
El consumo vuelve tiranos a los chicos
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" Dame, comprame, traeme..." Asociado a la frenética carrera por el consumo, los especialistas de la Sociedad Argentina de Terapia Familiar (SATF) detectaron recientemente un problema cada vez más recurrente entre familias de clase media urbana, sobre todo en aquellas de mejor posición económica: el fenómeno de los niños tiranos. No cuesta mucho reconocerlos. Son esos chicos que exigen sin límites a sus padres y que no soportan un "no".
"La psicología de los ´70 planteó con insistencia la idea de privilegiar el deseo de los niños y la necesidad de evitarles frustraciones -afirma la licenciada Irene Loyácono, presidenta de la SATF-. Así, muy a menudo, la clase media ha criado pequeños tiranuelos, hijos que reclaman, demandan y piden de todo. Y si los papás dicen que no, se convierten en niños malos... Estos chicos crecen con la idea de que tener es su derecho, se sienten príncipes que merecen todo lo que reciben y no necesitan agradecer. Este estilo de crianza les hace mucho daño."
La licenciada Loyácono advierte que poner en manos de los niños el poder de pedir, aprobar o desaprobar a los padres implica otorgarles un arma que no saben usar y que tarde o temprano los hará sentir mal.
"Un chico demandante, lleno de berrinches y caprichos, no es un niño feliz, aunque los padres crean que diciéndole que sí a todo la pasará mejor", agrega la psicóloga, quien afirma que la felicidad infantil no se compone únicamente de los juegos, la diversión y una vida sin preocupaciones, sino también de la necesidad de aprender de la frustración.
"La frustración es parte de la vida, y en algún momento hay que enfrentarla -afirma Loyácono-. La baja tolerancia a la frustración en realidad es un déficit, y está ligado a la aparición de gran sufrimiento emocional y a conductas de cortocircuito. El riesgo es que un chico al que nunca se le dice que no luego no tolera sentirse frustrado, y esto puede dar lugar, más adelante, a debilidad, inmadurez, violencia, adicciones."
"El no de un padre frustra, pero también organiza: traza límites. Lo importante es que esos límites sean razonables, no autoritarios", agrega Loyácono.
El consumismo es directamente proporcional a la capacidad económica. "Porque se puede, en algunas casas se vive en términos de marcas y de nuevos productos -continúa Irene Loyácono-. Las conversaciones son en torno del acceso al consumo, la competencia es por quién tiene las cosas de última generación. Esto otorga muy poco sentido a la vida."
Pero esta carrera vertiginosa por tener se topa con la precarización de la economía.
Al compás de la crisis
"Aunque algunos pueden más, hoy la crisis toca a todos. Cuando hay inseguridad económica y por otro lado necesidad de consumir para sentir que uno ocupa un lugar, ese movimiento de pinza sobre las personas tiende a aumentar el sufrimiento, tanto entre los grandes como entre los chicos. Los chicos exigen cada vez más y los aspectos tiránicos se acrecientan", dice Loyácono.
Cuando en una familia los adultos no pueden evaluar críticamente la demanda de los menores -justificar la legitimidad de lo que los chicos piden- y en cambio intentan responder a todas sus demandas es lógico que la gente menuda viva esperando, incluidos gritos, llantos y exigencias, que todo le sea dado. Sin embargo, en algún momento (y esto siempre llega) los padres se cansan.
"Entonces, terminan generando un sentimiento de culpa en los hijos -agrega la psicóloga-. Sienten y les hacen sentir que se privan de mucho por darles todo y que ellos disfrutan a costa del sufrimiento de los adultos."
Para Loyácono es posible no depositar culpa en los hijos si dentro de la familia se toma como un valor importante el agradecimiento. "Agradecimiento es reconocimiento -dice-, y en este caso es permitir que el niño reconozca lo que recibe de sus padres."
Loyácono dice que hay dos palabras de mala prensa que se deberían rescatar: castigos y disciplina. "Cambiaría castigos por consecuencias -aclara-. La idea es que los chicos aprendan que lo que hacen tiene consecuencias y que si se comete una falta es razonable recibir un castigo. Claro que con dos condiciones: tiene que ser proporcional a la falta cometida y no a la rabia de los padres, y además debe ser breve. Por ejemplo, no mirar su programa de TV favorito."
Para la licenciada Loyácono el castigo disciplina. "No vivimos en un mundo donde estiramos la mano y tenemos comida -advierte-. Cierta disciplina es fundamental para ser eficaz. No es sinónimo de régimen militar sino de organización.
"El chico es un ser en expansión, que va probando hasta encontrar los límites. Los seres humanos no nacen hechos: se van haciendo en interacción con su medio familiar y medio ambiente. La familia es el lugar donde se crían y debe transmitirle las maneras de vivir positivas para la sociedad en la que está."





