El juego de los chicos es cada vez más rígido y estereotipado

Los juguetes tecnológicos, dicen los expertos, pueden minar la espontaneidad
Los juguetes tecnológicos, dicen los expertos, pueden minar la espontaneidad
Valeria Shapira
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27 de agosto de 2001  

Permiso, por favor, pide el juego en las grandes ciudades del siglo XXI. Allí, su característico como si (como si un amigo fuese el doctor o una olla, un tambor) tambalea sobre un trompo que se detiene en parajes donde hay poco espacio para la fantasía.

"El juego está en crisis. El espontáneo, el libre (el más creativo), está atravesando una crisis profunda", afirma Hilda Cañeque, profesora en Ciencias de la Educación y autora de Juego y vida. La conducta lúdica en el niño y en el adulto . A los saltos, que no son precisamente de rayuela ni de otros juegos ancestrales, "el juego libre se encuentra afectado en calidad y en cantidad. Por un lado, demasiado intelectualizado (como se ve en los juegos de computadora). Por otro, sin sus lugares tradicionales, como la vereda o el potrero".

Acusa la misma edad que el homo sapiens. Estuvo siempre, desde el comienzo de la vida. "El juego es un hacer propio de la infancia. La escena que permite dar tratamiento a la angustia que necesariamente interviene para que el niño pueda devenir sujeto", explica Mónica V. Prandi, psicoanalista miembro de la Escuela de Orientación Lacaniana (EOL).

"Es la columna vertebral del mundo del niño, que jugando se relaciona con los otros, elabora sus conflictos y plantea preguntas", dice Ricardo Rodulfo, profesor titular de Clínica de Niños de la Facultad de Psicología de la UBA y director de la Fundación Estudios Clínicos en Psicoanálisis.

Si siempre estuvo, ¿qué es lo que, sobre todo en las grandes urbes, ha cambiado sus reglas ?

"Precisamente, está demasiado reglado. Y ha pasado a ser algo que sólo tiene valor en la medida en que puede ser vendido: los adultos inventan personajes (la mayoría aparece en la televisión) y los venden. Esto va en detrimento de otros juegos que implican niveles de libertad, profundidad, concentración y dedicación más intensos", dice Cañeque.

Objetos tentadores

No se trata de nada sofisticado. El juego libre y profundo es el que a veces se juega con la bolsa o el envoltorio del juguete de moda, con rollos de papel higiénico o arena de playa.

Entonces, ¿los juguetes tecnológicos, como los videojuegos, tienen la culpa de todo? "No, no tienen nada de negativo en sí -dice Rodulfo-. Son juegos que se añaden a los tradicionales. El problema no es el juguete sino que el chico se vuelva adicto o no tenga otras opciones".

El punto de conflicto reside, al parecer, en que "la actividad espontánea está muy bombardeada por diversas intervenciones del adulto. Algunas son positivas, como la de una maestra que utiliza el potencial del juego para transmitir mejor los conocimientos, y otras son negativas, porque se invade el campo del niño cuando se lo quiere transformar en un consumidor de determinados juguetes", advierte Rodulfo.

El juego, entonces, es estereotipo. Se vuelve monótono y repetitivo. "Pareciera que todos deben tener el mismo juego como condición para poder jugar. Y esto no es así. Los chicos juegan desde que nacen, y lo hacen con diferentes objetos".

Para Prandi, "vivimos en un tiempo donde la ciencia y la técnica han multiplicado los objetos y esto incide en el modo de gozar. La ley del mercado se encarga de que los objetos no falten, que estén siempre allí, listos para ser alcanzados, consumidos".

Otro fenómeno de la época es que "los adultos intervienen demasiado en las actividades que se organizan, por ejemplo, los fines de semana en los countries, donde los chicos tienen todo coordinado por los mayores en lugar jugar solos con amigos", afirma Rodulfo.

Desde temprana edad, el niño toma de los otros palabras con las que construye el juego. El de las visitas, el de armar una torre con cubos, el de decir monosílabos.

"En nuestra clínica observamos que hay un funcionamiento más emblemático de las palabras, más rígido -dice Prandi-. Un modo de gozar en juego que plantea cierta dificultad para equivocar esas significaciones, lo que afecta la capacidad lúdica".

El juego es, en gran medida, una garantía de salud. "Si juega, aunque tenga fiebre, eso es importante", suelen decir los pediatras cuando el mercurio amenaza traspasar los límites del termómetro. Por el contrario, "una inhibición marcada en el juego debe llamar la atención. Si se inhibe el juego se está inhibiendo lo que para Winnicott es nada menos que el facilitador del crecimiento y la fuente de producciones culturales", dice la psicoanalista Daniela Citino.

¿Cómo abrir, entonces, la puerta para ir a jugar? "El punto clave es que los adultos dejen espacios para que los chicos jueguen. Que los acompañen, sin invadirlos y que no elijan la opción de prender la tele para entretenerlos."

En tiempos de inseguridad callejera resulta difícil recuperar la vereda. Sin embargo, dicen los expertos, vale la pena buscar alternativas de encuentro de los chicos con sus amigos. Y pensar que lo que está de moda, lo que parece diferente, puede ser el verdadero estereotipo .

Permiso, por favor, pide entonces el juego libre. Para experimentar su como si sin que nadie le explique cómo hacerlo.

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