
- Destrucción de juegos y elementos de uso público






