América latina, un continente agobiado por la ansiedad

El problema afecta especialmente a sectores de más alto nivel de educación
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7 de junio de 2003  

"Nos encontramos frente a una epidemia de trastornos mentales que tiene que ver con el estilo de vida que llevamos: competencia desenfrenada, exigencia de resultados, la creciente tendencia al consumo de sustancias -las drogas o el alcohol- con las que ilusoriamente buscamos calmar tanta angustia... Esto debería hacernos reflexionar acerca de la forma en que estamos preparando y construyendo el mundo que dejaremos a nuestros hijos."

Un aplauso cerrado coronó las palabras del profesor Benjamín Vicente, director del Departamento de Psiquiatría y Salud Mental de la Facultad de Medicina de la Universidad de Concepción, Chile, doctor en Epidemiología y Psiquiatría Social.

Vicente había hablado frente a unos 1300 psiquiatras y psicólogos presentes en el 1er. Seminario Intensivo en Trastornos de Ansiedad, presidido por los doctores Alfredo Cía y Miguel Márquez, reconocidos psiquiatras argentinos especialistas en el tema, y organizado por la Asociación Argentina de Trastornos de Ansiedad (aata@abaconet.com.ar), que concluye hoy.

El doctor Vicente fue invitado a hablar de un abanico de trastornos que aumentaron (ver infografía) en todo el mundo. Vicente, experto en métodos de recolección de datos y criterios de validación (es consultor en lengua española de la Organización Mundial de la Salud por el sistema CIDI, un avanzado instrumento para encuestas), indicó que en nuestros países "si nos centramos en el trastorno de pánico, la ansiedad generalizada y el trastorno obsesivo compulsivo hay unos 20 millones de afectados y 15 millones que pueden enfermar a lo largo de sus vidas".

A diferencia del Sur, en el Norte es más frecuente la depresión que la ansiedad. "Posiblemente -hipotetiza el psiquiatra- allí hay ambientes menos contenedores, que pueden ser más propicios para que una patología como la depresión, estampada en nuestro patrón genético, se manifieste más fácilmente. En nuestros países la cohesión familiar es aún más sólida. Esto nos protege más de la depresión, pero no de la angustia."

El doctor Vicente agrega que el mayor poder adquisitivo pone más en riesgo de trastornos de ansiedad.

El más frecuente es el pánico con agorafobia, es decir, el pánico que incluye temor a lugares abiertos. "A menor nivel de instrucción -explica-, las personas con ansiedad tienden a somatizar más los síntomas. Si durante una crisis de pánico tienen palpitaciones, mareos u hormigueos en los brazos, enseguida piensan: es el corazón. En cambio, a mayor nivel educativo la persona se da cuenta de que tiene un problema psíquico."

A la hora de somatizar (pasar la angustia por el cuerpo) los latinos lo hacemos más frecuentemente a nivel gastrointestinal (gastritis, colon irritable), y en los países de origen anglosajón el impacto es mayor a nivel respiratorio y cardiovascular.

"Datos de varios países de América latina -agrega el doctor Vicente- confirman que los trastornos de ansiedad se dan en proporciones similares en zonas urbanas y rurales, pese a que uno creería lo contrario. Esto refuerza la idea de que hay mucha influencia de lo biológico."

Sustancias y mujeres

Muy a menudo estos trastornos se acompañan de otro: el abuso de sustancias. "Al menos en el 60% de los casos los consumidores de alcohol y/o de drogas tienen algún trastorno de ansiedad. Es muy frecuente, por ejemplo, hallar personas con temor a los espacios grandes o a estar con la gente, conductas con un tremendo componente ansioso, que utilizan el alcohol buscando alivio. Una opción riesgosa, que no sirve de nada."

También hay diferencia en la ansiedad según los sexos. "Sí, es verdad que las mujeres, por aspectos hormonales, son más susceptibles a los trastornos de ansiedad que los hombres -enfatizó el doctor Alfredo Cía, uno de los presidentes del seminario-. Es por eso que actualmente, por ejemplo, se les indica cierta clase de antidepresivos desde la mitad del ciclo que reducen los síntomas de la disforia premenstrual."

Lo cierto es que, según Vicente, y más allá de las hormonas, las mujeres serían más ansiosas que los varones porque culturalmente tienen más permiso para expresar sus sentimientos y emociones.

"Ellas lloran cuando están tristes y ellos van a la esquina y se emborrachan frente al mismo dolor -ejemplifica-. Sin embargo, está comprobado que cuando las mujeres trabajan al compás del hombre, en funciones ejecutivas o de poder, tienden a parecérseles bastante. No en vano aumentó tanto entre ellas el consumo de sustancias, la forma en que intentan, tan inútilmente como los hombres, calmar su ansiedad."

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