
Hallaron más de 2200 momias incas
Habrían sido enterradas entre 1480 y 1535, precisamente el período en que el imperio inca alcanzó su máximo esplendor
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LIMA, Perú.- Flanqueado por una treintena de periodistas y de lugareños, el arqueólogo peruano Guillermo Cock recorre las calles de tierra de la villa de emergencia Túpac Amaru, situada en las afueras de esta ciudad, señalando a su paso los sitios donde recientemente su equipo de arqueólogos desenterró los restos de más de 2200 momias incas.
De repente, Cock detiene su marcha y se agacha para recoger del árido suelo un pequeño trozo de tela sucia, aparentemente insignificante. "Este tejido perteneció a una momia inca", dice y prosigue su marcha.
La riqueza arqueológica de este paraje es inigualable: bajo nuestros pies descansa uno de los dos cementerios incas más grandes excavados a la fecha. Los científicos estiman que en las ocho hectáreas que ocupa este barranco ubicado al pie de dos pequeñas colinas se encuentran enterradas más de 10.000 personas que murieron entre 1480 y 1535, período en que el Imperio Inca alcanzó su máximo esplendor.
Tareas de rescate
Las tareas de rescate comenzaron en 1999, diez años después de que familias humildes provenientes de las tierras altas de Perú bajaron a este barranco escapando de Sendero Luminoso. Hoy son más de 1200 las familias que viven en el barrio joven -así llaman los peruanos a las villas de emergencia- Túpac Amaru, que se levanta sobre el sitio arqueológico apodado Puruchuco-Huaquerones.
Cuando Willy Cock y sus colegas abrieron las primeras zanjas se encontraron ante un panorama desolador. Los 150 mil litros de agua sucia que los lugareños vierten cada día en el suelo (Túpac Amaru carece de cloacas y de agua corriente) habían hecho su trabajo: "El daño era tremendo -recuerda Cock-, algunas de estas momias, que habían permanecido intactas durante cinco siglos gracias a la sequedad del suelo, estaban empezando a pudrirse por la humedad".
Fue el temor a la destrucción de los enterratorios incas aún no corrompidos por el agua el que llevó a este arqueólogo peruano de 48 años, egresado de la Universidad de California en Los Angeles, Estados Unidos, a encarar una tarea de rescate monumental, pero bastante poco convencional.
"Sólo pudimos excavar en las calles y en la plaza de la escuela -cuenta Cock-. Uno de los problemas principales fue la insalubridad: imagínese cómo se trabaja en una zona donde no hay cloacas. Los pobladores de Túpac Amaru se han adaptado a estas condiciones, pero nosotros no: sufrimos problemas digestivos, infecciones en la piel y muchas otras afecciones mientras excavábamos."
Allá por octubre de 2000, cuando promediaba la primera campaña, los arqueólogos comandados por Willy Cock hicieron un hallazgo que les heló la sangre. "Al desenterrar el primer fardo funerario con cabeza falsa (contiene de una a siete momias y posee una protuberancia en la parte superior que simula una cabeza humana) nos dimos cuenta de que había zonas aún más profundas por debajo de las que habíamos excavado hasta ese momento -recuerda-. Sentí pánico y derrota al saber que nos íbamos dejando detrás nuestro lo mejor."
Por aquel entonces, los fondos con que contaban para llevar adelante las tareas de rescate se habían agotado. Cock decidió recurrir a la National Geographic Society en busca de nuevo financiamiento, y lo obtuvo: la organización aportó el dinero necesario para llevar adelante otras diez semanas de tareas de rescate en 2001.
Una visita al laboratorio
A pocos kilómetros de Túpac Amaru, ya en Lima, se encuentra el laboratorio de Willy Cock. Las tres plantas de este pequeño edificio cobijan 914 cajas de cartón en las que los arqueólogos han guardado los aproximadamente 60 mil objetos incas -cerámicas, textiles, elementos suntuarios de cobre, bronce y madera- hallados en el cementerio; en varias habitaciones del edificio descansan las momias.
Nuestra guía por los abarrotados pasillos del laboratorio es Elena Goycochea. Esta licenciada en arqueología de la Universidad Nacional de Trujillo, mano derecha de Willy Cock, nos conduce al primer piso del edificio hasta una habitación cuyas paredes desbordan de vasijas incas. En el centro del recinto, extendida sobre la mesa, descansa la que han dado en llamar la "señorita".
Con la paciencia de quien lleva años trabajando con los frágiles recuerdos del pasado, Goycochea abre las mantas que recubren el fardo funerario y retira luego varias capas de algodón, descubriendo primero el rostro de la señorita, luego las manos cruzadas sobre su pecho y finalmente a los dos bebes que descansan a sus pies.
"La señorita murió a los veintitantos años y hay signos en sus dientes que sugieren que habría sufrido alguna forma de desnutrición; la manera en que yace, acostada y no en posición fetal como dictaba el rito funerario inca, nos hace pensar que debió haber sido enterrada durante los primeros años de la conquista de los incas en mano de los españoles -cuenta Goycochea-. En cuanto a los bebes, todavía no sabemos cuál es el vínculo con la señorita; quizás hayan sido sus hijos."
Actualmente, trabajan aquí cinco antropólogas físicas. "Uno de los puntos centrales es develar cuál es el parentesco que une a las momias que fueron enterradas juntas -comenta Cock-. Pensamos que las personas de alto rango eran enterradas junto a las personas que las servían."
Otra incógnita es el gran número de bebes que aparecen enterrados en fardos junto a individuos mayores. "Hemos observado en los niños que hay síntomas de malnutrición, pero no debida a la falta de alimento (que abundaba), sino asociada a infecciones estomacales. Los virus y las bacterias traídos por los europeos habrían llegado a Perú incluso antes que los mismos europeos; habrían bajado a esta región desde Panamá, a través del contacto de los europeos con las distintas poblaciones indígenas que comerciaban con los incas."
El trabajo que espera al equipo de Willy Cock es quizás aún más grande que las tareas de rescate. Pero la clasificación y el estudio de los casi 60 mil elementos funerarios y de las más de 2200 momias desenterradas en Túpac Amaru no amedrentan a este arqueólogo, sino todo lo contrario.
"Nos llevará años analizar nuestros hallazgos -reconoce Cock-. Esperamos ver el Imperio Inca de otra manera y ésta es una oportunidad única de estudiar un período que es famoso, pero poco conocido."
Documental
- El hallazgo de las miles de momias incas ha sido documentado por las cámaras de televisión. Este material formará parte del programa "Momias incas: secretos de un imperio perdido", que el National Geographic Channel emitirá el domingo 19 de mayo.






