Doctorado honoris causa a Manuel Sadosky

Lo otorgó la Universidad de la República
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10 de diciembre de 2001  

Personalidad mítica, tanto por su capacidad, su don de gentes y su modestia como por su humor y su fe en el futuro, el doctor Manuel Sadosky, que desde hace sesenta años es una figura destacada no sólo del ámbito científico, sino también del educativo y el político de la Argentina, acaba de recibir un doctorado honoris causa de la Universidad de la República, de Uruguay.

En la ceremonia, a la que asistieron, entre otros, los ingenieros Rafael Guarga y María Simón, de la Facultad de Ingeniería de la Universidad de la República; los doctores Jorge Vidart, ex director de la Escuela Superior Latinoamericana de Informática (Eslai); Ida Holz, directora del Servicio General de Informática de la Universidad de la República; Ricardo Ehrlich, decano de la Facultad de Ciencias de la misma universidad, y el doctor Pablo Jacovkis, actual decano de la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales de la Universidad de Buenos Aires, quien recordó su carrera, sus aportes a la ciencia nacional y numerosas anécdotas de una amistad que lleva casi cuatro décadas.

"Manuel daba su curso en el Aula Magna, siempre repleta, porque era un docente nato que atraía a los estudiantes como un imán -contó Jacovkis-. Después de haber sido el inspirador y creador del Instituto de Cálculo, era su director y simultáneamente vicedecano de la facultad."

La actividad del Instituto bajo la dirección de Manuel -que simultáneamente creaba la primera carrera de computación del país- fue "espectacular", dijo.

Tras el golpe militar del general Onganía, se alejó junto con numerosísimos docentes de la universidad y comenzó a viajar periódicamente a Montevideo, donde creó las bases de la computación en Uruguay.

En 1970 creó la primera consultora de la Argentina que usó sistemáticamente modelos matemáticos por computadora para resolver problemas y en 1975 se radicó en Venezuela.

Alfonsín lo designó secretario de Ciencia y Tecnología, cargo que ejerció durante toda su presidencia y desde el cual condujo la democratización de la ciencia en la Argentina.

"Cuando Alfonsín dejó el gobierno lo vi triste -dijo Jacovkis-, no porque extrañara el puesto, Manuel es inmune a esa clase de ambiciones, sino por la sensación de que los que lo sucedían iban a destruir todo lo que hizo, que, durante las gestiones de Matera y Liotta, fue exactamente lo que sucedió."

Y agregó: "El prestigio de Manuel en los círculos científicos, universitarios y educativos del país se mantiene desde hace más de sesenta años. Su espíritu no ha cambiado. Impulsó la matemática aplicada. Apoyó la ciencia, la educación y la divulgación científica. Ayudó a cuanto joven le pidiera consejo y asesoramiento. Su influencia se siente, además de nuestro país, en Uruguay, Venezuela, España y muchos otros países".

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