Un espacio en el que se mezclan mitos y leyendas

Muchos vecinos lo llaman El Castillo; Fogwill situó allí el sueño de un magnicidio
Virginia Mejía
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3 de enero de 2017  

La construcción tenía originalmente 30.000 metros cuadrados cubiertos de superficie y estuvo destinada a vivienda. Por orden de Perón, el 13 de diciembre de 1974 se declaró "de interés general por razones de utilidad pública" y comenzó un juicio de expropiación contra "Alfredo Alberto Sandionisi y otros". Al poco tiempo, y tras el resarcimiento económico correspondiente, el predio pasó a la provincia. Luego de varios reclamos se donó la obra a la comuna para un proyecto global de nuevos espacios de uso público o comunitario. Además hubo que adaptarlo a los requerimientos del Código de Planeamiento Urbano de Vicente López. Según la norma, en esa manzana las edificaciones no pueden superar los siete pisos.

El temor de un posible atentado provocó incluso que en 2003 se llegara a pensar en solicitarle al Ejército que lo dinamitara. Finalmente primó el proyecto de oficinas y se optó por realizar dos demoliciones parciales. Por ese entonces, la seguridad de la entrada estaba a cargo de personal de la quinta de Olivos.

Los albañiles que allí trabajaban aseguraban que desde lo alto podía verse con claridad el camino del helipuerto a la residencia y que en ese nivel se apostaban francotiradores que custodiaban a los presidentes cuando en la quinta había alguna celebración. En la primera demolición se eliminó del piso 23 al 19. En la segunda, del 19 al 15. En 2008 se le quitó el resto de pisos hasta darle su actual aspecto.

Alrededor del edificio se tejieron mitos y leyendas. De ahí que muchos vecinos lo llamen El Castillo. El escritor Enrique Fogwill, en su novela Vivir afuera (1996), narra el sueño que tiene uno de sus personajes en el que apostado en el cuarto piso cometía un atentado contra el mandatario.

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