Un problema de larga data que es producto de la incompetencia y la falta de idoneidad

Alberto Enrique Devoto
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23 de diciembre de 2013  

Desde hace años en nuestro país hemos incorporado algo nuevo: llegan los calores fuertes varios días seguidos y comienzan los cortes de electricidad. No se trata de algo relacionado con los ciclos de la naturaleza, sino de la incompetencia y falta de idoneidad de los gobernantes.

Desde marzo de 2009, cuando los ocho ex secretarios de Energía comenzamos a alertar al gobierno de la crisis energética que se estaba gestando, nada ha cambiado, excepto la gravedad creciente de los hechos. Lo único que recibimos por aquel documento, y los que sucesivamente emitimos, fueron descalificaciones e incluso insultos.

Ya se habló de cifras sobre falta de inversiones, descapitalización de empresas, tarifas inadecuadas, consumos incentivados por pésimas señales de precios o inversiones absurdas como la de la central térmica a carbón de Río Turbio -a un costo desmesurado, y, lo peor, no alcanza la producción de carbón del yacimiento y habrá que importar si queremos que funcione- o de las faraónicas represas de Santa Cruz, licitadas con la condición de que el adjudicatario consiguiera el financiamiento (y ahora se ve al ministro de Economía trajinando por China y Rusia para conseguirles financiamiento a los privados).

Lo que interesa ver es la incongruencia e incapacidad manifiestas de los responsables del área, porque muchos de los males radican ahí, en quienes, pese a los fracasos, insisten en hacer lo mismo una y otra vez.

En no pocas oportunidades han dicho que no son "mercadistas", esto para tomar distancia de la "nefasta" etapa neoliberal. Ahora bien, si no creemos en el mercado, inevitablemente tenemos que planificar, planear, ordenar al menos el mediano plazo (de paso, en un sector como el energético se tiene que planificar incluso en los regímenes de capitalismo salvaje). No hicieron nada de eso. Vivieron alegremente el corto plazo y se sumaron al "relato". Pero cuando llega la realidad, no hay relato que alcance.

Entonces el relato se alimenta con más disparates: estos problemas surgen porque hemos crecido mucho, nos dicen. Uno tiene derecho a preguntarse: si el crecimiento fue el resultado de una gestión de gobierno, ¿cómo se olvidaron de la energía que se iba a necesitar en la cuantía suficiente para acompañar ese crecimiento y, mejor todavía, para adelantarse a éste? ¿O acaso crecimos con independencia de la gestión y los sorprendió y no pudieron hacer nada?

También nos dicen que compramos muchos equipos de aire acondicionado y otros bienes que gastan energía. Pero ¿cómo?, ¿no era que tenemos un modelo virtuoso de crecimiento basado en el consumo y en el mercado interno? ¿Qué suponían?, ¿que íbamos a comprar velas, patinetas, juguetes a cuerda y textiles solamente?

La conducción del área hace más de diez años que está a cargo de las mismas personas, y sólo ha acumulado una larga fila de improvisaciones y fracasos, y lo único que saben hacer es echar las culpas sobre otros. Obsérvese que la primera idea moderadamente sensata, propuesta por el jefe de Gabinete, Jorge Capitanich, de cortes programados, fue volteada sin miramientos por sus propios subordinados, porque sería admitir el fracaso.

Lo que queda claro es que por ineptitud han dilapidado una de las mejores décadas de la historia económica argentina. Mientras la misma gente siga gestionando de la misma manera, a la llegada de las golondrinas y el florecimiento de los jacarandás les agregaremos los mismos problemas eléctricos cuando viene el calor, las mismas críticas de los que vemos que las cosas se hacen mal y las mismas respuestas de los funcionarios. Y cuando las cuentas externas y la situación fiscal lleguen a un límite intolerable, el relato terminará siendo un cuento de terror.

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