
Analizan los efectos de la radiación solar en viajeros frecuentes
Principalmente en vuelos transpolares
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WASHINGTON (The New York TImes).- Dice el mito griego que Icaro voló muy cerca del sol y se derrumbó cuando el calor de Febo derritió la cera que sostenía sus alas. La idea parece exótica, pero ahora algunos científicos piensan que los griegos no estaban tan desacertados cuando manifestaban su miedo a volar demasiado cerca del sol.
El problema no es el calor, sino la radiación ionizante que emite el astro rey. Durante los últimos meses, el sol ha estado en el punto máximo de su estación de tormentas . En estos períodos, el viento solar -una fina pero constante corriente de protones, nociva para los humanos- se vuelve más intenso. Las personas que vuelan a gran altitud, es decir, muy por encima de la atmósfera de protección terrestre, están más expuestas a las radiaciones ionizantes.
Sin embargo, no existe demasiada evidencia científica que pruebe el daño de estas radiaciones en personas que vuelan a menudo; en realidad, lo que se sabe con mayor certeza es que las tormentas solares pueden hacer peligrar las comunicaciones por radio desde los aviones hacia su base en Tierra. Es posible, concuerdan algunos expertos, que las mujeres embarazadas puedan estar expuestas durante un vuelo en un nivel de radiación que exceda la considerada normal en las guías de salud redactadas por los gobiernos.
Pero los expertos difieren sobre cuán extensa es la amenaza en el nivel general.
"La gente puede sufrir graves daños", dijo el doctor Robert Barish, un especialista en radiaciones de Nueva York, autor del libro "El pasajero invisible: los riesgos de la radiación en las personas que vuelan". El efecto de las pequeñas radiaciones sobre el cuerpo es desconocido, explica el doctor Barish, pero el sistema regulatorio vigente ignora las dosis que la gente recibe en vuelo.
Opiniones encontradas
Christofer Witkowski, director de Seguridad y Salud de la Asociación Americana de Asistentes de Vuelo, afirmó que las empresas deberían tener monitores de radiación a bordo de sus aviones, para cambiar la altitud o las rutas y así evitar las radiaciones durante las tormentas solares.
Un experto en monitoreo solar, el doctor Joseph Kunches, del Centro Nacional Oceanográfico y Atmosférico, señaló que los pasajeros de aerolíneas estaban en mayor riesgo de contraer gérmenes de otros pasajeros que de sufrir las consecuencias de la radiación.
Cuando las personas tienen sus pies en la Tierra, el campo magnético planetario desvía muchos de los protones, mientras los filtros de la atmósfera se encargan del resto. Pero la protección cae un 50 por ciento cada 2200 metros, aproximadamente, a medida que crece la altitud. ¿Cuánto sufren las tripulaciones que pasan largas horas a gran altura? La respuesta se conoce.
Duane Woerth, presidente de la Asociación de Pilotos, afirma que el cáncer de piel es más frecuente en los pilotos que en la población en general: "Necesitamos que alguien explique por qué", reclama. Pero un especialista en radiaciones de la Administración Federal de Aviación, el doctor Wallace Friedberg, aclara que ocurre porque los pilotos vuelan a menudo y sin problemas a playas soleadas.
El tema de la radiación cobra mayor importancia a medida que crece el número de personas que viajan en avión. Actualmente, más gente vuela a grandes altitudes y en vuelos transpolares, donde el campo magnético concentra una alta carga de partículas y la exposición es más pronunciada.
Hasta el momento, las autoridades europeas han clasificando las tripulaciones de vuelo como trabajadores de riesgo. El Comité de Efectos de la Radiación Atómica de Naciones Unidas estimó el año pasado que los tripulantes reciben alrededor del 24% del total de radiaciones distribuidas entre los trabajadores que están en contacto con éstas.
Según algunas estimaciones, miles de viajeros frecuentes pueden acumular más radiaciones que las de los límites aceptados en la población general. Se supone que las aerolíneas deben rotar a su personal para mantener las dosis individuales en niveles bajos. Algunas lo han hecho, sobre todo con sus empleadas embarazadas. Por otra parte, las líneas aéreas no suelen llevar monitores de radiación que proporcionen datos instantáneos. Friedberg creó un programa que permite calcular las dosis de radiación cósmica en un vuelo entre dos ciudades. El programa está disponible en el sitio www.cami.jccbi.gov/aam-00/600radio.html
El doctor Barish instó a la Administración Federal de Aviación y a las empresas de aviación para que estén alertas en los momentos en que la actividad solar se incrementa y adviertan a los pasajeros -especialmente a las embarazadas- para que consideren retrasar los viajes.
Friedberg afirma: "El problema es que nunca se puede predecir exactamente cuándo ocurrirán". Mientras tanto, los científicos difieren sobre el verdadero efecto de las radiaciones ionizantes debidas a la cercanía de los aviones al Sol. La mayoría de los efectos negativos asignados surge de extrapolaciones sobre trabajos con altas dosis y no por observaciones directas del rol que pueden ejercer sobre los pasajeros las pequeñas dosis de radiación a las que pueden estar expuestos durante un vuelo.





