
Las dietas tradicionales son más efectivas y saludables
Lo afirma un estudio sobre planes alimentarios que se publicará en Obesity Research
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"No news, good news." En el mundo occidental, donde más del 50% de las mujeres ha recurrido a una dieta y el índice de recaída en los individuos que se someten a un régimen de adelgazamiento oscila entre el 60 y el 90%, la expresión sajona que adjudica buenos augurios a la ausencia de novedades adquiere hoy una extraordinaria vigencia: según un trabajo de revisión de planes de reducción de peso, impulsado por el gobierno de los Estados Unidos, los programas moderados y a largo plazo resultan más saludables y efectivos que aquellos que, en los últimos años, encabezaron titulares prometiendo beneficios instantáneos y alimentando ilusiones de delgadez eterna.
El trabajo, que será publicado en marzo por la revista Obesity Research, fue realizado por el Center for Nutrition Policy and Promotion del Departamento de Agricultura estadounidense. Sugiere, entrelíneas, abandonar las dietas disociadas, las relámpago y las que inspiradas en otros fenómenos o satélites del cosmos -la luna, por ejemplo-, que no pueden contra los genes y los factores psicológicos que influyen en la continuidad de los planes alimentarios.
Con uno de cuatro habitantes obesos y el 60% de la población con sobrepeso, los norteamericanos tienen razones para trazar caminos que les permitan adelgazar sus estadísticas. Sin embargo, hay una pregunta que excede sus fronteras: aun eligiendo las propuestas tradicionales, ¿por qué fracasan las dietas?
Según los especialistas en nutrición, la respuesta es compleja e implica algunas aclaraciones previas.
En principio, no es lo mismo obesidad que sobrepeso. Existe una ecuación para medir ambas condiciones, el índice de masa corporal (IMC), a partir del cual se evalúa el riesgo para la salud del paciente.
En cualquier caso, el exceso de kilos es peligroso y, como es sabido, se asocia a la hipertensión, la hipercolesterolemia o la diabetes.
Sin embargo, el trabajo norteamericano también se refiere a las dietas que eligen las personas obsesionadas por bajar sólo dos, tres o cinco kilos. En este punto, hay datos que explican por qué es difícil hallar una explicación al fracaso: "En el verano, las dietas populares llevan a la pérdida de peso. Pero descender algunos kilos no es sinónimo de mantener el peso alcanzado", dice el reporte, realizado por el área de nutrición del Departamento de Agricultura de los Estados Unidos.
Desde los años 80, cuando los médicos observaron que el sometimiento a regímenes que ofrecían soluciones milagrosas no siempre resultaba beneficioso, comenzaron a hablar del efecto yoyó para definir los ciclos constantes de pérdida y ganancia de peso. "Para que una dieta sea exitosa y equilibrada, debe incorporar un 55-60% de hidratos de carbono, un 15-20% de proteínas y no más de un 25% de grasas. Además, no existe una medida exacta de calorías diarias. Todo depende de cada paciente. En la Argentina, esto generalmente no se cumple, y la alimentación tiene abundantes grasas", explicó la doctora Rosa Labanca, docente adscripta a la cátedra de Nutrición de la Facultad de Medicina de la UBA.
Según el nuevo informe, además de fracasar, las dietas disociadas que invitan a la gente a comer un alto porcentaje de grasas (carnes, básicamente) y pocos hidratos de carbono no son nutricionalmente adecuadas y aún deberán ser evaluadas a largo plazo para determinar su impacto en la salud.
Un artículo publicado recientemente por The New York Times registra el descontento de los defensores de las dietas disociadas: "El gobierno quiere ratificar sus recomendaciones de los últimos 20 años. Siempre la misma propaganda low-fat (baja ingesta de grasas)", dijo Colette Heimowitz, del instituto del doctor Atkins, promotor de las dietas disociadas.
Con algunas variaciones, la pirámide alimentaria tradicional sigue siendo la base de una alimentación saludable. Otra de las variaciones mínimas es "subir la cantidad de proteínas en las personas que necesitan bajar de peso, pues se estima que esto provoca mayor saciedad. De todos modos, el plan debe ser diseñado por un especialista", afirmó Labanca.
La inconstancia, el sedentarismo, los programas poco personalizados y la subestimación de la predisposición genética a la obesidad proporcionan más elementos a la respuesta sobre por qué fracasan las dietas. Por otro lado, los resultados del reciente estudio Consumer Attitudes to Food, Nutrition and Health, que involucró a 14 mil europeos, demuestran que el 80% de las personas piensa que comer sano requiere grandes esfuerzos. Para los especialistas, esta percepción sólo se sustenta en un mito que se debe desterrar en la búsqueda de respuestas a un problema que cada día tiene más peso en la sociedad occidental.
Educar desde la infancia
Las sociedades científicas más prestigiosas del mundo, como la American Heart Association, adhieren a los planes alimentarios que apunten a mantener una dieta equilibrada a largo plazo. En diversos países, y principalmente en los Estados Unidos, las autoridades están realizando planes educativos en las escuelas para detener la obesidad. El Departamento de Agricultura estadounidense desarrolló un plan preventivo para la infancia partiendo de un dato alarmante: sólo el 2% de los chicos de ese país realiza el plan propuesto por la tradicional pirámide alimentaria.





