
"La dieta mediterránea no está indicada para adelgazar"
Es un plan sano y equilibrado, pero no reducido en calorías
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NEUQUEN.- Está basada en alimentos que contienen grasas buenas, mejora el funcionamiento intestinal y el metabolismo óseo, protege contra algunas formas de cáncer, realiza un altísimo aporte de antioxidantes (que mejoran el sistema inmune y demoran el envejecimiento) y, por si esto fuera poco, disminuye el deterioro cognitivo.
Pero, ¿también adelgaza?
"No. La dieta mediterránea es isocalórica, se ajusta a las necesidades de calorías del individuo. Es poco obesogénica, es decir, poco inductora de obesidad. Pero no es para adelgazar", advierte el doctor Lluis Serra Majem, médico catalán que preside la Asociación Internacional para el Desarrollo de la Dieta Mediterránea ( www.dietamediterranea.com ) y es catedrático de Medicina Preventiva y Salud Pública de la Universidad de Las Palmas, en las Canarias.
Serra Majem visitó esta ciudad, donde participó del Congreso Internacional de Alimentación y Sociedad.
-¿Entonces no existe, como se promociona, una nueva dieta mediterránea que adelgaza?
-Adelgazar es cuestión de reducir calorías y aumentar la actividad física. Pero ése no es el objetivo principal de la dieta mediterránea. Además, no es nueva, pero sí se ha adaptado a las circunstancias del mundo moderno. Hay comercios de comida rápida mediterránea, donde se puede elegir sándwichs de pan integral, quesos, ensaladas.
-¿Entonces, una alimentación sana puede ser una buena propuesta para la industria?
-Por supuesto. Lo es. Ofrecer productos sanos y a precio razonable es un mercado en expansión. La dieta mediterránea es rápida y variada. Se pueden servir bocadillos y tapas.
-¿Snacks mediterráneos?
-Sí. Por ejemplo, unos garbanzos, un potaje de verduras, algunas frutas secas y un puñado de aceitunas. Es mejor que andar metiendo las manos en productos llenos de sal y de grasas... Las frutas secas son ricas en minerales y vitaminas, en proteínas y grasas buenas. Y se fomenta también el consumo de frutas como snacks, que además son el postre de elección de la dieta mediterránea. Contienen nutrientes y sustituyen a los postres habituales.
-¿Existe preocupación en Europa por el avance de la obesidad?
-Claro. La mayoría no percibe su propio riesgo. La gente no adelgaza para estar más sana, sino para verse mejor. No se percibe el entorno obesogénico, el aumento de las porciones, que pasaron, por ejemplo, de pochoclos de 170 a 1700 calorías. Se sabe cómo cuidarse, pero hay mucha confusión: la pérdida de la cultura culinaria, la publicidad, el incremento de la oferta alimentaria, el aumento de las comidas fuera del hogar. Y está demostrado que cuanto más se come afuera, más se tiende a la obesidad.
-¿Es compatible la forma de vida actual con la dieta mediterránea?
-Totalmente, siempre y cuando tengamos en cuenta algunos aspectos. Por ejemplo, muchos platos de la cocina mediterránea requieren de preparación en el acto. No podemos congelar una paella, o las pastas y el arroz, que se hacen inmediatamente, pero las legumbres, la carne con salsa, las albóndigas, todos estos productos se pueden preparar antes y conservar sin ningún problema.
¿Un modelo universal?
Serra Majem dijo que esta dieta es resultado de un mestizaje cultural en el que influyeron todos los pueblos que vivieron en el Mediterráneo, "incluida también América -dijo-, porque el tomate, protagónico de esta dieta, proviene de allí."
La sistematización de esta manera de alimentarse, en realidad, surgió del "Estudio de los siete países".
"El año pasado, a los 100 años, falleció en Minnesota, EE.UU, Ancel Keys, que junto a su esposa, Margaret, de 95 años, veraneaba en un pueblo del sur italiano donde vivían muchos ancianos en perfecta salud -recuerda el médico catalán-. Fue Keys quien propició este estudio, que durante la década del 60 analizó los hábitos alimentarios de los EE.UU, Japón, Finlandia, Holanda, Yugoslavia, Italia y Grecia. La investigación mostró que Grecia (especialmente Creta) y el sur de Italia tenían la menor tasa de enfermedades cardiovasculares y la mayor expectativa de vida."
Serra Majem dijo también que ciertos alimentos, como por ejemplo el pescado, no se consumen por igual en toda Europa. "Sí en España, que se ubica luego de Japón, el principal consumidor del mundo, y esto es bueno porque además de combatir los males cardiovasculares, mejora la depresión."
La carne roja se come poco, generalmente como parte de un plato mayor (por ejemplo, la salsa de una pasta o albóndigas), y una de las bondades principales la constituyen los condimentos, "el ajo, la cebolla, las especies -afirmó-, que además de dar sabor y favorecer la conservación de los alimentos, son beneficiosos".
La actividad física es importante, pero no sólo en el ocio sino en lo cotidiano, en los desplazamientos habituales. ¿Y el vino? "Es tabú en salud pública -dijo Serra Majem-. Pero su consumo moderado es bueno para prevenir la enfermedad coronaria. Tiene una acción parecida a la del aceite de oliva. Se recomiendan de una a tres copas para los hombres y de una a dos para las mujeres. En Europa, desde chicos, nos ?tiñen´ el agua con una gota de vino. Mi abuela nos daba pan con vino y azúcar. Hay una educación desde la infancia. Y pienso que es la prohibición, en verdad, la que trae los problemas."
Los infaltables
- Aceite de oliva y aceitunas
- Carnes rojas y blancas (pollo y pescado)
- Frutas y hortalizas
- Frutas secas
- Huevos
- Lácteos y derivados
- Legumbres
- Miel
- Pan
- Arroz, fideos y otros cereales
- Vino tinto






