
El desarraigo persigue a los que se van
Un estudio de la Universidad de Belgrano analiza los problemas de los argentinos que emigran
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Una encuesta del Centro de Opinión Pública de la Universidad de Belgrano realizada a sesenta argentinos que cursan estudios de posgrado en el exterior demuestra que incluso las personas que emigran de un modo privilegiado tienen dificultades y problemas a la hora de adaptarse al nuevo entorno y sufren las consecuencias del desarraigo.
A partir de una reciente encuesta de la consultora Giacobe & Asociados que reveló que el 62% de las personas consultadas manifestaba interés por irse del país, el Centro de Opinión Pública de la Universidad de Belgrano, que dirige el doctor Orlando D´Adamo, investigó los problemas que enfrentan los emigrantes argentinos, jóvenes profesionales, radicados en diversos países del extranjero.
La muestra comprende entrevistas a estudiantes de posgrado en universidades de España, Estados Unidos, Inglaterra, México e Italia.
"Aun personas que emigran legalmente, cuentan con un proyecto y una inserción ya garantizada y con la perspectiva de volver al país, tienen dificultades y problemas a la hora de adaptarse al nuevo entorno y sufrir las consecuencias del desarraigo", dice la licenciada Virginia García Beaudoux, coordinadora de Copub.
¿Qué puede pasarles entonces a quienes se van en peores condiciones, sin un trabajo seguro, sin un proyecto cierto, empujados por el creciente desempleo o, peor aún, por el desamor y el desencanto?
"En muchas oportunidades, las consecuencias que se enfrentarán no se tienen en cuenta cuando se toma una decisión tan trascendente como insertarse en una nueva comunidad con otros valores y costumbres -dice García Beaudoux-. El excesivo optimismo suele enmascarar las dificultades reales y no permite una adecuada ponderación de los riesgos y aspectos negativos para las personas involucrados en la emigración."
La encuesta se realizó vía e-mail y comprendió a jóvenes profesionales argentinos (50 por ciento varones y 50 por ciento mujeres) con una edad promedio de 27,6 años, y se articula en torno de cuatro ejes de análisis: los principales temores presentes en el proceso de emigrar, las características del proceso de desarraigo, el proceso de adaptación al nuevo ambiente y los factores fundamentales para que la experiencia de emigrar resulte menos traumática.
Con respecto al país de origen, los principales temores son, en su mayoría, de tipo afectivo y emocional; por ejemplo, a que se deterioren las relaciones personales que se dejan en el país, a extrañar a la familia y a los amigos y a no estar presentes cuando sucedan cosas importantes.
"En cuanto al país de destino, el temor más fuerte es a enfrentarse a lo desconocido y adaptarse a una nueva sociedad, a gente con otra idiosincrasia y otra cultura", dice García Beaudoux.
En palabras de los entrevistados: "Te da miedo no saber cómo será la gente en el nuevo lugar mientras uno sabe que deja atrás a mucha gente con la que tiene tantas cosas en común".
Quienes han viajado sin apoyo institucional para financiar su estada, manifiestan angustia de "fracasar" o "temor a tener que volver fracasado a mi país" por no haber podido cumplir con el proyecto propuesto y con las expectativas que se tenían, lo que significaría haber realizado un "enorme sacrificio para nada", según sus propias palabras.
La gran mayoría coincide en afirmar que el proceso de desarraigo es doloroso y difícil. Muchos afirman que "... aunque luego vuelvas, ya no hay posibilidad de completo retorno. Se tiene la extraña sensación de vivir para siempre en un espacio imaginado a mitad de camino... entre dos vidas".
Entre los obstáculos que dificultan la adaptación al nuevo lugar, uno de los más mencionados es el hecho de que la emigración fue forzada por problemas económicos o políticos.
En este sentido se argumenta que "la experiencia de vivir en otro país sólo se aprovecha si la decisión de emigrar no ha sido impuesta". También que "una cosa es irse con libertad de opción y otra cosa, obligado por las circunstancias".
Son numerosos los testimonios de entrevistados que consideran que para poder soportar el desarraigo es fundamental y clave tener una perspectiva clara de por qué se emigra: "Si uno decide irse tiene que tener claro por qué lo hace. Si es por razones económicas y se va en busca de un mejor nivel de vida, hay que tener en cuenta los costos en pérdida de afectos y costumbres".
También son difíciles de sobrellevar las diferencias entre las costumbres del nuevo lugar y las del país de origen en las que el emigrante se ha socializado, la dificultad para establecer vínculos personales con gente del nuevo lugar.
"Si los emigrantes entrevistados sufren consecuencias psicológicas, emocionales y sociales, esta tendencia será aún más pronunciada, crítica y conflictiva en aquellos que parten sin los papeles en regla, y con la sensación de que, quizá, su partida sea definitiva."
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