
Cirugías que llegan demasiado tarde
Los pacientes permanecen en lista de espera un año y medio, cuando deben ser operados antes de un mes
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En la Argentina, más de 1250 bebes mueren cada año porque no acceden a una operación para corregir ciertas malformaciones del sistema circulatorio conocidas como cardiopatías congénitas, que constituyen una de las principales causas de muerte evitable en menores de un año. Lo paradójico es que nuestro país cuenta con expertos en la materia que realizan estas intervenciones correctivas con resultados similares a los obtenidos en los mejores centros médicos del mundo.
Tal es el caso del Hospital Nacional de Pediatría Juan P. Garrahan, donde se realizan alrededor de 600 de estas cirugías por año. Sin embargo, comenta el doctor Horacio Capelli, jefe de Cardiología del citado hospital, "aunque hemos crecido en la cantidad y en la calidad de las cirugías cardiovasculares que realizamos para corregir las cardiopatías congénitas, este es un banquete para pocos".
En el nivel nacional, la capacidad del sistema de salud para afrontar el problema es limitada y no alcanza para responder a la demanda. Los números son elocuentes: se realizan en todo el país poco más de 2000 cirugías de este tipo por año, cuando son 3500 los bebes que la necesitan.
La diferencia entre estas dos cifras es más que un número: son los chicos que mueren (generalmente antes de cumplir el primer año de vida) porque no acceden a una cirugía y aquellos otros que integran las listas de espera de los contados centros médicos de referencia que atienden el problema. En el hospital Garrahan, por ejemplo, quienes están en lista de espera para una cirugía de cardiopatía congénita tardan, en promedio, un año y medio en ser operados.
Pero no todos pueden esperar. "Se estima que el 45% de estos bebes muere antes de cumplir el primer mes de vida", afirma el doctor Ricardo Magliola, jefe de la Unidad de Cuidados Intensivos Cardiovasculares del hospital Garrahan. De hecho, agrega Capelli, "cuando se diagnostica una cardiopatía congénita en un recién nacido en una clínica que tiene cobertura médica se lo opera en 48 horas".
Casi no hace falta aclarar que quienes no acceden a una cirugía para corregir estas malformaciones son aquellos que, por carecer de cobertura médica, recurren a la salud pública. Y, dada la actual situación económica, esta población va en aumento. Además, "en este momento -dice Capelli- muchas obras sociales no están ofreciendo cobertura para las cardiopatías congénitas y nos derivan a nosotros los pacientes".
Aun así, para el doctor Pedro de Sarasqueta, jefe de Neonatología del hospital Garrahan, "con muy pocos recursos y un poco de inteligencia esta situación puede mejorar".
Del problema a la solución
"Las cardiopatías congénitas suelen ser tan graves que si no son reconocidas y tratadas a tiempo los bebes mueren en los primeros meses de vida", afirma el doctor Capelli. Pero la ausencia de diagnóstico y la detección tardía son moneda corriente en la Argentina. Según el doctor Magliola, "a pesar de los avances en el diagnóstico que se han producido en los últimos años, aún hay niños que mueren sin él o que son diagnosticados tardíamente por falta de sospecha de la patología".
De todos modos, a veces el diagnóstico llega, pero entonces lo que falla es la derivación del paciente al centro médico de referencia. "Muchas veces no se estabiliza adecuadamente a los pacientes críticos y es frecuente que los miembros del equipo de traslado no tengan el entrenamiento necesario -explica Magliola-. Los resultados quirúrgicos y el tiempo de recuperación dependen en gran medida de la condición preoperatoria del paciente."
Sin embargo, coinciden los tres especialistas consultados por LA NACION, el problema más importante es la incapacidad del sistema de salud para satisfacer la creciente demanda de turnos quirúrgicos. Para De Sarasqueta esta situación es el resultado directo de la falta de un programa global y racional para la atención de las cardiopatías congénitas, diseñado a partir de las necesidades epidemiológicas.
"Actualmente existe una inadecuada utilización de los recursos -sostiene-. La insuficiente capacidad del sector público para ofrecer estas cirugías al total de los bebes que las necesitan hace que se termine operando a pacientes en malas condiciones porque llegan a las cirugías tarde y que las internaciones prolongados causadas por complicaciones evitables debidas a este tratamiento tardío aumenten el gasto en salud."
Para Magliola, "es necesario diseñar una estrategia para optimizar, racionalizar y jerarquizar la infraestructura existente, e incorporar nuevos recursos en algunas áreas para facilitar el acceso a la atención quirúrgica de estos pacientes".
Aunque en épocas de déficit cero hablar de un aumento en el presupuesto pueda parecer un contrasentido, estos especialistas no se refieren a cifras siderales.
"Para poder operar a los casi 1500 recién nacidos que hoy no pueden acceder a estas cirugías se necesitan entre 10 y 15 millones de pesos -afirma De Sarasqueta-; ésta es una suma modesta en relación con el enorme beneficio que significa ofrecerles a estos chicos una vida de duración normal, con una calidad de vida muy buena."






