
El ABC de los alimentos funcionales
Qué aportan los probióticos, fitoesteroles, antioxidantes y ácidos grasos omega-3
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Aunque hablar de "alimentos funcionales" pueda tener cierto matiz futurista, se calcula que en un par de años representarán un tercio del mercado global de alimentos. Tal es así que la mayoría de nosotros ya los hemos probado: leches enriquecidas, yogures con probióticos o prebióticos, alimentos adicionadas con sustancias antioxidantes, aceites que bajan el colesterol "malo", entre otros.
La lista se amplía prácticamente a diario. Incluso, señala la doctora Graciela Vignolo, del Centro de Referencia para Lactobacilos (Cerela), ya están avanzadas las investigaciones realizadas en esa institución para que esos microorganismos también puedan ser incorporados a las carnes.
El rol que pueden llegar a desempeñar los alimentos en la prevención y hasta, por qué no, en el tratamiento de ciertas enfermedades, ha hecho que el concepto clásico de nutrición adecuada sea reemplazado por el de nutrición óptima, explica la licenciada Florencia Badano, nutricionista del instituto Deporte y Salud.
"Así como nutrición adecuada implica una alimentación que aporta los nutrientes suficientes para satisfacer las necesidades orgánicas, nutrición óptima incluye, además, la potencialidad de los alimentos para promocionar la salud, mejorar el bienestar y reducir el riesgo de desarrollar enfermedades. Y es precisamente en este ámbito donde aparecen los alimentos funcionales", añade Badano.
Efectos positivos
¿Cuáles son estos alimentos? Aquellos a los que se ha añadido o eliminado algún ingrediente, o cuya estructura química o biodisponibilidad de nutrientes se ha modificado. En otras palabras, alimentos modificados capaces de afectar positivamente funciones vitales del organismo.
Es importante aclarar que estos alimentos tienen la capacidad de prevenir algunas enfermedades, y sólo en contados casos tienen efectos terapéuticos. Algunas de las formas más comunes de estos productos son:
- Probióticos: son microorganismos vivos que al ser ingeridos ejercen un efecto positivo en la salud. Además de los microorganismos del yogur, incluye las últimas generaciones de leches fermentadas con diversas bacterias (L. acidofilus, L.casei).
- Prebióticos: sustancias que resisten la digestión y son fermentadas por la flora bacteriana del intestino grueso, teniendo un efecto favorable sobre la misma. Son diferentes tipos de fibras presentes en leches, yogures, flanes y margarinas.
- Acidos grasos omega-3: son ácidos grasos poliinsaturados que incide favorablemente en caso de riesgo cardiovascular y son fundamentales para el sistema nervioso central.
- Fitoesteroles: sustancias vegetales similares al colesterol humano, que ayudan a la absorción del llamado colesterol "malo" (LDL).
- Antioxidantes: las vitaminas E y C, los betacarotenos, el zinc y el selenio han demostrado tener propiedades antioxidantes. Reducen el riesgo de enfermedad cardiovascular y ayudan a prevenir procesos degenerativos que llevan a la aparición de ciertos tumores y a las cataratas.
Leches modificadas
Enriquecida con calcio y vitaminas A y D: restituye la presencia de las vitaminas que desaparecen al eliminarse la grasa. Ayudan a mantener sanos y fuertes los huesos.
Enriquecida con omega-3 y desnatada: es una alternativa interesante para asimilar este nutriente en personas con alergia al pescado (principal fuente de omega-3). Es un elemento que colabora con la prevención cardiovascular.
Enriquecida con fibra soluble y desnatada: el aporte neto de fibra no es significativo, pero el sabor de esta leche es mejor que el de otras leches descremadas, lo que facilita su consumo a sus principales beneficiarios: personas con problemas cardiovascular u obesidad.






