
Confirman que mirar televisión engorda
Dos horas diarias de televisión aumentan un 23% el riesgo de ser obeso y un 43% las probabilidades de sufrir diabetes
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Mirar televisión pertrechado con una buena provisión de chocolates, helado o snacks es un plan cómodo y relativamente accesible que permite disfrutar del tiempo libre sin mayores sobresaltos. Desafortunadamente, también es un excelente plan para sumar kilos de más: los chocolates engordan, lo mismo el helado y los snacks ni hablar. ¿Y la televisión? Sí, mirar televisión también engorda.
El riesgo de ser obeso aumenta un 23% por cada dos horas diarias de televisión, revela un estudio publicado esta semana en el boletín de la Asociación Médica de los Estados Unidos (JAMA). Pero eso no es todo: dos horas diarias frente a la llamada caja boba también incrementan el riesgo de sufrir diabetes tipo II (o insulinodependiente) en un 14 por ciento.
Aunque dos horas de sedentario esparcimiento bastan para empezar a sumar kilos y glucemia, los argentinos pasamos mucho más tiempo frente al televisor. Se estima que, en promedio, miramos tres horas y media por día; poco menos que los norteamericanos, que pasan casi cuatro horas y media diarias inmóviles ante el emisor de rayos catódicos.
Aun así, los autores del estudio -nutricionistas, epidemiólogos y expertos en medicina preventiva de la Escuela de Salud Pública de Harvard- encuentran un aspecto positivo en el asunto: "Nuestro estudio sugiere que el 30% de los casos de obesidad y el 43% de los de diabetes tipo II pueden ser prevenidos llevando un estilo de vida relativamente activo".
¿A qué se refieren estos especialistas por estilo de vida relativamente activo? Ni más ni menos que a limitar el consumo de televisión a no más de diez horas semanales, destinando el tiempo de ocio excedente a realizar diariamente caminatas ágiles de al menos media hora.
Disparen sobre el televisor
Para determinar cuál es el vínculo entre mirar televisión y ser obeso, los autores del citado estudio echaron mano de un viejo proyecto de investigación denominado Nurses´s Health Study. Dicho proyecto data de 1976, cuando el gobierno de los Estados Unidos elaboró una base de datos con 121.700 enfermeras. Esa población ha sido evaluada desde entonces, permitiendo obtener información valiosa sobre numerosas enfermedades.
A comienzos de los noventa, los investigadores de Harvard decidieron hacer un seguimiento médico de aquellas enfermeras que no fueran obesas ni tuvieran diabetes (unas 50.000) para determinar cómo influían los hábitos sedentarios en el desarrollo de esas enfermedades. A más de diez años del comienzo de este estudio, concluyeron que mirar televisión es un factor de riesgo para la obesidad y la diabetes.
"De los comportamientos sedentarios analizados, mirar televisión es el que más se asocia con un riesgo mayor de obesidad y diabetes tipo II -afirman los investigadores-. En contraste, actividades como estar de pie, caminar por la casa (haciendo tareas hogareñas) o realizar caminatas ágiles se asocian con un riesgo menor de sufrir esas enfermedades."
¿Por qué la televisión engorda y lleva a la diabetes? "Existen tres potenciales mecanismos que explican esa relación -señalan-. En primer lugar, mirar televisión desplaza la actividad física y reduce el gasto energético." Pero los autores van un paso más allá, y afirman que la televisión engorda independientemente de cuánta actividad física uno realice.
"Mirar televisión da como resultado un aumento de la ingesta total de comida y calorías, pues las personas tienden a comer mientras se encuentran delante del televisor", afirman. Tanto es así que las participantes del estudio que más miraban televisión tendían a comer peor, tanto en cantidad como en calidad.
Para los autores del estudio, "estos patrones de alimentación están directamente relacionados con los comerciales de alimentos que ofrece la tevé". En palabras del doctor Aldo Cúneo, médico del Servicio de Nutrición del Hospital de Clínicas, "la televisión no sólo lleva a una mayor ingesta de comida, sino también a una alteración del patrón de alimentación, favoreciendo el desarrollo de trastornos alimentarios".
Por último, los investigadores sugieren que "mirar televisión da lugar a un gasto de energía (calorías) menor incluso que el de otras actividades sedentarias, como tejer, leer, escribir o conducir un auto". En ese sentido, la licenciada Cristina Banzas, integrante del Grupo Educador en Salud y Alimentación (GESA), comenta que "se ha demostrado que estar frente al televisor da lugar a un gasto metabólico mucho menor que el que experimentamos cuando dormimos".
En resumen, mirar televisión es un cóctel de sedentarismo, comer más y peor y gastar menos calorías que lo normal.
¿Puede haber algo peor? Sí, la televisión con control remoto.
El colmo de la inactividad
Existen varias costumbres insalubres que se asocian al ritual del espectador televisivo, y el uso del control remoto es una de las peores. Cuenta la licenciada Banzas que en uno de los últimos congresos europeos de obesidad "un conferencista calculó cuántas calorías deja de gastar una persona por semana al utilizar el control remoto".
Partiendo del cálculo promedio de que se gastan dos calorías en el ir y venir entre el sillón y el televisor, y suponiendo que una persona cambia unas siete veces de canal por hora, el experto nutricionista llegó a la conclusión de que una persona que mira tres horas de televisión diaria deja de gastar 300 calorías por semana tan sólo por usar el control remoto.
Puesto en otros términos: las calorías que no se queman al usar el control remoto suman en una semana el equivalente a una comida ligera (pollo y ensalada), pero con postre. Claro que sin haberla disfrutado.






