
Dormimos dos horas menos de las necesarias
Por Gabriela Navarra De la Redacción de LA NACION
1 minuto de lectura'
Tan importante y, sin embargo, tan poco tenido en cuenta -no sólo por las personas sino también por la medicina-, el dormir y sus trastornos serán tema central de una iniciativa nunca realizada en nuestro país: la Semana del Sueño, que comienza hoy y se extenderá hasta el viernes.
Una investigación realizada entre 1770 adultos en Buenos Aires, San Pablo y México DF indicó que la mayoría de las personas, sin distinción de edad, duerme dos horas menos de las que su organismo necesitaría para lograr un descanso reparador.
La encuesta, publicada el mes pasado, arrojó por primera vez datos epidemiológicos sobre los trastornos de sueño en América latina.
"El 66% de las personas refirieron algún problema para dormir -explica el doctor Norberto Kriguer, presidente de la Asociación Argentina de Medicina del Sueño (Aamsue), que organiza el emprendimiento-; el 23% dijo que tenía dificultades de sueño todas las noches y en el 75% de los casos expresaron que eran disturbios severos. Pero sólo el 31% había consultado al médico por ello, a pesar de que padecía síntomas como dolores de cabeza, somnolencia diurna, dificultad para recordar cosas, falta de concentración e irritabilidad." La importancia del buen dormir no es vista como un problema central de la salud humana. Y sin embargo lo es. Pasamos un tercio de nuestra vida durmiendo y si el sueño es de mala calidad la vigilia también lo es.
"Realizaremos una campaña orientada al público y a los profesionales de la salud -agrega el doctor Kriguer-. Habrá material informativo y tests autoadministrados en hospitales y farmacias de todo el país, un sitio en Internet con un listado de profesionales del ámbito público y privado a quienes recurrir en caso de necesidad de atención (www.aamsue.com.ar) y un número telefónico para recibir orientación (1540360963)
El especialista en medicina del sueño agrega: "Cuando una persona sufre trastornos al dormir, como insomnio, ronquidos, piernas inquietas, pesadillas, sonambulismo u otros, su calidad de vida diurna no es buena: sentirá somnolencia, falta de atención y concentración, irritabilidad, desempeño insuficiente".
La investigación, realizada por los doctores Kriguer, Margarita Blanco, jefa de la Sección Neurofisiología Clínica y Medicina del Sueño del Centro Neurológico del hospital Francés, y Daniel Cardinali y Santiago Pérez Llorte, del Departamento de Fisiología de la Facultad de Medicina de la UBA, fue publicada en noviembre en BioMed Central, una revista científica internacional.
"Las necesidades de sueño varían con la edad -continúa Kriguer-. Los chicos y adolescentes necesitan entre 9 y 9 horas y media; sus cerebros están madurando y el sueño cumple funciones en ese sentido. El adulto entre 6 y 8. Pero esto puede variar de persona en persona."
La encuesta arrojó otro dato significativo: la mayoría de las personas dijo dormir dos horas menos de las que su cuerpo necesitaba. Y la cuestión no es menor si se piensa que el sueño perdido no se recupera.
"Esto es complicado -afirma el doctor Daniel Cardinali-. Podrán globalizar la economía, la política y otras cosas, pero no se puede globalizar el diseño fisiológico: hay que dormir la cantidad de horas que a cada edad exige el cuerpo."
El trastorno del sueño más frecuente en la población es el insomnio, del que hay distintas clases. "A veces hay problemas en conciliar el sueño, otras en mantenerlo, pero la gran dificultad, sin embargo, es que la mayoría de las personas que tienen problemas para dormir no consultan, lo tienen como incorporado a sus vidas, no saben que tiene tratamiento", añade el doctor Kriguer.
Para el especialista, más allá de que a medida que los humanos envejecemos nuestro organismo naturalmente secreta una menor cantidad de la hormona melatonina, que regula los ciclos sueño-vigilia, hay gente mayor que necesita ser suplementada con esa sustancia para mejorar su calidad de sueño, ya que según Kriguer "no siempre duermen todo lo que les haría falta".
