
El efecto Mozart
Si usted es uno de esos padres que gozan escuchando a Bach, se estremecen ante la sola idea de dedicar unos minutos del día a la Quinta , de Beethoven, o deciden invertir parte del sueldo en la puesta al día de la discoteca, ahora tiene una razón más para seguir haciéndolo.
¡Albricias! Según parece, el placer de la música ya no es solamente un lujo de los sentidos, sino una necesidad: según psicólogos norteamericanos, estimula el desarrollo cerebral infantil.
Todo comenzó en 1993, cuando Gordon Shaw y Frances Rauscher notaron que, después de escuchar una sonata de Mozart, un grupo de escolares obtenía mejores resultados en tests de razonamiento espacial -por ejemplo, rotar y comparar conceptualmente objetos en el espacio-.
En esas primeras pruebas, el efecto fue relativamente modesto -duraba sólo entre 10 y 15 minutos-, pero bastó para desatar el entusiasmo de quienes vieron en él una fórmula para incrementar rápidamente la inteligencia de los chicos. "La música clásica pareció una supervitamina : un poco difícil de tragar, pero muy buena...", cuenta Roberta Herschenson en un artículo para The New York Times.
El efecto Mozart llegó a las tapas de las revistas y encajó como un anillo en el dedo de los padres de la generación yuppie . (Un gobernador estadounidense hasta llegó a disponer que se entregara un cassette de música clásica a todo recién nacido del Estado). De modo que ahora los científicos quieren saber cuáles son, realmente, los efectos de la música en el cerebro. Para averiguarlo, analizan las respuestas de los bebes a las canciones de cuna, y observan las diferencias en el desarrollo de aptitudes mentales entre los niños que estudian música y los que no.
Un trabajo escrito por Lois Hetland, del Proyecto Cero -de la Universidad de Harvard-, asegura que los chicos que reciben lecciones de piano durante meses o años mejoran su performance en tests de razonamiento espacial hasta dos o tres años más tarde.
Observaciones hechas sobre miles de estudiantes universitarios permitieron comprobar que éstos obtienen puntajes más altos después de haber escuchado a Mozart, Schubert y Mendelssohn que a Philip Glass, por ejemplo. Los chicos de preescolar y primaria que reciben quince minutos semanales de educación musical muestran una diferencia muy marcada con los que no, particularmente en el caso de los que aprenden a leer música. Hay quienes aseguran que aprenden idiomas inusualmente rápido, otros que piensan que la inteligencia espacial abre las puertas del reino de las matemáticas y otros que proponen que -habiéndose comprobado que los bebes escuchan sonidos ya desde aproximadamente las 30 semanas de gestación- se los someta a sesiones intensivas de música clásica antes de nacer.
Sin embargo, la verdad es que no se sabe si la asociación entre música e inteligencia es resultado de la gimnasia mental o... pura casualidad. ¿O será que, como afirma una tradicional máxima, la música es el lenguaje de los ángeles ?







