
El 45% de quienes sufren un infarto padecen depresión
La falta de ánimo perjudica la mejoría
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Antes y después de un infarto, en forma muy frecuente aunque ignorada se presenta otro enemigo: la depresión. "Un trabajo del doctor F. Lesperance sobre casi 900 pacientes infartados mostró que el 45% presentaba algún grado de depresión", explica el doctor Jorge Téllez Vargas, médico psiquiatra colombiano, presidente de la Federación Latinoamericana de Psiquiatría Biológica.
El especialista agrega que este estudio, publicado en la revista Circulation durante 2002, evaluó el estado anímico de pacientes recientemente infartados.
"Una depresión no aparece en dos o tres días -afirma Téllez-; por lo tanto estaban deprimidos antes de sufrir el infarto. Por otra parte, luego de un evento agudo, una internación o cirugía cardiovascular, el estado depresivo es un factor de riesgo de recaídas y mayor riesgo de mortalidad porque se relaciona con falta de ánimo para cumplir el tratamiento y, además, porque la depresión como enfermedad activa mecanismos biológicos que afectan la actividad cardíaca."
Téllez agrega que "distintos estudios muestran la relación entre depresión y el aumento de 3 a 5 veces del riesgo de mortalidad luego de un infarto o accidente cerebrovascular. La recuperación y rehabilitación de un paciente cardiovascular deprimido es más larga y complicada".
El problema, señala el médico, es que "los familiares, el paciente y hasta el médico creen que es normal estar deprimido luego de un infarto o un accidente cerebrovascular por motivos psicológicos, y así la depresión no recibe tratamiento -dice el especialista colombiano-. Hay que pensar que el corazón de esa persona se detuvo y que hubo una menor irrigación sanguínea en todo el organismo; también en el cerebro, que coordina todas las funciones. Hay un daño a nivel vascular, y por eso los cuadros depresivos pueden generar síntomas de demencia, además de apatía y problemas cognitivos y de memoria. Por eso, además de tratar los factores de riesgo cardiovasculares hay que evaluar el papel que juega en cada paciente la depresión. Está comprobado que tratarla mejora la adherencia al tratamiento cardiovascular".
Serotonina y corazón
"En la depresión -explica el psiquiatra- disminuye la biodisponibilidad de un neurotransmisor, la serotonina, y esto incrementa la agregación plaquetaria (ligada al riesgo de trombosis o coágulos). Por otra parte, esa alteración genera cambios en el tono autónomo del corazón, que produce taquicardias y aumento en sustancias que afectan la actividad cardíaca, por ejemplo, cortisol y colesterol."
Por si esto fuera poco, el paciente deprimido, agrega el psiquiatra, suele ser un fumador importante, debido a la ansiedad de sus síntomas. "Y el tabaquismo es un factor de riesgo muy claro para el infarto de miocardio y el accidente cerebrovascular (ACV)", puntualiza.
Uno de los principales problemas, señala Téllez Vargas, es que difícilmente el paciente con riesgo cardiovascular es indagado acerca de una posible depresión.
"Psiquiatras y cardiólogos no suelen trabajar en equipo, a pesar de la importancia que esto tendría -afirma-. Hoy en día existen antidepresivos muy seguros que, a diferencia de fármacos utilizados antes, mejoran los síntomas de depresión y al mismo tiempo contribuyen a disminuir los fenómenos de agregación plaquetaria y mejoran la frecuencia y variabilidad cardíaca, reduciendo el riesgo cardio y cerebrovascular. Tratar la depresión con antidepresivos serotoninérgicos y psicoterapia cognoscitiva disminuiría el riesgo y aumentaría las posibilidades de recuperación luego de algún evento cardiovascular."
No es necesario que la depresión sea severa y con síntomas muy contundentes (desgano, apatía, ideas suicidas, alteración del peso y el apetito, falta de voluntad) para que ese estado tenga impacto negativo sobre el sistema cardiovascular.
"También quienes sufren distimia, una depresión leve pero crónica, están en riesgo -dice Téllez-. Los distímicos son esos individuos que sienten que solamente a ellos les han tocado todos los problemas en la vida y es habitual que para calmar sus síntomas tomen alcohol o abusen de otras sustancias.
"El problema es que mientras los depresivos severos llegan a consulta por un intento de suicidio o una crisis grave, el distímico no suele recibir tratamiento de su depresión debido a la falta de diagnóstico. Es frecuente encontrar personas que nunca pensaban en estar deprimidos, que creían que su forma de ver la vida era un problema existencial y al cabo de un tiempo sufrieron un infarto."
Cirugía, memoria y cognición
- El doctor Jorge Téllez Vargas afirma que las cirugías cardíacas suelen desencadenar cuadros depresivos, con compromiso no sólo del estado de ánimo sino también de la memoria y la concentración. "Un by pass -explica el psiquiatra- implica detener momentáneamente el corazón, y esto puede generar una depresión como secuela, al haberse registrado un espasmo cerebral. El problema tiene tratamiento psiquiátrico y psicológico y puede mejorar. Las técnicas más modernas y menos invasivas, que no inmovilizan el corazón, tienen menor riesgo de secuelas depresivas."






