El estuario del Plata, bajo la lupa

Recibe unos 80 millones de toneladas anuales de arenas, limos y arcillas que arrastran el Paraná y el Uruguay
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20 de abril de 2011  

Alrededor de 80 millones de toneladas de arenas, limos y arcillas son arrastrados anualmente por los ríos Paraná y Uruguay, y conforman los sedimentos de uno de los estuarios más grandes del mundo. Si bien tienen gran importancia desde el punto de vista ambiental, sólo comenzaron a estudiarse en forma reciente. Desde 2008, un proyecto en colaboración entre el Instituto Francés de Investigación para la Explotación del Mar (Ifremer) y organismos de la Argentina y Uruguay ha permitido recolectar una gran cantidad de datos que permitirán, entre otras cosas, desarrollar herramientas de gestión para optimizar la actividad pesquera y el dragado del río con el menor costo ambiental posible, y controlar la contaminación en la región.

"El objetivo fue estudiar cómo se comportan los sedimentos finos, combinando observaciones directas y satelitales con modelos numéricos computacionales. El material más pesado [las arenas] decanta rápidamente, pero los sedimentos finos son transportados a lo largo del estuario", explica la doctora Claudia Simionato, responsable del Grupo de Investigaciones Oceanográficas del Río de la Plata y su Frente Marítimo, vicedirectora del Centro de Investigaciones del Mar y la Atmósfera (CIMA), del Conicet y la UBA, y una de las directoras científicas del proyecto.

Los sedimentos finos transportan contaminantes, en particular, metales pesados, que se adhieren a ellos y son llevados a la zona marítima, lo que se conoce como región de máxima turbidez, que coincide con la unión de las aguas oceánicas y las continentales. Allí, al aumentar la salinidad del agua, los sedimentos se depositan por un proceso físico-químico denominado floculación: las partículas se unen entre sí formando flóculos, o agrupamientos mayores, que decantan con más facilidad.

"En esa zona, las mareas y las olas vuelven a suspender los sedimentos que ya se habían depositado, y, de este modo, los contaminantes pueden ingresar a las cadenas alimentarias de los peces. Esta es, además, una región de desove y cría de varias especies de importancia comercial, como la corvina rubia, que es el mayor recurso de exportación pesquera de Uruguay", detalla Simionato.

La ribera sur, más afectada

Los sedimentos en suspensión, por un lado, protegen los huevos y las larvas de los peces de los predadores. Pero, por otro, condicionan el crecimiento del fitoplancton, la base de la alimentación de los cardúmenes. Según análisis de imágenes satelitales, los investigadores confirmaron que, a mayor presencia de sedimentos, que interfieren con la disponibilidad de luz, es menor la cantidad de clorofila. "La posibilidad de predecir la cantidad de sedimentos en suspensión puede contribuir a desarrollar modelos de protección pesquera de estas zonas críticas", destaca la investigadora.

Asimismo, los investigadores observaron que la concentración máxima de sedimentos suspendidos se ubica en la ribera sur del Río de la Plata, en la costa argentina, lo que se vincula con una mayor descarga de sedimentos del río Paraná con respecto al Uruguay. Además, la cantidad es mayor en invierno, "lo que aparentemente tiene que ver con un aumento de la intensidad del viento y de las olas, que remueven los barros del fondo", explica. También comprobaron que la presencia de partículas suspendidas se reduce aguas afuera de la Barra del Indio, a la altura de la Bahía de Samborombón.

Simionato destaca la importancia de desarrollar modelos numéricos operativos, "que son una herramienta fundamental, por ejemplo, en el caso de que se produjera el derrame de una sustancia contaminante, porque así se podría predecir el recorrido". Asimismo, en las operaciones de dragado de los canales de acceso a los puertos, este conocimiento puede servir para ubicar los sedimentos muy contaminados en lugares donde se muevan menos.

Instrumental valioso

El proyecto, financiado por un acuerdo entre el Fondo Francés para el Medio Ambiente Global y la Agencia Francesa para el Desarrollo con el Consorcio Comisión Técnica Mixta del Frente Marítimo-Comisión Administradora del Río de la Plata, con el aporte de más de un millón de euros, permitió la instalación de dos estaciones fijas de monitoreo: una, cerca de Punta Indio, y la otra, a la altura de la ciudad de La Plata, con instrumental para medir la temperatura, turbidez y presión del agua, así como para obtener datos de las mareas y las olas.

"La joya del proyecto es una boya oceanográfica que está ubicada en la zona de máxima turbidez", destaca Simionato. Cuenta con una estación meteorológica, y mide también la temperatura, la salinidad, el contenido de oxígeno y clorofila-a y la turbidez del agua. Con un sensor especial obtiene datos de la velocidad y dirección de las corrientes marinas a distintas profundidades.

La instalación de los equipos fue lo más costoso. El problema es mantenerlos en operación ahora que está finalizando el proyecto. Por ello los investigadores participantes están buscando financiación para que los instrumentos puedan seguir operando. "Teniendo la boya instalada, con los equipos funcionando, y gente formada, sería una lástima que se perdieran en el mar por descuido", subraya Simionato.

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