
Averiguan cómo actúa el parásito que causa el Chagas
Las evidencias podrían orientar nuevos tratamientos para la enfermedad
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BERLIN.- Preguntar en las calles de esta ciudad por el mal de Chagas-Mazza es encontrarse con caras de asombro. Sin embargo, un trabajo de investigación básica sobre esa enfermedad (endémica en 21 países y de alta prevalecencia en América latina) obtuvo aquí el International Aspirin Award a jóvenes investigadores , un premio que desde 1995 se entrega a científicos cuyos trabajos estén relacionados con el uso de aspirina.
El estudio, realizado por la bioquímica brasileña Marcela Freitas Lopes y publicado recientemente en la revista Nature, ofreció nuevas evidencias sobre el comportamiento del Trypanosoma cruzi , agente causal del mal, y demostró en ratones y cultivos in vitro que el ácido acetilsalicílico (principio activo de la aspirina) inhibe la diseminación del parásito en las células.
El premio fue compartido con el investigador Anthony Rodgers, de la Universidad de Auckland, Nueva Zelanda, por el ya conocido Pulmonary Embolism Prevention Trial (PEP), realizado sobre 17.400 pacientes, que demostró reducir en un 29% la trombosis venosa profunda y en un 43% la embolia pulmonar luego de una cirugía, con el empleo del ácido acetilsalicílico.
Parásitos rebeldes
El mal de Chagas-Mazza es una enfermedad con dos fases: una aguda y otra crónica, que puede evolucionar en forma silenciosa y afectar seriamente el corazón (la complicación más común en nuestro país) y el aparato digestivo. Es producida por un parásito, el Trypanosoma cruzi , cuyo principal transmisor es un insecto: la vinchuca.
"A pesar de que existe una intensa movilización del sistema inmune para controlar la infección aguda, el parásito persiste en las células huésped", explicó la doctora Marcela Freitas Lopes, profesora asociada de la Universidad Federal de Río de Janeiro y del Instituto de Biofísica Carlos Chagas Filho, de la misma institución.
Cuando el parásito entra en el organismo es atacado por los macrófagos, células sanguíneas mononucleares capaces de englobar y digerir microbios, otras células y cuerpos extraños. Los macrófagos producen óxido nítrico para matarlo, pero éste se reproduce e invade otras células.
La pregunta que intentó responder el trabajo de Lopes y colaboradores fue: ¿cómo utilizan los parásitos la maquinaria celular de los macrófagos para sacar ventajas y sobrevivir?
"Habíamos demostrado previamente que el parásito causa la muerte programada (apoptosis) de los linfocitos, un tipo de glóbulos blancos que participan en los procesos de inmunidad celular. Sabiendo que los macrófagos toman los linfocitos muertos para que los restos no causen daño a los tejidos, observamos que las células apoptóticas ingeridas por los macrófagos incrementaban el número de parásitos, y encontramos que las células apoptóticas suprimían la producción de óxido nítrico. Al mismo tiempo, vimos que en presencia de estas células los macrófagos producían otros metabolitos que favorecían el crecimeinto parasitario", dijo la investigadora.
De laboratorio
Lopes descubrió que los parásitos necesitan de las prostaglandinas , sustancias que intervienen en diversos procesos orgánicos, como regulación de la temperatura corporal, agregación plaquetaria en los procesos de coagulación de la sangre, mecanismos de control de la inflamación, entre otros.
"Empleando drogas que inhiben la producción de prostaglandinas, como la aspirina, demostramos que estas drogas eran efectivas para detener el crecimiento de los parásitos en los macrófagos y reducir la parasitemia (presencia de parásitos en sangre) en ratones infectados", afirmó Lopes.
Según el profesor Kenneth Wu, director de la División Hematología y del Centro de Investigación de Biología Vascular de la Universidad de Texas, Estados Unidos, y uno de los miembros del jurado que otorgó el galardón, "las observaciones tienen un importante impacto en el diseño de nuevos esquemas de tratamiento, y podría ser extendida a otras enfermedades que tienen mecanismos similares".
Por ahora, los resultados de las investigaciones sólo ofrecen esperanza en el interior de los laboratorios de investigación. Pero resultan alentadores cuando se echa una mirada a los datos de la Organización Mundial de la Salud: aunque en esta ciudad el mal de Chagas-Mazza es un ilustre desconocido, hay "entre 16 y 18 millones de infectados y 100 millones de personas en riesgo", en el centro y sur del continente americano.