Dormir, un estado de la vida
El insomnio puede ser resultado de aprender a dormir mal y que quede establecido luego como regla, o aparecer como consecuencia de una situación de estrés -perder el trabajo, estar enfermo, la muerte de un familiar, etc-. que no se trató y se mantiene luego como "normal."
"Dormir no es una función, sino un estado de la vida -dice enfáticamente la doctora Margarita Blanco, que dirige el Club del Sueño del Centro Thomson, en el hospital Francés, www.rems.com.ar-. Es uno de los tres estados por los que pasamos a diario: despiertos, dormidos y soñando: el soñar ocupa entre el 18 y 20% del tiempo que se duerme."
Blanco plantea que a dormir también se aprende. Y llama la atención sobre la calidad del sueño de los más pequeños. "Chicos y adolescentes duermen mal y es un fenómeno creciente -se preocupa-. Es consecuencia en parte de la falta de autoridad de padres y madres para señalar cuál es el momento de irse a la cama. Y luego el hábito se hace costumbre y queda instalado el mal dormir."
La sociedad de 24 horas que está en marcha permanente, y que el modelo productivo impone cada vez más, no reconoce de relojes biológicos, ese ritmo con que naturalmente viene sincronizado nuestro organismo y hace que -en condiciones naturales- se alternen los ciclos de sueño y vigilia. Esos ciclos son alterados por el ritmo de vida y es lo que explica buena parte de la aparición de los trastornos del sueño, que integran una larga lista de 84 posibilidades.
Cardinaldi explica: "El 70% de los adultos normales prefieren la mañana para las actividades intelectuales, pero los adolescentes y jóvenes funcionan mejor por la tarde y aun por la noche. Esto es biológico, pero no lo tiene en cuenta ningún plan de educación. Y así, materias como matemáticas se dictan a primera hora, en lugar de darse de tarde, que es cuando la actividad mental del adolescente está en su apogeo".
Kriguer, por su parte, añade: "Si bien las dificultades de sueño están condicionadas por aspectos genéticos, lo social influye mucho. Hay dos conceptos que cambian nuestra sociedad. Uno de ellos es la cantidad de horas que se nos impone trabajar. Otro, que aquel que no está en pie temprano es vago . El que duerme poco y trabaja mucho es bien visto. Y ahí vienen los problemas. Porque ese modelo es dañino para la salud".
Sin embargo, señala Blanco: "El tiempo que se emplea en dormir es un tiempo útil para la salud y la vida. Apenas se cierran los ojos se modifica la frecuencia cardíaca, la presión, se produce la secreción de distintas hormonas, desde la hormona de crecimiento, las hormonas sexuales, la adrenalina que tiene mucho que ver con el despertar y la reacción de vigilia, hay modificaciones importantes de la temperatura. Las investigaciones demuestran que las personas que no duermen bien pierden buena proporción de habilidad mental y destreza física".
Equilibrio alterado
Las alteraciones crónicas del sueño generan problemas orgánicos: el equilibrio hormonal se altera y pueden aparecer diabetes, la hipertensión, aumento del colesterol y disminución de la fertilidad.
¿Cómo se tratan estas afecciones? Primero, dicen los expertos, reconociendo que existen y pidiendo ayuda profesional para abordarlos. "Mucha gente se automedica con la pastilla del vecino -dice la doctora Blanco-. Esto encubre el problema, no ayuda."
"Otros han visto al papá y a la mamá tomando una píldora durante años y los imitan", agrega Kriguer.
Los hipnóticos o somníferos, dice el especialista, no son fármacos inadecuados siempre y cuando se los indique en la situación que corresponde. "Mucha gente los toma 10 o 15 años, empiezan los problemas de memoria, o de adicción porque si no tiene la pastillita no duerme."
El presidente de la Asociación Argentina de Medicina del Sueño señala que en la actualidad, además de terapias cognitivo-conductuales y un proceso de cambio de hábitos, existen fármacos no hipnóticos para tratar los problemas de sueño, muy eficaces.






