El escenario, un espacio terapéutico

La obra, titulada "Contrastes", fue realizada por integrantes de los talleres expresivos de la asociación civil Sentimientos
Valeria Shapira
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18 de diciembre de 2001  

Domingo a la noche. Avenida Corrientes. Sala llena. Suena una canción que dice: "Las luces de Neón brillan en Broadway", aunque el espectáculo transcurre en el porteño Complejo La Plaza. Se llama "Contrastes" y es, quizás, un modo de enfrentar el se puede a lo que muchos sospechan imposible.

En la platea, pochoclo mediante, se puede escuchar: "Ahí está mi tío, es el segundo de la fila". Se puede vibrar con los artistas que lucen sombreros brillantes al ritmo de "All that jazz". Se puede aplaudir cuando llega la rumba. O embeber el alma de tango con "Se dice de mí".

De ellos, los protagonistas, puede decirse que son 33 actores y bailarines de la asociación civil Sentimientos -taller de desarrollo expresivo para personas con síndrome de Down-, haciendo algo que por estos días se desvanece tras la desesperación por la chequera y el default: disfrutar. Y hacer que otros disfruten de su arte.

"Estamos aquí para contarles que somos capaces de vibrar con la música, de liberar el cuerpo, de encontrarnos con el otro, de seguir una coreografía, de comprender un personaje. Somos capaces si nos dan el tiempo y la paciencia necesarios para poder hacerlo", dice antes que se abra el telón Gabriela Cacheiro, licenciada en psicopedagogía y psicología y coordinadora general de la asociación.

Sentimientos tiene como objetivo "lograr que las personas con síndrome de Down optimicen el desarrollo de sus capacidades, favoreciendo su plena integración social -agrega Cacheiro en diálogo con LA NACION-. Lo que se ve en el escenario no es terapia, pero la experiencia indica que resulta terapéutico". Es que, con estas actividades, "se producen cambios en la conducta y en el nivel emocional. Los chicos se liberan de ciertas inhibiciones, aprenden a contactarse con otros y mejoran su autoestima". Estos avances se trasladan a las familias: todo mejora cuando padres y hermanos se dan cuenta de que estas personas pueden hacer cosas solas y ser cada día un poco más independientes.

Desarrollo psicomotor

El síndrome de Down es producto de una alteración cromosómica que resulta en un retraso mental y en anomalías físicas. Según las estadísticas, ocurre en aproximadamente uno de 700 nacimientos.

En el taller, "trabajamos diferentes aspectos del desarrollo motriz, resaltando las capacidades de cada uno. La hipotonía muscular y las alteraciones en la coordinación que se observan en las personas con síndrome de Down se reducen con el trabajo corporal. La tarea y los avances son paulatinos, pero ya hace siete años que trabajamos y, en este espectáculo ya nos centramos en la concentración, es decir, en que los chicos puedan concentrarse en el escenario como verdaderos actores", afirma Andrea Doumanian, terapista ocupacional, instructora de movimiento rítmico expresivo y también coordinadora general de la institución que tiene por madrina a la primera dama, Inés Pertiné de De la Rúa.

El equipo también está integrado por Teresa del Castillo, estudiante de terapia ocupacional, y María Plazaola, profesora de tango y salsa.Trabajan a pulmón, con ayuda de los padres, y ahora reciben el apoyo del Instituto Nacional del Teatro y de la Federación Argentina de Empleados de Comercio y Servicios (Faecys).

Las actividades -sobre las que se puede recibir información en los teléfonos (011) 4775-4973 o 4773-3518- incluyen talleres de movimiento rítmico expresivo y técnicas de actuación, baile y coreografía, tango, milonga, salsa, merengue y pintura. Además, se brinda orientación psicológica y psicopedagógica para los chicos y su familia.

El trabajo se realiza puertas adentro, pero en la función del teatro de la avenida Corrientes se pueden ver sus logros. La concentración de los actores, por ejemplo, se percibe desde la platea.

En "Contrastes" están representados la noche y el día, la música y el silencio, la guerra y la paz. Cada uno despliega su personaje: el sol, la luna, los soldados, adueñándose sin inhibiciones del espacio en que se mueve. En el final, todos se abrazan. Es la escena en que el afecto derrota a la violencia. De algún modo, una lección para los que no creen -"por falta de información, o por miedo", dicen las coordinadoras- que aquí, cuando de contrastes se trata, sobre lo que se sospecha imposible siempre triunfa el se puede .

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