Coronavirus en la Argentina. "También conozco a alguien". En el AMBA, el virus ya no es "invisible"
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Candelaria Buscarons tiene 31 años. Hace 14 días se enteró de que a una compañera de trabajo le dio positivo el test de coronavirus y que, a su vez, había contagiado a su marido y al hijo que ambos tienen en común. Hasta el momento todos se recuperan favorablemente. Pero a pesar de que el caso no pasó a mayores, hay algo que a Buscarons la incomoda. Su amiga solo salía para ir al supermercado y siempre fue muy cuidadosa con las medidas de higiene. "Eso quiere decir que se contagió al hacer las compras. El virus está a la vuelta de la esquina", dice.
El coronavirus es un "enemigo invisible". Esa frase se escuchó en varios idiomas y es la manera en la que muchos jefes de Estado se refieren al Covid-19. Pero a medida que el enemigo avanza, su efecto se hace visible. En la Argentina, ya hay 59.933 afectados y 1245 fallecidos. De este modo, sobre todo en el Área Metropolitana de Buenos Aires (AMBA), donde se concentran cerca del 90% de los casos, el virus dejó de ser una amenaza intangible para encarnar en el cuerpo de familiares, amigos o conocidos que se han infectado. ¿Será este un factor decisivo para que la sociedad cumpla con el aislamiento estricto que las autoridades impondrán a partir de mañana?
Manuela Gutiérrez, socióloga de la Universidad de Buenos Aires, cree que el virus hace que la gente oscile entre etapas donde hay mayor temor, y otras en donde ese miedo merma. "El virus logra meternos en una situación de mucha incertidumbre. Lo casos cercanos hacen que dudemos de nuestros seres queridos, estamos desconfiados de todo el mundo. Y esta cuestión del miedo oscilante, creo que es un ciclo que se va a repetir durante bastante tiempo".

"Al principio de la cuarentena mis medidas de cuidado fueron muy estrictas", agrega Buscarons. Pero el tiempo y el hartazgo hicieron que, de a poco, se animara a salir a caminar o andar en bicicleta. Sin embargo, la experiencia de su compañera de trabajo hizo que, nuevamente, vuelva a extremar los cuidados. "Tengo un permiso por ser trabajadora esencial, pero voy a intentar trabajar desde casa. Si alguien asintomático va al trabajo, nos podemos contagiar todos. No tengo miedo por mí, sino por mis vecinos. Yo vivo en un lugar donde hay bastante gente mayor".
Ser más conscientes del cuidado comunitario es uno de los rasgos que más se profundiza a medida que avanza la pandemia. Así lo cree Alberto Álvarez, psicoanalista y médico titular de la Asociación Psicoanalítica Argentina. El especialista sostiene que la cercanía del virus rompe con las barreras vinculadas a la negación, y eso se traduce en una menor negligencia.
"No queda otra que aceptar que el riesgo es real. El hecho de que sea invisible también juega un papel, pero que un amigo o un familiar se contagie le da corporeidad, le podemos poner nombre y apellido. Si la negación pasa a tener menos peso, es más factible que estemos más predispuestos a cuidarnos, y que también seamos más conscientes de cuidar al otro", argumenta Álvarez.
Harry Campos Cervera, médico psiquiatra, cree que tener casos cercanos que se han contagiado y el aumento récord de las muertes –ayer fallecieron 48 personas- hace que el temor vuelva a crecer. Sin embargo, sostiene que el miedo no es el mismo que en la primera fase del aislamiento, en donde la gente "prácticamente hacía una asociación directa entre el coronavirus y la muerte".
"Que uno puede contagiarse en cualquier lugar y contagiar a otro, eso es una realidad que asusta. Pero en la primera etapa de la cuarentena, el miedo era enorme, no creo que estemos ahora con ese nivel de alarma. De todos modos, aunque sepamos que no es tan letal, sobrevuela la pregunta de ´si me infecto yo qué me va a pasar´. Yo creo que hay un miedo ambivalente, sobre todo en la gente joven ", detalla Campos Cervera.
Melisa tiene 28 años. Su tío estuvo internado y conectado a un respirador artificial por tener coronavirus. También tiene un amigo íntimo que se contagió. Ambos pudieron sobrellevar la enfermedad, el tío sobrevivió y el amigo fue asintomático. Pero cuando le comunicaron la noticia sobre su familiar, dice que sintió miedo y paranoia.

"Mi tío es taxista y se contagió trabajando. Le dieron el alta la semana pasada, pero estuvo grave. Yo vivo sola. En algunas oportunidades rompí la cuarentena porque necesitaba ver a alguien, tal vez a mis padres o a una amiga. Pero ahora me da miedo hacerlo, ya casi no veo a nadie", dice Melisa.
Muchos dicen haber tenido una relación pendular con el miedo. Primero vino el shock de las primeras semanas de aislamiento, y luego una relajación. Pero ahora, la amenaza se hizo más palpable. "Acá está empezando el invierno. Mi miedo es que terminemos como Brasil o Estados Unidos. Estoy harta de la cuarentena, me quema el cerebro, pero me da miedo que pase acá lo que está sucediendo en esos países, donde hay miles de muertos", indica Melisa.
Maximiliano Morao, de 27 años, dice que la gente, hasta que no le pasa algo a ellos o a algún conocido, no toma consciencia. Él vive en Caseros y cuenta que en el mercado del barrio hubo muchos casos de empleados con coronavirus. Y en su trabajo hay 15 personas aisladas y cinco con diagnóstico confirmado de Covid-19. Él es un "trabajador esencial", y es el único en su casa que sale a trabajar. Asegura que siempre fue muy cuidadoso y, ahora, más que nunca. "Cuando llego a casa, me desvisto, desinfecto todo, me baño y luego saludo a la familia".
A pesar de que ya hay miles de casos, José Eduardo Abadí, médico psiquiatra y escritor, pone en duda que conocer a una persona contagiada sea un fenómeno colectivo. Pero sí destaca que el riesgo va adquiriendo mayor envergadura mientras avanza la pandemia. "Lo que sí hay es una insistencia importante por parte de las autoridades, que cada vez más logran transmitir preocupación. Uno ve a los dirigentes preocupados, algunos aparecen con cara de angustiados y eso le da más credibilidad al peligro".
De cara a la nueva fase 1, con algunas pocas concesiones, que enfrentarán los que residen en el AMBA, Abadi sostiene que hay otros dos factores que se ponen en juego en el momento de aceptar lo que viene. "[En primer lugar] "mucha gente conocida, es decir, personalidades de la televisión o la política, se enfermaron. Que una figura de la farándula se contagie tiene un efecto subterráneo latente, y es que se genera mucha cercanía con el espectador. Y eso también le da más veracidad. No solo porque lo conocés, sino porque, también, demuestra que no hay invulnerables. Deshace la teoría de ‘a mí no me va a pasar’. Si el intendente tuvo coronavirus, si al Presidente le hacen el hisopado, bueno, eso quiere decir que algo serio está pasando".
Por último, Abadi describe que hay una aceptación de la cuarentena, pero que no solo tiene que ver con el miedo: "Hay cierto acostumbramiento a la resignación. Tanto te anuncian que van a extender el aislamiento, que cuando sucede ya te lo veías venir".
Los casos aumentan y el cerco se cierra. Por la manera en que se esparce este virus, nadie está exento de contraerlo. Si bien el coronavirus mantiene su escala microscópica, los resultados sí están a la vista. Lo que empezó como una amenaza lejana ya afectó a buena parte de los barrios de la ciudad y la provincia de Buenos Aires.



