
Los antropólogos facilitan al público el acceso a la salud
Mejoran el diálogo médico-paciente
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En los hospitales públicos no sólo hay médicos, enfermeros, kinesiólogos, psicólogos y dentistas. También los antropólogos cumplen una función. Desde 1985, en la ciudad de Buenos Aires existe espacio para la participación de estos profesionales en equipos multidisciplinarios.
"Cuando esta experiencia comenzó, nuestro papel en la gestión de salud no estaba claro, porque si bien nuestro trabajo se construye a partir de modelos teóricos y metodológicos, depende de la inserción en cada ámbito particular y del perfil de cada hospital", relata el licenciado Gustavo Iribarne, integrante del Centro de Salud Nº 24, dependiente del hospital Piñero, situado en el barrio Ramón Carrillo, donde se reubicó a los antiguos habitantes del demolido Albergue Warnes.
Una de las tareas que encaran los antropólogos es la docencia. Les aportan a los residentes de los centros de salud una perspectiva sociocultural para entender las características particulares de la comunidad. Les explican, por ejemplo, la mejor manera de presentarse en una casa, qué es lo que conviene hacer y lo que se debe evitar, cómo formular preguntas y de qué forma interpretar las respuestas.
También instruyen a grupos de estudiantes que, en muchos casos, se acercan por primera vez a un barrio precario. Les proporcionan herramientas conceptuales y vivenciales, y los ayudan a superar los prejuicios que puedan arrastrar.
Traductores culturales
La licenciada Elena Beatriz Calvo integra el Area Programática del hospital Piñero, ámbito que elabora las estrategias sanitarias. "La labor de los antropólogos -dice- es hacer de traductores entre la comunidad y los equipos de salud. Su función es encarar la articulación entre los dos mundos. En este sentido, es fundamental investigar acerca de las concepciones y el accionar de la población frente a la enfermedad."
Una de las misiones principales de los antropólogos es indagar por qué motivos las personas no concurren al hospital o al centro de salud. Según la licenciada, su tarea no se limita a las razones que explican la ausencia del público, sino que se vuelca hacia la institución misma.
Es decir, estudian qué pasa en el sistema de salud e intentan descubrir los procesos de exclusión que alejan a los virtuales pacientes. Por ejemplo, las situaciones donde la gente se ve sometida a maltratos y actitudes prejuiciosas. Examinan la manera en la que el médico construye el proceso de atención y, en este contexto, prestan atención a las dificultades para la comprensión entre el facultativo y el paciente. "El usuario no maneja el lenguaje médico. Es importante entender su forma de pensar y descubrir cómo interpreta lo que recibe del hospital. Es frecuente ver, por ejemplo, alguien que termina de ser atendido y permanece en el hall del hospital con un papel en la mano: no sabe lo que tiene que hacer, y vuelve a su casa sin completar el proceso de atención", relata la licenciada Calvo.
Participación comunitaria
Iribarne destaca que es esencial facilitar el acceso de la población al sistema sanitario, tanto en el sentido geográfico como en el económico. Para alcanzar este objetivo, los centros de salud promueven la participación comunitaria, que funciona sobre todo en programas concretos donde algunos vecinos trabajan en conjunto con los profesionales.
Estos equipos organizan talleres sanitarios en las escuelas y jardines de infantes valiéndose de una obra de títeres como elemento motivador. Cada cuatro meses, los profesionales visitan los comedores del barrio, donde pesan y miden a todos los chicos para detectar desnutrición y trabajar con las familias.
También desarrollan reuniones semanales con un grupo de alumnos de sexto y séptimo grado para abordar distintas temáticas.
Sin embargo, últimamente, la situación socioeconómica dificulta la concurrencia de las familias a los centros de salud barriales. Y el recrudecimiento de la violencia también influye en la atención que se puede brindar: por razones de seguridad hubo que restringir los horarios de atención.
"Antes, el equipo del centro de salud tenía una especie de salvoconducto tácito para circular por la zona. Ahora ya no es así. Para un antropólogo es indispensable estar en contacto directo con las familias, ir a sus casas. Hoy salimos a riesgo de nuestra propia integridad física", relata Iribarne.
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